"Mauricio no debe postularse parapresidente"

Defensor del modelo kirchnerista, para él similar a los de Putin o Berlusconi, elempresario le recomienda al ex presidente que se cuide de la oposición y opina sobre el camino político de su hijo
El departamento de Terrazas de Manantiales donde Franco Macri pasa sus veranos en familia, desde hacemás de veinte años, y donde hoy se recupera de un bypass , carece de los lujos que uno imagina para un empresario de su calibre. Ni siquiera la amplia y cómoda terraza con vista al mar -el sitio elegido por él para la entrevista con Enfoques- o la vajilla con la que convidó algo de tomar dieron cuenta de algún tipo de boato.

Distendido y afable, no tendrá problemas en confesar que votó dos veces al kirchnerismo porque, entre otras cosas, rescata lo que considera una apuesta desarrollista. Pero no sólo defiende el modelo y lo compara con lo hecho por Putin en Rusia o por Berlusconi en Italia. También dice que no hay tantas diferencias de fondo entre las propuestas del Gobierno y el modelo de desarrollo en el que cree su hijo Mauricio. Y lo dice sin inmutarse y sin esperar sorpresa del otro lado, con la misma cadencia y serenidad con la que habla de su vida privada o confiesa que está arrepentido de no haberse dado cuenta a tiempo de que Mauricio había crecido y necesitaba más espacio en la empresa familiar. Se siente culpable de la migración de su hijo a Boca, primero, y a la política después, y todavía lo lamenta.

Desde que dejó vacante la presidencia de Socma, el desafío de atraer inversiones chinas al país y al resto de Latinoamérica es el epicentro de sus desvelos: la oportunidad histórica -se ilusiona- para que el país multiplique su capacidad de producción agrícola y fabril. Con un PBI de US$ 1700 dólares per cápita, China, sostiene Macri, es actualmente la única nación con capacidad de invertir en economías foráneas, tiene demandas crecientes de manufacturas y comodities para satisfacer un mercado interno de 1300 millones de personas, y la Argentina podría convertirse en la gran aliada de su crecimiento. La agroindustria -propone- es la oportunidad de oro que el país no puede desaprovechar.

Por eso vive seis meses al año en Beijing y puso a cargo de sus oficinas allí a su amiga Nuria Quintela, que ya habla mandarín y se ha convertido, dice el empresario, en sus ojos y sus oídos para el contacto con el empresariado chino. "Como he hecho con mis hijos, le propuse a Nuria que estudiara Economía, haciera un training afuera y un doctorado, para introducirla en el mundo de los negocios. Cumplimos: hace un año que ella está allá, aunque todavía me debe el doctorado", dice este inmigrante italiano que aún conserva su acento y que sabe lo que es abrirse paso en los negocios habiendo tenido escasa formación.

Su persistente adhesión al kirchnerismo es la puerta de entrada para un diálogo distendido en el que una y otra vez se jactará "de ser un hombre abierto, que dice lo que piensa".

-¿Qué puntaje le pone al primer año de gobierno de Cristina Kirchner?

-El de Cristina y el de Kirchner son un solo proyecto, que no diferencio. Creo que hay que apoyar a los gobiernos para que tengan éxito y que el kirchnerismo no es la excepción. Antes de las elecciones, en mi casa hacemos un simulacro de votación con amigos para ver qué piensa cada uno. En 2003 apareció por primera vez una "boleta" con el nombre de Kirchner. Todos se miraron extrañados, con suspicacia, y preguntaron quién había sido. "Fui yo", contesté, y algunos enmudecieron. Expliqué que lo venía siguiendo a Kirchner como gobernador de Santa Cruz, donde hizo muy bien las cosas. Voté por Kirchner y por Cristina pero no soy kirchnerista. Creo que están haciendo cosas razonables para un proyecto de desarrollo del país, cosa que no veía desde hace años.

-¿Cuál es ese modelo de país qué tanto lo entusiasma?

