Matan a un alto jefe del ejército paquistaní

En lo que fue el último golpe de los militantes islamistas en la castigada y asediada capital de Pakistán, un alto oficial del ejército fue asesinado ayer en la hora pico del tráfico por un hombre que escapó en su motocicleta.
El jeep del brigadier Moinudin Ahmed fue ametrallado en menos de un minuto en medio de la calle, hacia las 9.30 AM, hora local. Además de Ahmed –la víctima de mayor rango muerta hasta ahora en la contraofensiva talibán de las últimas semanas– murió un soldado que lo acompañaba. El chofer se encuentra gravemente herido.

El ataque, ocurrido en lo alto de una colina situada en las afueras de la capital, es el último de una ola de atentados que sacude a Pakistán desde hace días y que ya dejó un saldo de al menos 170 muertos. La semana pasada, cuando el ejército se preparaba para lanzar una ofensiva de envergadura contra las bases de al Qaida y de los talibán en la provincia de Waziristán del Sur, las fuerzas armadas le advirtieron a la población que había que atenerse a represalias por parte de los islamistas.

Pero la ola de violencia de las últimas dos semanas, incluyendo atentados suicidas con decenas de víctimas en Peshawar y en la vecina Rawalpindi, sobrepasó todos los pronósticos: quedó en claro que los militantes emplean tácticas cada vez más variadas y sofisticadas.

Al asesinato del brigadier Ahmed lo precedió un ataque suicida en la Universidad Islámica de Islamabad, un asalto con rehenes al cuartel general del ejército en Rawalpindi y un atentado contra la sede de la ONU en la capital. A pesar de que las medidas de seguridad fueron incrementadas en forma masiva, con retenes en las rutas, personal de seguridad por todas partes y checkpoints interminables, la mayoría de la población teme que la situación se agrave aún más. Con cada día que pasa, cada vez más escuelas cierran sus puertas a lo largo y ancho del país.

"Las cosas empeoraron de manera dramática en las últimas semanas. Todo el mundo tiene miedo", afirmó Ali Ashgar, empleado en un hotel céntrico de Islamabad. "Y encima la gente cree que la situación se va a seguir agravando mientras las tropas sigan avanzando en Waziristán", explicó Ashgar.

Lo curioso es que, al caminar por sus calles, a primera vista Islamabad da un aspecto de tranquilidad, como si las cosas siguieran su rumbo normal y los negocios y la vida cotidiana no se detuviesen por nada del mundo. Sin embargo, el grado de nerviosismo que se respira en las calles pudo verse ayer cuando comenzaron a circular rumores que indicaban que la policía había hallado una bomba sin detonar en pleno centro y que un grupo de militantes había disparado contra los tribunales locales.

Al final, resultó que los disparos de metralletas no habían sido más que el ruido de las cortinas metálicas de los comercios que se cerraban frenéticamente debido, justamente, a otro rumor que señalaba la presencia de un comando talibán en la ciudad. En cuestión de minutos, el falso rumor de la bomba y las metralletas hizo caer la Bolsa de Comercio local en un 3 por ciento.

Ayer por la noche ningún grupo había reivindicado el asesinato del brigadier; fuentes militares aseguran, no obstante, que sin lugar a dudas el asesinato se encuentra vinculado con la ofensiva en Waziristán. El oficial Ahmed era el responsable de la misión de la ONU en Sudán. Había vuelto a su casa por vacaciones.

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