El matrimonio K en su laberinto

El matrimonio K en su laberinto
Aquellos que han pretendido ser grandes y no lo han sido por mezquindad e incapacidad tienen un ocaso mucho más doloroso
Hace ya unos cuantos años, el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez escribió, de manera casi novelada, los últimos días del otro libertador americano además de San Martín, el general Simón Bolívar, enigmática y tumultuosa personalidad que todavía fascina y desvela a historiadores, literatos y políticos, pues muestra características polifacéticas y singulares, propias de esos seres que pasan muy de vez en cuando por el mundo.

En El general en su laberinto, García Márquez cuenta el intento postrero que hace Bolívar para recuperar el poder que el Congreso de Colombia le había quitado después de doce años de ejercicio continuo.

Así es que mientras remonta el río Magdalena en ese país tropical, buscando apoyos y creyendo vanamente que un ejército insurgente le facilitaría el retorno al poder perdido, su mente enfebrecida y su cuerpo enfermo se entrelazan en una lucha sin cuartel contra los recuerdos, las frustraciones, las horas de victoria y su ocaso que se acerca inexorablemente.

Desfilan en ese viaje final sus batallas, sus amantes, los fieles que lo siguieron y quienes lo abandonaron, y en los últimos momentos tiene la clara visión que, después de alcanzar la gloria, va cayendo en un laberinto existencial de soledad, abandono, desengaño, hastío y tristeza. En esas condiciones murió un grande, que junto con San Martín liberaron a casi toda América Latina.

Los K

Sin la mínima pretensión de comparar a los K con Bolívar, la observación de la historia permite advertir que aún los grandes, en el ocaso, suelen padecer soledades, abandonos, desengaños y tristezas. Naturalmente, aquellos que han pretendido ser grandes y no lo han sido por mezquindad, incapacidad y falta de claridad en sus objetivos, tienen un ocaso aun mucho más doloroso y triste, con el agravante que a éstos la historia no los rescatará jamás, como en cambio sí rescata a los grandes como Bolívar o San Martín.

Este último año ha sido para el matrimonio K el comienzo del ocaso, y en esa pendiente inexorable que van recorriendo hacia el fin de sus días de poder, han carecido de la grandeza indispensable para mostrarse dignos ante la adversidad, afrontando con prestancia un futuro plagado de sinsabores y frustraciones.

La guerra contra el campo, insensata e innecesaria, con una derrota estrepitosa en el Senado, pusieron en evidencia las fisuras en lo que parecía (hasta entonces) un poder hegemónico de los K.

El adelantamiento de las elecciones, contrariando normas legales, con pretextos absurdos y excusas pueriles, marcó otro paso en la declinación. "Fueron por lana y salieron esquilados", sería el dicho apropiado para graficar la situación. Quisieron "primerear" a la oposición, y la oposición les hizo morder el polvo de la derrota.

En su "maquiavelismo de cabotaje" idearon las candidaturas testimoniales para comprometer a todos los líderes pejotistas, pero el pueblo (que no es tonto), cortó boleta y les hizo perder la elección en todo el país. Casi el 70% de la gente les dijo que estaban equivocados. No se anoticiaron de la derrota e iniciaron una contraofensiva desde el 29 de junio pasado, pensando que se "llevaban puesta" a la oposición con el caduco Congreso que todavía manejaban. Creyeron que con la "billetera y el apriete" terminaban doblegando a díscolos y opositores, pero su cálculo falló: hoy están tocando un piso exiguo de aceptación popular, menos del 20%, lo cual los pone debajo de De la Rúa en su peor momento.

Ley de medios, presupuesto, poderes de excepción y la reforma política fueron todas embestidas aprobadas en medio de la obsecuencia de muchos y la irracionalidad e imprudencia de los que conducían. El matrimonio K comenzó a repartir irresponsable y alegremente los dineros que, por ser para los jubilados, deberían manejarse con extremas precauciones y con la delicadeza que el tema merece. El Indec y su mandamás ya invaden todo lugar donde la paranoia K indique que hay "bolsones de resistencia u oposición". La crispación extrema y peligrosa que padece la sociedad argentina reconoce en gran parte su origen en el rosario de dislates, imprudencias y groserías que vienen cometiendo "los que mandan", aunque no gobiernan.

Porque gobernar es mucho más que "gritonear" ante aplaudidores profesionales, o apretar gobernadores, intendentes y legisladores con la chequera en la mano. Es mucho más también que actuar en función del humor con que se levanta el inquilino de Olivos, que siempre es hiel y nunca miel.

La lección

Por último, en la sesión preparatoria del nuevo Congreso, a pesar de la tozudez patológica de Néstor K, la oposición unida (que representa un espectro ideológico de derecha a izquierda), dio una lección democrática repartiendo cargos en comisiones y autoridades de la Cámara con un prudente y justo criterio porcentual y de acuerdo a las elecciones del 28 de junio.

Aún les queda resolver a los K si cediendo al "operativo klamor" Néstor retoma la presidencia del PJ o mantiene su extraña y verbal renuncia a la misma, que en medio de la bronca y la frustración hizo pública al día siguiente de las elecciones del 28 de junio pasado. Esta decisión también es parte del laberinto en que quedaron atrapados los K.

Porque los dilemas que se le plantean no son menores: si sigue como presidente del PJ deberá enfrentar inexorablemente la pelea con quien fuera su mentor en 2003, y hoy es su enemigo mortal. Ese dirigente lomense, de voluminosa cabeza, ya afila sus colmillos para saltarle a la garganta con todas las de ganar una interna abierta, porque habrá millones de ciudadanos que querrán cobrarse venganza de todas las maldades K, aunque después en la general emigren para otros partidos.

Si en cambio finalmente culmina la parodia de la renuncia con el rechazo del operativo klamor, quedará a la intemperie política y deberá volver a sus viejos sueños de transversalidad, pero para eso ya no le queda tiempo ni le queda tela para armar de nuevo. El matrimonio K está hoy atrapado en su laberinto. Esa es la realidad, que sigue siendo la única verdad, aunque a ellos les cueste admitirlo

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