-Tengo una visión de conjunto sobre nuestra posición en el mundo, miro qué caminos de desarrollo adoptamos, y el de Kirchner me parece un proyecto sólido y bien encaminado. Creo que están buscando un equilibrio entre las fuerzas productivas, repartiendo la carga de manera pareja entre los sectores económicos, renacionalizando la economía y preparando el terreno para ver si de una vez por todas la Argentina se desarrolla. Es un modelo similar al que implementaron Putin, en Rusia, y Berlusconi, en Italia. Hoy hay igualdad de posibilidades de desarrollo para los sectores, una pareja distribución de la riqueza y un dólar alto que favoreció mucho al campo, y también, aunque en menor medida, al sector industrial, siempre rezagado.

-¿Las retenciones al agro le parecen ecuánimes?

-Me mantengo al margen, pero las retenciones móviles me parecieron acertadas en su momento. Era una manera de redistribuir la renta de forma pareja en un sector que se venía beneficiando muchísimo con los altos precios de la soja y cuyas enormes ganancias podían ayudar entonces al resto del país. Pero allí hubo demasiada confrontación, y en ambas partes hubo falta de mesura. Hoy la situación cambió y debe atenderse. La producción agrícola es muy importante, pero ¿no pensamos en aumentar las industrias y en elaborar productos propios? ¿Por qué nos limitamos sólo a la cosecha y la exportación? Los mayores compradores de alimentos del mundo son Rusia y China. Y China, ante la crisis, hizo inversiones grandes para su desarrollo interno. En el campo, había mil millones de personas que vivían como podían, y ahora el gobierno les está dando la propiedad de la tierra. Cuando todo eso esté en producción, ¿qué haremos nosotros sin industrias y sin petróleo, que hemos explotado mal por culpa de otros gobiernos? Tenemos una gran oportunidad de sumar valor agregado a nuestra producción agrícola y fabril, ya que China prevé a futuro una mayor demanda de bienes durables y manufacturas. No hay país que pueda desarrollarse sin industrias.

-Pero frente al escenario actual, las retenciones ¿se deberían anular o bajar?

-Eso tiene un gran impacto fiscal... Hoy las partes deben arribar a un acuerdo razonable -no sé cuál- por la vía de la negociación y sin exabruptos. Lo que no se puede es reeditar el conflicto del año pasado.

-¿Cómo se sitúa hoy un empresario como usted frente al progresismo de Kirchner?

-No lo veo como progresismo; para mí es un proyecto de país lógico, adoptado por muchos otros, y cada país hace su proyecto con los hombres, políticos, sindicalistas, funcionarios y empresariosque tiene. Si eso es progresismo, me siento cómodo. Aunque Kirchner no debería perder tanto tiempo con la oposición.

-¿A qué se refiere?

-A que uno de sus grandes méritos fue la gobernabilidad, el haber ordenado y disciplinado a los distintos poderes y sectores clave. Supo construir poder, mantener cierto control para el orden y distribuir la riqueza. No debería dilapidar ese capital. A un gobierno endeble se le impide hacer cosas y se lo puede derribar. Los Kirchner no deberían darle margen de acción a la oposición, ya que ésta siempre impide que el otro haga.

-¿Y qué piensa justamente sobre la alianza opositora que selló su hijo?

-Preferiría no opinar. Pero las campañas políticas o lo que se hace en ellas no reflejan luego las acciones que se llevan a cabo cuando se gobierna. Personalmente, no creo que el proyecto de país agroindustrial en el que piensa Mauricio se diferencie en los hechos del modelo kirchnerista. Esperemos a ver acciones concretas, que son las quevalen. Creo que el sentido común es la mejor síntesis de los valores de una persona. Veamos qué ideas esgrimen uno y otros. En fin, no quiero hablar más sobre temas de campañas.

-Pero cuando dice que la oposición frena la acción, ¿no es eso lo que hace el kirchnerismo con su hijo al impedir que la Ciudad goce de su plena autonomía?

-De ninguna manera creo que el kirchnerismo se haya aglutinado contra Mauricio, o lo vea como el enemigo. No digo que le den espacio, pero hay un cierto respeto. No sé si Mauricio piensa igual que yo, ya que no hablamos de política, que a mí me interesa poco. Yo miro la producción, el crecimiento económico. Y no hay gobierno capaz de brindar bienestar si no se genera riqueza.

-Pero han existido trabas concretas: el financiamiento para la Ciudad con los bonos de las AFJP, por ejemplo, y la descentralización de la Justicia, el transporte, el juego y el puerto...

