Martín Sabbatella, el hipócrita de la política de la provincia de Buenos Aires

Martincito (y lo llamo así porque siempre le gustó hacerse la víctima cuando la verdad es que estamos ante la presencia de un lobo con piel de oveja), se atrevió a hablar del Movimiento Nacional Justicialista, y de sus dirigentes distritales y provinciales como traidores y mafiosos.

Por Ángel Gabriel Villegas

Diputado de la Provincia de Buenos Aires Bloque PJ

Martín -te aclaro porque creo que perdiste la memoria-, la traición al electorado no está dada en el P.J. que siempre se caracterizó por ser frentista, y realizar alianzas.

Hay un dicho que versa: "mirando la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio". Esto es lo que hace a diario el abanderado de la transparencia.

Sabbatella, con la hipocresía a que nos tiene acostumbrados, manifiesta que los dirigentes del P.J. cambiamos de partido según nuestra conveniencia. En primer lugar, esto es una falaz mentira, y por otro, ¿por casa cómo andamos?, porque yo recuerdo que a Martincito no le quedó camisa por ponerse siempre que fuera en contra del P.J.

Basta recordar que en su adolescencia perteneció al Partido Comunista, tuvo su paso por el ARI; se desempeñó como secretario del bloque parlamentario local del Frente País Solidario (FREPASO) y fue secretario general de ese partido del cual había sido uno de sus fundadores. Más tarde, compró su pase a la Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación, coalición conformada por el FREPASO y la Unión Cívica Radical, (colaborando para que De La Rúa sea presidente, lo que le sirvió a su vez para acceder a la Intendencia de Morón); y cuando la Alianza se convirtió en sinónimo de mala imagen, algo que no convenía para sus aspiraciones personales de permanencia y crecimiento, fundó su propio partido, denominado Nuevo Morón.

En septiembre de 2004 Martín Sabbatella lanza desde su distrito un nuevo partido político: "Encuentro por la Democracia y la Equidad" (otra camiseta), que en un primer momento -por conveniencia- apoyó al Gobierno Nacional y luego del conflicto del campo (en el que el apoyaba al Gobierno) se transformó en un opositor.

Puedo llamarlo oportunista de la política, pero lo escucho hablar de los demás debo sí o sí, decirle que es un hipócrita que quiere denostar a los dirigentes del P.J. porque esto, cree él, le da una imagen de dirigente que pertenece a la nueva política.

Lo que no sabe es que la política es una sola; los dirigente son buenos o malos, y creo que mintiendo y descalificando Sabbatella se encuentra dentro de los últimos.

Tratar de mafioso a los dirigentes del P.J. como los intendentes y el gobernador es otra hipocresía de este muchachito que vino a la política a enseñarnos a todos ética y moral. Yo me pregunto por qué primero no responde las acusaciones que pesan sobre su gestión, como por ejemplo:

a.- Qué pasó con Renacer. Sabbatella creó un sindicato municipal paralelo cuya mutual emitió 76 cheques sin fondos entre 2005 y 2008 de más de $ 500.000.

b.- Por qué gasta el dinero de los contribuyentes en recitales y plazas y se olvida que los más humildes necesitan del hospital y las salas periféricas que se encuentran cerradas en estos momentos, con lo que esto significa, si se tiene en cuenta la creciente demanda de atención sanitaria.

c.- Por qué puso como cabeza de la lista de concejales a su hermano, (la dedocracia vale para él sólo cuando la aplica el Sabbatellismo, la del resto de los partidos hay que señalarla como parte de las prácticas espurias de los aparatos)

d.- Cuánto gastó en la campaña y de dónde salió el dinero.

Y si le queda un poco de esa ética que dice derramar, y de la moral que demanda en los demás le pediría que por favor, alguien le avise que terminó la campaña y corte con la publicidad electoral, porque aún se pueden observar gigantografías y carteles en vía pública, que tiene un gasto de mantenimiento para nada barato.

Quizá, alguien pueda comentarle que con ese dinero podría ayudar a las familias mas humildes de Morón Sur, Castelar Sur, y Palomar, pero a esta altura lamentablemente creo que sería pedirle peras al olmo, porque Martincito no conoce las necesidades de sus propios vecinos y contribuyentes, y mucho menos, de los humildes.

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