Máxima intolerancia

Por Nelson Castro

“No escuchan” es lo que el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le decía a un dirigente político, a quien respeta, hace algunos días. Se refería a la necedad del matrimonio presidencial de atender las opiniones de quienes, desde el oficialismo, le transmiten una visión crítica de la gestión de gobierno.

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la logica de construccion politica de los kirchner esta en un atolladero

Máxima intolerancia

“No escuchan” es lo que el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le decía a un dirigente político, a quien respeta, hace algunos días. Se refería a la necedad del matrimonio presidencial de atender las opiniones de quienes, desde el oficialismo, le transmiten una visión crítica de la gestión de gobierno.

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Por Nelson Castro | 28.02.2009 | 22:29

“No escuchan” es lo que el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le decía a un dirigente político, a quien respeta, hace algunos días. Se refería a la necedad del matrimonio presidencial de atender las opiniones de quienes, desde el oficialismo, le transmiten una visión crítica de la gestión de gobierno.

Esta falta de aptitud para, siquiera, analizar apreciaciones discrepantes nacidas del seno de su propia administración, es uno de los componentes esenciales sobre el cual gira la situación de conflictividad que persiguen los Kirchner y que padece la sociedad. Y el concepto es literal –la sociedad– porque el padecimiento lo comparten tanto los que son críticos del matrimonio presidencial como quienes lo apoyan.

“Todo es tan retorcido, que cuesta mucho entenderlo”, reconocía alguien que forma parte del Gobierno y que ve cómo día tras día la gestión se complica.

Un ejemplo –uno más–, es lo que ha pasado esta semana con el campo. El martes pasado, tras la reunión entre la ministra de la Producción Débora Giorgi y la Mesa de Enlace se abrió una etapa de diálogo que generó expectativas positivas. “Se rompió el hielo”, dijo un dirigente rural con cara más distendida luego de ese encuentro.

Sin embargo, bastó que el campo se reuniera con la oposición para que el enojo de los Kirchner reapareciera. Es cierto que esta reunión tuvo aire de mojada de oreja, pero muchos en el Gobierno le pedían a los Kirchner la respuesta de la indiferencia. No obstante, no hubo caso y el matrimonio presidencial respondió a su manera brutalmente con el proyecto de estatización de la comercialización de los productos del campo, sobre el que informó con todo detalle en su edición de ayer, Página 12, el que amenaza con dinamitar cualquier posibilidad de continuidad de diálogo entre el Gobierno y el campo.

“Puedo entender el por qué de esta medida –necesitamos plata– pero no entiendo el cómo de esta iniciativa”, confesaba amargamente un funcionario del Gobierno.

Otro, se mostraba igualmente sorprendido: “Esto estaba ya hace un tiempo a la consideración de la Presidenta, pero no sé ni por qué ni quien lo destapó de esta manera y ahora”.

Un secretario de Estado que nunca habla –en general, salvo el ministro del Interior, Florencio Randazzo y el de Justicia Aníbal Fernández, nadie del gobierno puede hablar– desgranaba con algún fastidio que “esta generalización que hace la Presidenta en sus discursos, según la cual todos los del campo nadan en la abundancia, es equivocada y dificulta cualquier negociación”.

Alguien que está sufriendo, y mucho, todo esto es el jefe de Gabinete, Sergio Massa. “Hay muchas cosas con las que él no está de acuerdo y eso se paga”, dice alguien que sabe lo que pasa en los pasillos del poder.

“Yo hice campaña por Cristina. En mi pueblo ganó el Frente para la Victoria con comodidad. Ahora, esa misma gente, que es vecina mía, me reclama y me reprocha por todo lo que está pasando; y la verdad es que tiene razón. ¿Cómo es que la Presidenta por quien tanto luché, no entiende esto?”, se quejaba tristemente el intendente de la localidad santafesina de Las Rosas, azorado por el curso de los acontecimientos de este año y tres meses de la administración de Cristina Fernández de Kirchner.

“Sublime” obsesión.

El viernes pasado, durante un acto con intelectuales en la Biblioteca Nacional, la Dra. Fernández de Kirchner volvió a hablar sobre una de sus obsesiones: los medios. En verdad sobre lo que habló fue de aquellos medios que reflejan aspectos de la realidad que disgustan al matrimonio Kirchner. La Presidenta dijo allí que “es una deuda de la intelectualidad argentina ayudar a la sociedad a desentrañar los mensajes que le envían (los medios de comunicación) bajo aparente objetividad y prescindencia pero que todos sabemos son directamente atentatorios de las posibilidades de movilidad social, de redistribución del ingreso y de participación democrática”.