-Es que Mauricio no debe esperar que lo ayuden. A él lo atacan pero no contesta: hace. De lo que estoy seguro es de que Mauricio no debe postularse para presidente. No se puede poner la ciudad en orden en cuatro años. El asumió la responsabilidad de transformar la Capital, de posicionarla a nivel mundial, y en ocho años puede hacerlo. No debe saltarse peldaños. Y la presidencia no es un escalón natural cuando todavía no se terminó de subir ni de mostrar. Seguramente hay quienes pueden hacerle creer que, a nivel nacional, puede hacer lo mismo que está haciendo en la Cuidad o lo que hizo en Boca. En su lugar, evaluaría si puedo hacerlo y si tengo los equipos. Pero él todavía los tiene que formar, y aunque no lo he hablado, no creo que esté pensando seriamente en la presidencia. Todavía no pudo sacar una sola persona de las villas.

-¿No apoya su salto político?

-Mi hijo tiene mi apoyo incondicional, pero ante su pregunta, le contesto: no creo que aspirar ahora a la presidencia sea lo más conveniente.

-Su hijo denuncia poca colaboración del gobierno central para frenar las villas. En ese punto, ¿qué le aconsejaría?

-La solución es orden y seguridad, generar riqueza y distribuirla bien. En Italia, a las villas miseria las eliminó el bienestar. La 31 debe desaparecer, pero no perjudicando a sus habitantes, sino dándoles otra oportunidad. Yo creo en Mauricio, no en que pueda hacer milagros. No lo hubiese votado y me sentiría mal con mi consciencia si no estuviera convencido de que puede hacer las cosas. Por eso insisto en generar riqueza a nivel nacional.

-¿No cree que su encendida adhesión al kirchnerismo perjudica el proyecto político de su hijo?

-De ninguna manera. Yo no soy político; soy empresario y como tal puedo creer en determinadas políticas. Creo que el liderazgo nacional y el de la Capital pueden coexistir sin problemas, y que el país necesita de ambos proyectos. No creo que Mauricio se sienta afectado o traicionado por mi visión; jamás me lo reprochó. Si bien es un tema de desacuerdos, no por ello hemos dejado de convivir ni de tener éxito en las cosas que hemos hecho juntos. No es nuestra primera diferencia ni será la última.

-Pero sus posturas, ¿lograron distanciarlos?

-No en lo afectivo.

-¿Cuál es entonces el origen de la mala relación con su hijo?

-No hay mala relación; nuestro vínculo está intacto. Yo soy un hombre abierto que dice lo que piensa. Y sólo nuestras posturas políticas son conflictivas. Solemos jugar al bridge juntos con amigos y la pasamos muy bien. Nuestra relación filial sigue siendo excelente.

-Pero no apoya su salto político. ¿Lo preferiría a su lado?

-Absolutamente, quise que fuera mi sucesor pero ahí el error fue mío: yo debería haber dado un paso al costado antes. Mauricio había crecido demasiado como para seguir esperando. No le di todo el espacio que merecía y quería, aunque en su momento creí que sí. El necesitaba desarrollarse por sí mismo y por eso decidió pasar a Boca. Esas cosas se entienden siempre después. Aprendió de mí muy rápido ?desde los 20 años que lo llevaba conmigo a todas las reuniones con técnicos en el mundo? y yo, que en la Argentina empecé como albañil, no pude aprender nada de la guerra. Sin dudas, mi grupo hoy sería mucho más grande con él al frente. Aunque eso nunca se lo dije.

-¿Mauricio puede tener la habilidad para llevar adelante los negocios familiares y gobernar?

-Por supuesto, ¿acaso Berlusconi no lo hace? Nadie más que mis cinco hijos podrían ser responsables de mis empresas en Latinoamérica.

-¿Cree que Mauricio lo superó?

-En algunas cosas sí y en otras no. Aunque en lo que se propuso, él llegó más lejos. Y si se propusiera seguir en el sector empresarial, por lógica y por formación, seguramente me superaría. El es muchísimo mejor padre que yo. Yo he descuidado mucho a mis hijos por el trabajo y he dejado que la madre los formara.

-Volviendo a su alineación con Kirchner, resulta curiosa hoy esa sintonía cuando en el pasado se le conocieron otras simpatías casi opuestas. ¿Los empresarios deben ser siempre oficialistas?

