Matrimonios y algo más

Por Ricardo Roa

La pareja no muere, se transforma. Y lo que pasa desde hace un tiempo es que le escapa al matrimonio: nunca hubo tan pocos casamientos en Buenos Aires. En 2008 no llegaron a 13.000, los mismos que 90 años atrás cuando acá vivía la mitad de gente

Muy lejos quedó el tiempo en que la convivencia era posible únicamente con papeles. Las uniones de hecho eran lo peor. Y las mujeres que las aceptaban lo peor de lo peor. A todas se las llamaba concubinas, aunque no lo fueran: concubino es sólo quien está legalmente impedido de casarse. La mayoría desconocía el significado de esa palabra. Lo que importaba era su uso como una descalificación.

Convivir sin casarse es hoy, por suerte, lo más natural del mundo, aún entre las familias más chapadas a la antigua ¿Por qué no hacer la experiencia de vivir juntos y conocerse de a poco antes de asumir un compromiso legal? ¿Qué tiene de malo con probar? Algunos se casarán después, sobre todo cuando lleguen los hijos. Otros seguirán así para siempre. En cualquier caso, lo que verdaderamente debería importar es que se quieran.

Desde luego, el vivir en pareja sin casarse es una alternativa que puede ser impugnada por razones religiosas. Pero según se ve ésto tampoco pesa como antes. Es parte de un enorme cambio cultural que se da sobre todo en las grandes ciudades y que ya no distingue entre clases sociales. Y que va acompañado de muchas otras cosas, como el nuevo rol de la mujer y nuevas leyes que equiparan derechos del matrimonio ante el Estado con los de las uniones libres.

La paradoja es que se casan muchos menos y los divorcios son muchos más. Quizá el temor a ese fracaso sea la clave de las uniones de hecho.

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