Martín: "La campaña tiene que ser transparente y de respeto".

También les pidió a los candidatos propuestas que lleven solución a la gente, a la vez que exhortó a votar con conciencia. Agregó que no se pone en riesgo la gobernabilidad si el Gobierno pierde
Tras el mensaje pascual, en el que exhortó a tener esperanza a pesar de la crisis global, el obispo Eduardo Martín les pidió a los candidatos a diputados y senadores nacionales que la lucha electoral sea transparente y de respeto, así como también que presenten propuestas que lleven solución a los problemas de la gente.

En diálogo con PUNTAL, monseñor Martín también instó a los electores a votar a conciencia y agregó que una eventual derrota del gobierno nacional en las elecciones del 28 de junio próximo no pone en riesgo la gobernabilidad del país.

El obispo diocesano también habló del impacto de la droga en los jóvenes, la reducción horaria de las slots, el celibato de los sacerdotes y lo que dejó la visita ad limina al Papa Benedicto XVI.

-¿Cuál es hoy el mensaje de Pascua teniendo en cuenta el contexto de crisis?

-La palabra que más golpea en mi corazón en estos días es la palabra esperanza. Pero no una esperanza chiquita, sino la gran esperanza de que todos nuestros trabajos, nuestros sufrimientos, nuestros desvelos humanos, no son en vano. ¿Por qué? Porque Cristo ha resucitado. Entonces tenemos la gran esperanza de que todos los esfuerzos tendrán una culminación definitiva en la eternidad.

-En su mensaje de Pascua, habla de ser positivos. ¿La sociedad está hoy muy negativa?

-Es una tendencia casi natural que tenemos, por la herida del pecado, de ver más lo negativo que lo positivo. Por eso creo que es necesario dar una vuelta de campana. Muchas veces miramos la vida como algo que pasa y el pasado, con nostalgia. Pero desde que Cristo ha resucitado debemos mirar la vida como algo que viene. Es decir, entendiendo que lo mejor de nuestras vidas todavía no ha acontecido. Y cuando uno vive esta fe, esto te da positividad frente a todo.

-¿Qué lectura hace de la muerte de ex presidente Raúl Alfonsín?

-Creo que la gente ha hablado. Como que estamos necesitados de recuperar ciertas cosas que, en el andar del tiempo, se nos habían perdido.

-¿Por ejemplo?

-La defensa de las instituciones, el no rencor, la no crispación. Aún de los hechos más dolorosos, como la muerte de Alfonsín, que lamentamos, podemos sacar enseñanzas positivas.

-¿Necesita más diálogo la Argentina?

-Sí. A eso lo hemos dicho los obispos el año pasado en los momentos más difíciles de la crisis con el campo. El diálogo no es simplemente hablar de bueyes perdidos, sino buscar los puntos en común. Y saber ceder. Más cuando las situaciones se vuelven más complejas. Dos no riñen si uno no quiere.

-¿Hay riesgo de que se altere la paz social?

-Ha habido crispación. Cuando hay escaladas de cosas después éstas no se pueden frenar. La paciencia todo lo alcanza. Y es signo de fortaleza y no de debilidad. El ataque sí es signo de debilidad. Quien es fuerte resiste el mal y es paciente como Cristo en la cruz. Quien es débil tiene que atacar.

-¿Cómo ve este clima electoral previo al 28 de junio?

-Tiene que ser una lucha transparente. No digo que no sea enérgica o que no se digan con pasión las propias convicciones. Pero siempre en el respeto de los demás.

-¿Qué candidatos tienen que votar los católicos?

-La Iglesia habla de propuestas que busquen el respeto por la vida, la defensa de la familia, la valorización de las personas y los grupos. Estas son oportunidades que el ejercicio democrático nos da para revisar o confirmar lo que hicimos años atrás. Por eso es necesario tener buena conciencia, ilustrarse e informarse bien. Y después asumir los resultados con espíritu democrático.

-¿Si pierde el gobierno nacional, se pone en riesgo la gobernabilidad?