Al respecto, valgan estas consideraciones:

Los medios que informan sobre los índices irreales del INDEK ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que reflejan cifras de encuestadores que son afines al gobierno y que alertan sobre el aumento de la pobreza, ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que alertan sobre la caída de la actividad económica, ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que informan sobre los efectos nocivos que está teniendo para mucha gente el “parate” originado por el conflicto entre el Gobierno y el campo, ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que informan sobre la dificilísima situación por la que atraviesa la ministra de Salud, Graciela Ocaña, quien viene luchando contra la corrupción en el sistema de obras sociales, para que el dinero de los afiliados sea destinado realmente a proveerles un mejor servicio de salud, ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que informan sobre la corrupción en el Gobierno, ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que informan sobre el impresionante incremento patrimonial de los Kirchner, ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que informan sobre las quejas de mucha gente que habita en zonas pobres del Conurbano bonaerense –no en Recoleta– por los aumentos de las tarifas de los servicios públicos, ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que informan sobre los manejos discrecionales que hace Néstor Kirchner de los dineros públicos, premiando a intendentes sumisos y castigando a aquellos díscolos, todo esto hecho con claros fines electorales, ¿atentan contra la redistribución del ingreso?

Los medios que se manifiestan críticos de los superpoderes, ¿atentan contra la participación democrática?

Los medios que informan sobre los aprietes que están sufriendo distintos clubes del Gran Buenos Aires a fin de que no le alquilen sus instalaciones para actos partidarios al trío Macri, De Narváez, Solá, ¿atentan contra la participación democrática?

Los medios que reproducen las quejas del Defensor del Pueblo de la Nación, licenciado Eduardo Mondino, por la falta de cumplimiento del trámite de las audiencias públicas en relación con el aumento de las tarifas de los servicios públicos, ¿atentan contra la participación democrática?

Los medios que informan sobre la problemática docente en todos los distritos, de lo insuficiente de sus salarios y de las malas condiciones edilicias de muchas escuelas públicas, ¿atentan contra la movilidad social?

Por otra parte, la actitud de los Kirchner de dialogar sólo con los que piensan como ellos, ¿favorece la participación democrática?

La actitud de los Kirchner de catalogar a todo aquel que piense distinto de ellos como enemigo, ¿favorece la participación democrática?

En su exposición frente a los intelectuales del espacio Carta Abierta que le son afines, la Presidenta cometió errores groseros al referirse a Raúl Scalabrini Ortiz, a Arturo Jauretche, a Homero Manzi y a Enrique Santos Discépolo. Dijo La Dra. Fernández de Kirchner “Si uno lee los diarios de aquel entonces nunca va a encontrar a un Arturo Jauretche, o lo que decía Raúl Escalabrini Ortiz (sic, así está escrito en la página web de la Presidencia) o lo que decía un Homero Mansi (sic otra vez, pues así figura en la citada página) o un Enrique Santos Discepolo; al contrario, estaban casi silenciados”.

Surge aquí el desconocimiento mayúsculo de la Presidenta y de quienes la asesoran. Cuando habla de los diarios de aquel entonces, ¿a que época se refiere? ¿Sabe la Presidenta que tanto Scalabrini Ortiz como Jauretche fueron censurados por el gobierno del general Perón? ¿Sabe la Presidenta que Santos Discépolo gozó, a través de su obra y de su personaje “Mordisquito”, de una enorme popularidad hasta el momento mismo de su fallecimiento en 1951? ¿Sabe la Presidenta también de la popularidad de Homero Manzi “en aquel entonces” en que tangos como Sur, Malena o Barrio de Tango, por citar algunos, hacían furor?

Además de estas equivocaciones Cristina Fernández de Kirchner expresó: “Ha sido una característica de la intelectualidad poner en duda lo que te afirman como verdad revelada”. En este contexto, ¿la Presidenta acepta que se cuestione su “verdad revelada” o la propuesta de crítica de la intelectualidad se aplica para los otros pero no para ella o su marido?

En la historia política de la Argentina, el Diario de Yrigoyen hace alusión a lo ocurrido en la segunda presidencia del caudillo radical cuando aquel hombre, sobre cuya mente se insinuaba la fatiga de los años, se rodeó de una corte de adulones y delatores que tenían a su cargo dibujarle al entonces primer mandatario una realidad de fantasía. A eso contribuía, además, el diario oficialista “La Epoca” que, como señala Félix Luna en su libro Yrigoyen, el templario de la libertad “publicaba día tras día, en la primera página, juicios laudatorios archiconocidos y telegramas de felicitaciones innúmeros con cualquier motivo”.

Han pasado casi 80 años de aquel episodio y, como se ve, nada ha cambiado. “A Cristina no hay que llevarle preocupaciones”, le han escuchado decir a Néstor Kirchner los ministros del gabinete de su esposa. Para los Kirchner la realidad es como piensan ellos que es. No hay otra posible. Todo aquello que sea diferente a esa realidad es falaz. Todo aquel que se atreve a reflejar una realidad distinta a esa en la que el matrimonio presidencial cree ciegamente, es maligno. De ahí entonces la decisión de censurar y castigar a periodistas y medios independientes. En este marco de intolerancia se inscribe, además, la estrategia impulsada por el gobierno de la compra de medios por parte de empresarios que le son afines a los que se los subvenciona a través de abundante publicidad oficial.

En su magnífico libro Un Mundo Sin Periodistas, Horacio Verbitsky habla de “las duras batallas que el periodismo independiente libró para purificar la democracia, denunciar la corrupción y limitar los excesos del poder”. Hoy, esa batalla, que junto con muchos colegas compartimos con Horacio, tiene plena vigencia

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