Mauricio no toma el subte de papá Franco

Los diputados PRO objetan el convenio para renovar vagones. Piden detalles al Ejecutivo por los precios que Jaime anunció que pagará.
Las diferencias entre padre e hijo son tan conocidas como la cercanía comercial que tiene el fundador del Grupo Socma con la gestión kirchnerista. La gran novedad es que por primera vez la conjunción de ambos factores se convirtió en un asunto de Estado.

Hace dos semanas, el cuestionado secretario de Transportes de la Nación, Ricardo Jaime, junto a Franco Macri y representantes orientales de la compañía semiestatal china CITIC anunciaron junto a la presidenta Cristina Fernández un acuerdo para la compra de material rodante y repuestos para el sistema de subterráneos de la Ciudad. Según anunció el propio funcionario, la inversión llegará a los 850 millones de dólares. Un PowerPoint que distribuyó la Secretaría de Transporte resumió los objetivos que cumplirán los 279 vagones que se proponen incorporar a la red: “Operar las extensiones de la Línea B hasta Villa Urquiza, la Línea A hasta Nazca y la Línea E hasta Retiro. Homogeneizar la flota de la Línea D incrementando sus servicios; y retirar los coches de madera de 1913 de la Línea A, reemplazándolos por moderna flota”.

No bien se conoció el anuncio, comenzaron los cuestionamientos. El primero partió de la oposición porteña. El diputado de la Coalición Cívica Facundo De Filippo puso en dudas la legalidad del contrato. El acuerdo no fue producto de una licitación pública sino de un pacto bilateral entre la Argentina y China que firmó Néstor Kirchner en 2004 y que, según pudo corroborar este diario, no prevé en ningún caso la posibilidad de obviar la Ley de Obras Públicas o la Ley de Administración Financiera y Sistemas de Control que regulan los sistemas de compras y contrataciones que realiza el Estado.

La información difundida por el Gobierno despertó una segunda alerta: el mismo Grupo CITIC, también junto a Franco Macri, había ofrecido en 2003 al Gobierno de la Ciudad los mismos vagones para la Línea H a un precio de un millón de dólares por unidad. La licitación fue declarada desierta. Según Jaime, el valor actual es de 3,2 millones de dólares. El propio Macri se ocupó de aclarar que el monto del contrato que firmó el secretario de Transporte es por 650 millones de dólares.

La aclaración, al parecer, no fue suficiente ni siquiera para su hijo Mauricio. La semana pasada el jefe de Gobierno se reunió con el presidente de la bancada de diputados PRO, Federico Pinedo, a quien le encargó que le pidiera al gobierno nacional una explicación detallada de la operación que realizó con su padre. El pedido de informes que firmaron Pinedo y la diputada Paula Bertol reclama cuatro aclaraciones:

• “Si la compra de coches para el servicio de subterráneos de la ciudad de Buenos Aires se realizó por medio de un proceso que garantizara la libre concurrencia de oferentes”.

• “Motivos por los cuales el Poder Ejecutivo nacional decidió efectuar esa contratación por sí y no por intermedio de la ciudad de Buenos Aires”.

• “Si alguna repartición del gobierno nacional recibió, con anterioridad a dicha contratación, ofertas o propuestas de ventas de coches de trenes subterráneos, de parte de la firma que en definitiva resultara adjudicataria de la operación o de terceros. En caso afirmativo, se piden detalles de fechas y precios ofrecidos”.

• “Detalle los precios ofrecidos por coche, por repuestos y el costo de financiamiento acordados por la contratación”.

En los considerandos de la resolución, los diputados de Macri incluyeron una frase que no oculta la sospecha de falta de transparencia: “Queremos saber por qué una contratación tan voluminosa no se realizó por medio de una licitación pública internacional, como el sentido común aconseja y la normativa vigente manda”.

Ante la consulta de Crítica de la Argentina, desde el bloque de diputados de PRO confirmaron que el pedido de informes no fue realizado a título personal de los legisladores sino que fue de “carácter institucional de la fuerza”.

Durante una gira que realizó por China en julio pasado, Macri –Mauricio– había recibido el compromiso de los directivos del holding CITIC de que participarían en las futuras licitaciones que realizaría la Ciudad para ampliar la red de subterráneos. Por aquellos días, el jefe de Gobierno no contaba con que los Kirchner harían lo imposible para impedir que consiguiera financiamiento internacional. Como alternativa para poder canalizar las inversiones extranjeras, Macri ideó un sistema de inversiones mixtas público-privadas a través de fideicomisos que podían obviar la intervención del Estado nacional. Pero ese proyecto murió antes de ver la luz, cuestionado por su aparente inconstitucionalidad. La demora en la sanción del proyecto, la reticencia de la Casa Rosada para habilitar endeudamiento externo y la irrupción de la crisis financiera global eliminaron el sueño ferroviario del ingeniero. Pero Macri –Franco– y sus socios chinos no quisieron perderse el negocio, golpearon la puerta de la Rosada y dejaron a Mauricio afuera de la foto.

Además de la promesa que había recibido de los amigos del padre en China, el jefe de Gobierno también había escuchado en España, hace poco más de un año, otra propuesta para hacer el negocio. “La empresa pública de subterráneos de Madrid ofrecía además de los vagones hacer también la infraestructura, un financiamiento más conveniente y maquinarias de mejor calidad”, explicó un legislador cercano a aquellas conversaciones. La jugada de Franco y Jaime eliminó la posibilidad de la competencia de precios y sacó a Mauricio del mercado.

Además de las consecuencias políticas que implican frustrar los proyectos de uno de los principales adversarios del Gobierno, el negocio que los Kirchner con Macri –padre– tendría otra explicación. Dos días antes de que se firmara la compra, el Estado Nacional decidió finalizar el contrato de concesión del Belgrano Cargas que hace dos años le había adjudicado –también en forma directa– a un pool de empresas encabezado por el Grupo Macri y sus otros socios chinos, la aceitera Sanhe Hopefull. “Tenían que compensar un negocio por otro”, se arriesgó a explicar una fuente empresarial del mercado ferroviario. Crítica de la Argentina intentó comunicarse con Franco Macri, pero no obtuvo respuesta. Un legislador muy PRO resumió el conflicto: “Mauricio está muy caliente. No sólo tiene que soportar que lo ningunee el Gobierno. También tiene que bancarse que lo cague el propio padre”.

OPINIÓN

La guerra según Lacan

Beatriz Goldberg (Psicoanalista, autora de ¿Cómo puedo hacer esto a la edad que tengo?, de Editorial Norma)

Hay una cuestión importante en la andropausia. Y Mauricio, nacido en 1959, está en plena andropausia. Allí hay una revisión de vínculos entre padre e hijo. Y en los hombres la rivalidad se da en las cuestiones económicas. Esto es así: algunos hombres no quieren que el hijo los supere y hay hijos que mueren por superar a su padre. Se juega mucho lo viril y la potencia. Y lo económico es el falo, el poder: el pequeño poder. El hijo tiene que mostrar que él también tiene su dinero y tiene su poder. Mauricio siempre tuvo que esforzarse por demostrar que él también podía conseguir poder, porque en las empresas del padre no pudo. Su padre, Franco, siempre se rodeó de mujeres jóvenes, para competir con su hijo. Ya lo decía Lacan: un hombre puede crecer sólo cuando puede asesinar simbólicamente a su padre.

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