-Está equivocada. No es así. La única vez que fui activo en un partido fue con Frondizi. Después de eso, tuve poco contacto con los gobiernos. Apoyé a Menem pero fue una enorme desilusión. El no tenía el programa correcto y su mayor capital era la negociación política, con políticos. Yo no lo soy y no los voy a entender nunca, a pesar de que tengo un hijo político y de que mi padre también lo fue en Italia; creó el partido del Hombre Cualquiera. Pero la ruptura con Menem fue terminante cuando vi que le cedía la industria a Brasil. Con eso estuvo todo dicho.

-¿Cuál es el político kirchnerista con el que tiene mayor afinidad?

-Con Capitanich tenemos una excelente relación. Una de mis empresas, Macair Jet, de vuelos ejecutivos nacionales e internacionales, opera también una ruta regular a Resistencia, entre otros puntos. Pero con los Kirchner nunca tuve trato; jamás me han llamado. Sí me reuní al principio con De Vido para ponerme a su disposición, y otras veces con Ricardo Jaime, en reuniones formales y numerosas, antes del acuerdo del Gobierno con la empresa estatal china Citic para la compra de vagones.

-¿Y eso no generó polémicas, justamente, por la ausencia de una licitación pública, además de denuncias de la oposición por presuntos sobreprecios en la compra de los 279 vagones de subterráneo?

-Siempre hay burros y malintencionados. Y esos son burdos manejos, porque los precios pagados son los más competitivos del mercado. Se pagó casi la mitad de lo que cotizó la francesa Alstom, por ejemplo, por vagones de similar calidad. En ese acuerdo yo actué sólo como trader . Le facilité el contacto con Citic al Gobierno para la compra financiada de los vagones por 650 millones de dólares. Como intermediario, sólo cobraré una comisión del 3 % cuando se entreguen.

-Desde el Gobierno, muchas veces han atacado a Mauricio, justamente, por ser su hijo y por sus negocios. Incluso, a usted lo acusaron de contrabandista. ¿Qué lectura hace de esas acusaciones en contraposición con sus elogios a Kirchner y con los negocios que le facilitó al Estado?

-Yo he pagado más de mil millones en impuestos. Y en aquella vieja causa de reembolsos por autopartes de Sevel en Uruguay debí defenderme ante la Justicia y fui absuelto por unanimidad de la Corte Suprema. La sentencia la tengo enmarcada en mi despacho. Además escribí un libro donde manifesté toda la verdad. Es un caso desgraciado pero aclarado. Y es cierto que en el pasado me han pegado duro. Pero yo no soy un tipo de barricada, tampoco el santo de la espada. La Argentina es un país que no aprecia el éxito. Y no se puede pretender que el que hace mucho sea un santo. Si algunos funcionarios, los medios o la opinión pública han sido ingratos conmigo, también lo han sido con muchos otros. Pero como todo viejo, soy paciente y no me enredo con las pasiones humanas. Las reacciones son siempre inútiles. Además, no soy capaz de sentir grandes pasiones contra gobernantes o políticos. Las puedo sentir por una mujer, por mis hijos o por mi gente, pero no por un político. Yo evito la confrontación. Jamás discuto ni polemizo. Son todas cosas inconducentes. Cuando un contrario me ataca o me mete un gol, trato de conquistármelo: si se anotó un punto, veo si consigo yo hacer uno.

-El gobierno le rescindió el contrato para la administración del Correo.

-Ahí hubo alguien que evaluó mal la situación: fue un error político. Pero una vez que lo hicieron, ya está. Nosotros cumplimos con todo lo que teníamos que cumplir e hicimos inversiones millonarias. El Correo es uno de los mejores a nivel mundial, hoy ha crecido hasta triplicar su facturación y es uno de mis orgullos. Ahora se están definiendo los términos de la convocatoria.

-¿Le interesa el negocio del juego? ¿Qué relación tiene con Cristóbal López?

-No, no me interesa y no sería nunca empresario del juego. A López sólo lo vi en revistas. Tiene una cara que inspira confianza. Sí pienso que esa plata le hubiese venido muy bien a la ciudad.

-¿Es cierto que considera instalar una planta automotriz en Chaco para abastecer al Mercosur?