-Creo que no. No creo que eso sea un peligro hoy en la Argentina. Me parece que ya hemos tenido suficiente experiencia como para volver a tropezar con la misma piedra.

-Tanto el oficialismo como la oposición tienen una gran responsabilidad en ese sentido, ¿no?

-Claro, porque no es cuestión de debilitar a uno o a otro. La ciudadanía tiene que, de algún modo, y en estas circuntancias de crisis internacional, buscar aquellas propuestas que puedan ayudar más a una solución de los problemas.

-¿Qué deudas tiene el país?

-Nosotros tenemos que fortalecer las instituciones. Es algo que tenemos que seguir caminando y progresando. Y resolver los temas de la pobreza, la desnutrición y mortalidad infantil y la falta de educación.

-¿Cómo ve la problemática de los chicos de la calle?

-El aporte que ha hecho el padre (Eusebio) Barbero con su Ciudad de los Niños es un ejemplo a imitar que ojalá se multiplique. No sólo basta un presupuesto y una ley, sino que se necesitan personas de carne y hueso que encarnen un amor concreto y entreguen su vida a esta causa.

-¿Y la droga en los jóvenes?

-En ese tema, nuestro gran desafío como Iglesia es ofrecer un ideal a los jóvenes. Hay que buscar que se entusiasmen con algo grande y hermoso. Los jóvenes necesitan un ideal para sus vidas. Después está el ámbito del combate contra quienes producen y trafican las drogas que necesita de una gran valentía por parte del poder político, porque son intereses muy poderosos.

-¿Es suficiente con reducir el horario de las slots para mitigar la ludopatía?

-Por lo menos se tiene menos ocasión, menos posibilidades. Hacer una reducción es un paso positivo.

-Hay también en el Concejo Deliberante un proyecto para crear un registro para certificar la unión de parejas gays. ¿Cuál es su pensamiento al respecto?

-Creo que la ley tiene que garantizar lo que es la estructura básica de la sociedad. Entonces la pregunta que nos tenemos que hacer es qué sociedad queremos hacer. Porque la ley tiene que favorecer lo que es la estructura natural de la sociedad, que es la unión de un hombre y una mujer. Uno no puede prohibir. Una cosa es tolerar una situación, pero otra cosa muy distinta es darle el mismo estatus que la estructuración que tiene la sociedad.

-¿Qué misión les dio el Papa Benedicto XVI tras la visita ad limina?

-Nos pidió por las vocaciones sacerdotales, una pastoral familiar y juvenil más audaz, la formación de los laicos y el fomento de la religiosidad popular.

-¿Cómo está el tema de las vocaciones?

-En Argentina las vocaciones han disminuido, pero no en nuestra diócesis. Tenemos veintiséis, que es un buen número.

-¿Van a aplicar el criterio de rigurosidad en la admisión de los seminaristas?

-El Papa nos ha llamado la atención en general para un mayor discernimiento en torno de los candidatos al sacerdocio, sobre todo por los temas que ocurrieron vinculados con la moral y la pedofilia. No porque uno quiera discriminar, sino porque tiene que haber una mayor exigencia en la selección de los candidatos.

El celibato

-El caso del sacerdote de Laspiur que anunció que dejaba los hábitos porque se había enamorado reavivó el debate por el celibato. ¿Debe seguir el sacerdote siendo célibe?

-Por lo que uno conversa con los sacerdotes, entre nosotros no es un cuestionamiento. La Iglesia tendría autoridad para cambiar la disciplina. Pero no creo que eso sea hoy el problema. Nosotros entendemos el celibato no como una castración sino como un modo de realizar diverso, no fácil de entender, y menos en este mundo, pero que es posible.

-¿Considera que hay una campaña de ataque contra el Sumo Pontífice a raíz de las polémicas de las cuales él fue protagonista?

-El Papa Benedicto XVI es un hombre claro. Y lo han atacado muy injustamente. Es que dice cosas que no le gustan a Occidente. Es el defensor de los pobres.

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