Matador.

TIGRE 1 - SAN LORENZO 3: San Lorenzo le sacó lustre a su marca histórica y volvió a ganarle a Tigre como en el triangular final. No fue vistoso ni lírico, pero tuvo contundencia y mucho orden.
Cuánto encierra ese grito que se gestó en la tribuna visitante, el mismo que se trasladó a la cancha donde los jugadores de San Lorenzo se permitían un festejo medido, contenido, sin parafernalia, pero profundo. Tan hondo como el puño cerrado de Russo y esa patadita al aire para descomprimir la ansiedad acumulada durante el verano, que comenzó con ese madero sobre el lomo que significó perder la final del Apertura y que luego siguió molestando con el run run por las intermitencias en el grupo. Por todo esto, fue un debut convincente, por el rival, por la cancha, por haber manejado los tiempos del juego, por haber ratificado que son los originales Matadores, los que por designio histórico deben ser protagonistas, nunca actores de reparto.

Curiosamente se toparon los mismos que despidieron el anterior torneo con el trascendental triangular que le dio el título a Boca. ¿Cambió algo en el receso? Algunas cosas. En primer lugar, el equipo de Russo mostró una versión distinta: en cancha de Vélez, el Ciclón directamente aplastó a Tigre, con un primer tiempo casi de antología. Esa vez, cuando debía ampliar la diferencia, fue el team de Cagna el que se encontró con un gol inesperado. Ahora, la taba se dio vuelta: cuando los muchachos de Victoria se pusieron a tiro, el visitante lo liquidó sin despeinarse.

¿Qué mostró San Lorenzo para ilusionarse? Tuvo una pasmosa frialdad para manejar la pelota. No perdió la compostura en el inicio, cuando un par de descuidos podrían haberlo puesto nervioso. Hizo circular la pelota siempre hacia los costados: fue un circuito inconstante, sí; pero efectivo para adormecer a su oponente y luego lastimarlo. Otro punto de interés fue el regreso de Bottinelli a la cueva: un tipo que grita y que no tiene ningún prurito en pinchar la pelota cuando se viene el vendaval, suma. Sobre todo porque es imposible no fantasear con una dupla con Méndez, algo así como preparar el guión de una película de guerra con Rambo y James Braddock (Chuck Norris en Desaparecido en Acción). Y, por último, algo no menor: si San Lorenzo pudo ganar 3-1 sin vuelo futbolístico, sin brillo en el armado de las pelotas y sin los talentos en su mejor día, entonces cuidado cuando jueguen todos.

Tigre es el mismo de siempre: no compra, no trae y no anota grandes figuras. Cagna se les anima a todos con lo que tiene. Pero fallaron los volantes externos y, sobre todo, Castaño, que no acertó un pase y, además, se hizo expulsar como un nene de Novena. ¿El resto? tampoco entró en sintonía...

Así, San Lorenzo sacó chapa y mostró la papeleta: Matador hay uno solo.

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