Un mazazo que acentuó evidentes problemas y que atrajo fantasmas

El seleccionado argentino se mantuvo en el cuarto puesto, pero lo acechan las dudas y las escasas reservas anímicas en una etapa decisiva
ROSARIO.? Se buscaron certezas, precisiones, un envión en el tramo final de las eliminatorias, pero el resultado heló la sangre como un frío aguacero. Tiritante, acaso afiebrado y aturdido, quedó el cuerpo argentino por un presente de alta temperatura y por un futuro preocupante. La Argentina aún se siente a resguardo por los resultados que lo favorecieron desde otras latitudes, pero habrá que ver cómo asimila el golpazo que Brasil le dio en el mentón, ya con la pulseada con Paraguay, en Asunción, a la vista.

Nació desde las tripas el operativo revancha. O venganza. O disculpas. Desde el rincón más visceral que pueda imaginarse. Durante años, salvo episodios muy puntuales, la relación entre la selección y los hinchas ha oscilado entre la tirantez y un tibio entusiasmo. Cuando canchallena.com preguntó en qué situación creía que estaba la Argentina en las eliminatorias, la suma de los rubros "comprometida" y "muy preocupante" superó el 65%. Y, a la distancia, la gente acertó. El equipo estuvo otra vez bajo la lupa. Y nada menos que ante Brasil. La intolerancia, siempre atada a los resultados, se manifestó en un silencio que resquebrajó el sentimiento. Arroyito enmudeció de preocupación. El partido contra Kaká y Cía. tenía una trascendencia inédita: los jugadores, casi en una causa nacional, como definió Maradona, no podían fallar, aunque... Ellos sentían que rápidamente se instalaría la incertidumbre si pasan los minutos en cero; sin embargo? ni que hablar con los mazazos brasileños. Impiadosos, uno tras otros.

La condición ideal de un equipo siempre se da cuando se siente desafiado y no relajado. Retados por las dudas, avergonzados por la desconfianza popular que los metió en problemas y los puso a prueba, los jugadores argentinos necesitaban reivindicarse. No pudieron. No lo hicieron. Estaban en apuros. Quizá, el primer guiño cómplice llegó desde lejos, cuando el plantel supo que Colombia y Perú, como locales, habían derrotado y postergado la escalada de Ecuador y Uruguay, los inmediatos perseguidores. Al menos, el cuarto puesto estaba a salvo. Fue la única señal positiva que depararía la noche.

Precisamente, los otros resultados no hicieron más dolorosa la caída frente a los brasileños. La Argentina sigue en la cuarta posición. Nada cambió. Claro que una óptica distinta agrega otro enfoque: el conjunto dirigido por Maradona no tomó una distancia que hubiese resultado tranquilizadora respecto del puesto de repechaje. Se entiende la frialdad de un público teatral. De nuevo, casi igual que en el lejano y criticado Monumental. Quedó a la vista: el problema no fue el estadio. Lejos estuvo de serlo. El equipo no transmite confianza ni enciende el sentir. No entrelaza los corazones con un juego tan híbrido. Los resultados no se dan y la distancia entre un plantel y su gente se agiganta.

Nadie quiere mencionarlo, pero los espectros revolotean por ahí, con el acecho de ecuatorianos y colombianos. Se advierte la tensión entre gestos, palabras, incluso aquellas que, por lo bajo, se pronuncian entre susurros. Son horas en las que el factor anímico se materializa como un adversario más, acaso el de los músculos más tonificados, el de la técnica más depurada. ¿Cómo afrontar el desafío con Paraguay? ¿Cuánta reserva anímica queda? ¿De qué manera se recuperará un juego confiable? Por ahora, todas las respuestas se resumen en puntos suspensivos.

La pujanza del esfuerzo y la trascendencia de la rebeldía estuvieron a prueba para espantar los fantasmas. La materia quedó pendiente. Lo que define a la vitalidad de alguien que aspira al protagonismo es el carácter, la fortaleza que muestre en los momentos extremos. Hace un tiempo que este plantel se siente en deuda y anoche estaba obligado a reaccionar. Sí o sí. Debía resolver la presión, los miedos. "Vamos a darle una alegría al país", confesaba hace algunas horas, en una charla privada, un histórico. Quizá con un nacionalismo extremo. Pero está claro que la bronca y la vergüenza no fueron el combustible más potente hacia la reparación. El estado de urgencia quedó declarado. El sueño de Sudáfrica se mantiene latente. Lejos queda de desvanecerse. Sólo que transcurren los días y aquel equipo fiable y temperamental que cada uno esperaba aún no da señales de vida.

* Dos durísimas caídas en un 5 de septiembre

El equipo argentino sufrió otra derrota histórica en las eliminatorias y el capricho del destino la ubicó en el calendario en el mismo día de aquella tan dolorosa... Fue también un 5 de septiembre cuando el conjunto celeste y blanco cayó con Colombia por 5-0, en 1993, camino al Mundial de EE.UU. Transcurrieron 16 años. Justo en el mismo círculo rojo en el almanaque.

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