Los mayores desafíos vienen de la política

Por Javier González Fraga

La economía argentina enfrenta diversos desafíos en los próximos dos años. Desde el exterior llegarán vientos moderadamente favorables, pero la recuperación mundial en 2010 será muy suave y, probablemente, corta. La razón es que la austeridad del primer mundo afectará mucho más a los productores de materias primas industriales que a los países esencialmente agrícolas y agroindustriales. A la Argentina ese contexto la encuentra con una cosecha, fundamentalmente de soja, que podría superar los 80 millones de toneladas. También ayuda que sus principales socios comerciales, Brasil y China, probablemente estén entre los países de mayor crecimiento.

A su vez, la política económica de este año se ha caracterizado por perseguir algunos objetivos ortodoxos mediante herramientas muy heterodoxas. Por eso convivimos con una situación fiscal y de reservas mejor que la esperada, pero en el marco de un clima de negocios muy malo, que se traduce en una fuerte caída de la inversión reproductiva. Se han alejado los fantasmas de devaluación y de default y la ecuación macroeconómica parece razonablemente saludable. Y últimamente se han producido gestos de acercamiento al mundo, incluso al FMI, que modifican la tendencia al aislamiento financiero que se había impuesto desde comienzos de 2006.

Paradójicamente, la derrota del 28 de junio tiene influencias positivas en la economía, porque los empresarios más pesimistas ahora creen "que es sólo cuestión de ponerse el casco y aguantar un par de años". Si bien no hay inversiones, tampoco hay cierres de empresas ni ventas a precios de remate.

Por esos motivos no es imposible volver a niveles de crecimiento de 3 o 4% en 2010, especialmente si el Gobierno mantiene el gasto público en estos niveles. Pero si no se abren los mercados voluntarios de crédito, los compromisos fiscales pueden deteriorar el nivel de reservas del BCRA y romper el incipiente clima de mayor confianza en los mercados financieros. Para sortear estas dificultades, es necesario, además de avanzar con las negociaciones con el Club de París y los bonistas, llegar a un acuerdo con el FMI. La principal dificultad para el FMI sigue siendo la baja credibilidad del Indec, y para el Gobierno siguen teniendo un alto costo político las recomendaciones del Fondo.

Las cuentas fiscales muestran un significativo deterioro, especialmente a nivel provincial, lo que obligará al Gobierno a aumentar las transferencias para gastos corrientes. Dado el alto nivel de presión impositiva, no queda otro remedio que seguir eliminando subsidios y aumentando tarifas, lo que generará reacciones de los sectores medios.

El deteriorado clima de negocios, agravado por el conflicto con el campo y con los medios, explica la caída de la inversión, lo que frente a un aumento de la demanda generará mayor presión inflacionaria. Esto afectará los ingresos reales, y ante la pérdida de empleo y de horas extras generará tensiones sociales. Tendremos muchos más conflictos gremiales, agravados por la competencia sindical y la percepción de debilidad política del Gobierno.

En este contexto, las mayores incógnitas de 2010 no provienen de la economía, sino de la política y de las duras confrontaciones sociales y sindicales que nos esperan como resultado de las internas del peronismo.

El autor es economista

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