-Los empresarios no pueden sentarse a llorar; hay que tener proyectos, porque la crisis en algún momento pasará. Y ése es un proyecto que evaluábamos antes de la crisis y con el que creo que seguiremos adelante. Si bien toda la industria automotriz sufrirá una gran reestructuración, y hasta es posible que algunos jugadores se retiren del país, el mercado a futuro con mayor potencial de crecimiento está en el Mercosur. Pero que la automotriz se instale en Chaco, donde ya funcionan otras dos, es más una expresión de deseos que otra cosa. El lugar de radicación dependerá del régimen de promoción industrial, de los costos del transporte y mano de obra. En sociedad con la automotriz china Chery instalamos Chery-Socma en Uruguay hace dos años porque ya había allí una planta y porque cuando le dije a un ministro que no era kirchnerista que quería fabricar un modelo de auto chino acá, me dijo: "En la Argentina no va a poder ser". No dije nada, porque yo no discuto. Si este año aprobamos el proyecto, podríamos estar produciendo en dos años. Todo eso a partir de que se firme el contrato con China, que no es simple, ya que la crisis es sideral.

-¿Y cómo la está enfrentando el país?

-Bastante bien, las cosas no se hacen solas y la Argentina ha sido el país con menos consecuencias. En Brasil y en España el impacto fue horroroso. Se volverían kirchneristas quienes salieran del país y vieran lo que sucede en el resto del mundo. Por eso insisto: el único país que puede darle hoy plata a la Argentina y hacer inversiones es China. Además, ha ratificado su intención de invertir en Latinoamérica y el Caribe. El presidente Hu Jintao firmó acuerdos con Cuba, Perú y Venezuela. Y a Brasil le dio US$ 20.000 millones. Argentina tiene que aprovechar esta oportunidad. A China no sólo le interesa exportar, le interesa entrar en la economía de un país; falta que el Gobierno le diga: "Acá está mi hombro". Y yo tengo casi la seguridad de que los primeros pasos ya deben estar en marcha, aunque de manera reservada.

-Concretamente, ¿cómo opera en China?

-Creé allí una empresa de trading, Macri Group, con oficinas en Beijing y en Argentina. China no está mirando lo que se puede hacer, necesita que nosotros le acerquemos propuestas. Al de allá, lo tengo que encontrar yo; el de acá me encuentra a mí.

-Usted le vendió a su sobrino, Angelo Calcaterra, la constructora IECSA y la empresa de desarrollos inmobiliarios Creaurban para que su hijo pudiera ser jefe de gobierno. ¿Cuáles son actualmente sus otras empresas en el país y quiénes las manejan?

-Las manejan mis hijos, cuando yo no estoy. Tengo Chery-Socma, que es 51 % de los chinos y 49 % mía, y es la primera vez que una automotriz china se instala fuera de su país; Macair Jet, que va a seguir expandiéndose; mantengo la parte del Grupo Galileo para la sustitución de nafta por gas en autos junto con el trazado de gasoductos, un negocio que tiene grandes posibilidades de volverse enorme con China. Y tengo instalaciones agrícolas en Salta de explotación intensiva con tecnología que traje de Israel.

-Después del Correo, ¿el Gobierno no le otorgó otra concesión?

-Sí, junto a la Unión Ferroviaria y a un pool empresario chino, nos hicimoscargo, cuando nadie los quería, de los ferrocarriles Belgrano Cargas. Es la red más importante del país para el transporte de cereales, de soja y sus derivados.

-Con Mauricio abocado a la política, ¿quién será su sucesor?

-En los negocios de Latinoamérica, mis cinco hijos. Y quizás la parte de China, si a mis hijos no les interesa, la termine manejando una mujer, Nuria Quintela, quien no es mi pareja, pero es de una enorme ayuda. Ella se recibió de licenciada en Economía, está instalada allí, ya habla mandarín y es mis ojos y mis oídos cuando no estoy. Pero el tema no es quién manejará lo de China; el tema es si va a funcionar o no. Porque todo el mundo -incluyendo a mis hijos- piensa que es muy difícil que los negocios se concreten. Y no soy el tipo de persona que quiere influir en sus hijos.

