Mauricio Macri está enojado con el contexto, pero más con el peronismo

Mauricio Macri está enojado con el contexto, pero más con el peronismo

El Presidente culpa a la oposición por empeorar el clima económico al trabar leyes en el Congreso.

El Presidente no estaba comentando la performance de la Argentina en el mundial de fútbol. Hablaba de cómo la política, la economía internacional e incluso la naturaleza terminaron afectando al país de un modo que describe como casi súbito, y muy negativo. También admitía errores propios de la gestiónque le impidieron al Gobierno haber quedado un poco mejor parado para enfrentar adversidades. Comunica bien su análisis: “Nos está saliendo todo como el orto”. Son palabras que dice Mauricio Macri en la intimidad de su despacho de la Casa Rosada, frente a interlocutores con los que habló de modo extraoficial la semana que pasó, según pudo reconstruir Clarín en base a fuentes oficiales. Siente impotencia, repite. Cree que hubo ingratitud de la oposición y de parte del empresariado que cuando asumió le aconsejaba hacer un “ajuste” y que ahora, cuando se ve -según él-, obligado a aplicarlo por factores ineludibles, se permite criticarlo.

Un lugar común que se extendió durante estos años en el entorno presidencial indica que Macri es un hombre con suerte. Quienes lo tratan hace mucho tiempo aseguran, sin quitarle méritos a su labor, que el azar lo salvó varias veces en el dinámico mundo del fútbol, por ejemplo. Y que en la política también gozó de ese extraño privilegio inasible que podría asignársele a la fortuna, no en el sentido patrimonial del término.

Si eso fue así, esa racha se habría terminado.

Macri dice que no teme tomar las medidas que considere necesarias para que el país salga de más setenta años de lo que él define como una debacle en la que la política le mintió a sus representados. Es por eso que siente impotencia, repitió en diferentes reuniones que encabezó en los últimos días.

Para Macri, los factores internacionales que modificaron los planes de su Gobierno son éstos: “Estados Unidos subió la tasa de interés y se nos cortó el crédito externo. El campo sufrió una sequía histórica que arruinó buena parte de la cosecha de este año y el barril del petróleo aumentó de precio”. A eso le suma lo que considera “irresponsabilidades” de quienes había creído que lo acompañarían en una tarea que ahora sincera era difícil de cumplir de acuerdo a cómo encontró al Estado cuando asumió.

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Macri está muy molesto porque se convenció de que ya no puede confiar en el sector del peronismo que consideraba “racional”.

El Presidente lamenta haber creído que llevar en sus viajes oficiales a referentes parlamentarios del PJ era algo bueno para la Argentina. Ya no lo cree.

Esta última semana habló del tema en uno de los encuentros que tuvo con parte de su equipo y otros interlocutores en la Casa Rosada.

Pone un ejemplo en particular, tal como pudo saber Clarín: “A Wall Street, para hablar frente a inversores muy importantes, llevé a los diputados Bossio (Diego) y Lavagna (Marco). Yo di mi discurso y después le cedí la palabra a ellos como representantes de la oposición peronista en el Congreso. Los dos le dijeron a esos inversionistas o consultores que iban a apoyarnos en el Congreso”.

Entonces Macri, siempre según la descripción que hicieron de él quienes lo vieron y escucharon hablar del tema, entrecierra los ojos, como enojado: “Cuando volvimos, el PJ nos frenó la votación de la reforma laboral… ¿Cómo explicó después en el exterior que estos tipos son así?”.

Macri tiene ahora un discurso mucho más duro e intransigente, por caso, con dirigentes de la oposición a los que consideraba valiosos para negociar en el Congreso. Entre ellos, el jefe de los senadores del PJ, Miguel Ángel Pichetto. Fue él quien impulsó la aprobación de la ley de freno al aumento de las tarifas que había impuesto el Gobierno. El Presidente se queja de esa actitud.

“¿Para qué votaron esa ley que le ponía freno a la suba de los precios de consumo de la energía? Sabían que yo la iba a vetar. Quisieron que pague el costo político de frenar yo el freno a los aumentos de la luz, el agua, el gas. Entiendo que la sociedad hace un esfuerzo enorme para pagar por esos servicios. Enorme. Pero la Argentina tenía que sincerarse alguna vez. Sí, somos un país pobre. Y lo digo sabiendo que después de todo esto seguramente subirán los índices de pobreza, la inflación. ¿Cómo voy a querer que pase algo así?”.

Algunos de los dirigentes más importantes de la alianza Cambiemos creen que el Presidente fue demasiado confiado con esos peronistas que solo buscan el poder cuando lo perdieron.

Aunque, al mismo tiempo, a Clarín le consta que varios ministros le aconsejaron a su jefe que no sea tan duro con el PJ parlamentario porque tendrá que volver a negociar leyes con sus referentes.

En las últimas semanas, Macri modificó a parte de su Gabinete.

Ese esquema de cambios sería parte de un plan más profundo que impondría otro modo de gestionar. Pero esa otra operatividad se impondría en el largo o mediano plazo.

Macri planifica con cierto tiempo las cosas. Como suele decirle Carrió, “son cosas de ingeniero”.

Es justamente un colega de esa profesión para hombres pacientes el nuevo gran consejero del Presidente.

Se trata de su mejor amigo, el empresario Nicolás Caputo. Nunca lo dejó de ver, pero con sí habían pactado que lo apartaría de las discusiones de planificación gubernamental.

El ingeniero Caputo volvió a mesa de arena de la política presidencial.

Fue Caputo, cuentan fuentes del entorno de Macri, quien lo convenció al Presidente de despedir al ministro de Energía, Juan José Aranguren, y apartar de su cargo pero no del poder al titular de Producción, Francisco Cabrera.

Habría sido el otro ingeniero de la Casa Rosada el que tambiénempujó la salida del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, quien fue reemplazado por el primo de Caputo, Luis.

Macri, a pesar de todo, sigue hablando muy bien de Sturzenegger.

Aranguren está muy enojado con él porque cree que fue despedido de un modo poco diplomático. Macri jamás hablará mal de ese ex ministro que aún valora.

Mañana, el Gobierno enfrentará la tercer huelga general convocada por CGT.

Macri está también disgustado con el gremialismo peronista: “Vienen la Rosada y dicen que me entienden y que van a apoyar. Después los corre Moyano y terminan haciendo un paro que ninguno quería hacer...”.

Son días en los que la política fastidia a Macri. El fútbol también.

Mejor no hablarle de ciertas cosas.

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