© LA NACION

Mano a mano

El desconcierto y aún la perplejidad fueron inevitables en algunos tramos de la entrevista, sobre todo cuando en las respuestas confluían los nombres de su hijo Mauricio y el de Néstor Kirchner en una misma oración. Para el patriarca Macri, ambos son expresiones bastante similares de un mismo modelo de desarrollo para el país, y hasta piensa en Mauricio "como un continuador de Kirchner".

Lo dice sin inmutarse y sin esperar sorpresa del otro lado. Afable y sumamente cordial, el creador de Socma se mostró a sí mismo "como un hacedor", como un empresario en extremo pragmático y, por momentos, desprejuiciado. No se irritó ante ninguna de las preguntas, a las que respondió siempre con buena predisposición.

Sí midió -y mucho- sus palabras y respondió con evasivas cuando se le preguntó sobre la concertación opositora en la que trabaja su hijo junto con Felipe Solá y Francisco de Narváez. La sola mención de Mauricio como oponente u opositor le desagrada o le parece un rótulo inexacto, tema en el que pidió no insistir. Fue más enfático al tomar distancia de Menem y prefirió siempre exponer su manera de pensar en términos generales, soslayando detalles o precisiones, "ya que lo importante es la visión", según concedió.

Varias veces su vida íntima y una espontánea autocrítica sobre su rol de padre se coló en su discurso. Pareció ser el tipo de entrevistado que busca agradar y esos modos allanaron el diálogo. Aunque no alcanzaron para que se explayara sobre la política exterior de los Kirchner: Ni la relación con Fidel ni la alineación con Chávez lo entusiasmaron lo suficiente como para que emitiera un juicio de valor. Fueron todos temas que obvió con cortesía.

Tres razones para escucharlo

Hacedor

A lo largo de 57 años, creó y manejó más de 100 empresas, algunas de las cuales fueron pioneras en sus rubros y modificaron los hábitos de los argentinos, como Movicom, Pago Fácil y Autopistas del Sol.

El factor China

El gobierno chino lo nombró Consejero Senior para las Inversiones en América latina, preside la Cámara de Comercio e Industria argentino-china y asegura que ese país tiene serias intenciones de invertir en el nuestro.

Poder empresarial

Asociado a una automotriz china, tiene el 49% de Chery Socma, que fabrica 22.000 autos por año en Uruguay. Es dueño de Macair Jet, una empresa de vuelos ejecutivos nacionales e internacionales; mantiene una parte del Grupo Galileo para la sustitución de nafta por gas en autos, junto con el trazado de gasoductos, y tiene instalaciones agrícolas en Salta. Además, el Gobierno le entregó la concesión del Ferrocarril Belgrano Cargas, junto a un pull integrado por capitales chinos y sectores gremiales.

En clave personal

Pasiones . "Las pasiones cambian con los años, pero la única que sigue perdurando en el tiempo es el trabajo, crear empresas. Eso es lo que me da satisfacción y me ha hecho ampliar el horizonte. Antes con Brasil y ahora con China."

Hobbies . "Juego al bridge tres o cuatro veces a la semana, siempre por las noches, ya que de día trabajo. Muchas veces Mauricio me acompaña. Sólo me enojo con él cuando me gana. Y él se aflige cuando yo cometo errores.

Fútbol . "No sé nada de fútbol pero disfruto con Boca. Cuando salieron a la venta los palcos de la bombonera me compré dos. Pero a Mauricio le pareció una ostentación y me vendió uno. No lo contradije.

Sentimientos . "He sentido y amado intensamente, pero lo he demostrado muy poco. Mi padre era calabrés, "mudo", y no demostraba nada. Yo tampoco soy una persona expansiva; soy serio, aburrido, terrible. Envidio a los que saben expresarse con humor.

Pastillas. La ciencia sigue avanzando y hay algo que puede cambiar mi vida: ahora están hablando de una pastilla para tener más libido. La estoy esperando.

Amor. El trabajo llenó mi vida pero quizás he dejado no tan llenos otros espacios que el ser humano necesita. Un hombre sin una mujer al lado no es nada. Hoy estoy solo y no me siento pleno.

Proyectos. Para ver encaminado mi último proyecto, necesito diez años más de vida. No sé cuánto viviré, pero prefiero que no sea tanto si no estoy lúcido y bien. No me veo jubilado mirando TV.

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