"El martes 13 trae suerte"

Pipo se sienta por primera vez en el banco de River en un día especial para los cabuleros, pero no se hace drama. La mufa es para los demás: "Quiero que tiren a los rivales de cabeza", dice.
¿Sos supersticioso?

-Para nada.

-¿Pero no te da un poquito de miedo debutar justo un martes 13?

-¿Miedo? No, ja. Creo en el trabajo. No es magia.

El tipo va a contramano. Mientras pocos (o ninguno) se animan a elogiar a Boca, él se declara admirador de Bianchi y destaca a los líderes positivos del enemigo. Mientras los dirigentes y varios ex compañeros fantasean con pincharle el termo a Abreu, él dice que "con la salida de Seba se nos libera un cupo". Y mientras los hinchas prenden velas en la puerta del Sheraton para que llegue algún refuerzo, él asegura estar tranquilo "porque si no se dan, igual tenemos un gran plantel".

Es por eso que su respuesta no sorprende. Aunque los cabuleros recomiendan no ser 13 en la mesa, no cortarse las uñas ni el pelo, no casarse ni embarcarse, Néstor Gorosito no se preocupa. Al contrario: está entusiasmado y ansioso porque llegue la hora de salir a jugar. Y porque River, su River, deje atrás las pálidas. Por eso, mientras confirma quiénes serán los 11 que enfrentarán a Independiente, vuelve a pararse en la otra vereda de la creencia popular. "A mí no me preocupa la fecha. Estoy convencido de que podemos conformar un muy buen equipo. Y trataremos de empezar a demostrarlo. Por eso, para mí, el martes 13 trae suerte".

Ocupado en conocer bien a sus jugadores, en descubrir dónde pueden rendir mejor y en encontrar variantes donde no las hay (el ejemplo es la prueba de Quiroga como volante central). Así vive Gorosito su sueño de dirigir a River desde que llegó a Mendoza. Con pilas y bajando la línea de que no hay tiempo que perder. Machacando con trabajos de juego aéreo para terminar con uno de los mayores déficit de los últimos tiempos "porque no podemos dar ventajas". Preocupado por levantar anímicamente a un plantel que "estaba como me habían adelantado los dirigentes: muy golpeado". Abriendo las puertas de todos los entrenamientos pero manteniendo a los periodistas a unos 50 metros de distancia para que no se escuche si le dice una palabrita de más a un jugador. Cuidando los modos y las formas, sí, haciendo buena letra. Quizá por eso no se mete de lleno en la salida de Abreu ("es una situación que debe resolver él con los dirigentes, nosotros hablemos de fútbol") o admite que "todos queremos que vuelva Ortega" pero al toque reconoce que "si en lo económico no hay acuerdo, en unos meses lo vamos a tener gratis".

Hablando de fútbol, sabe que falta mucho camino por recorrer, aunque ya se imagina un equipo "con el que me sienta identificado, en el que mis jugadores traben y tiren de cabeza a los rivales y en el que ganemos por tres o cuatro goles". Una definición ambiciosa pero que desnuda su entusiasmo. Y de paso, las diferencias que ya había marcado con Simeone en el mano a mano que le dio a Olé a horas de asumir. Porque si aquél era un equipo a puro vértigo, Pipo destaca que "la prioridad es que no haya tanta urgencia, que nos pasemos la pelota entre nosotros y que los que corran para recuperarla sean los otros". Y porque si durante el 2008 Falcao tenía casi las mismas obligaciones ofensivas que defensivas y hoy "corre 80 veces para atrás, algo está mal". Tan mal, para muchos, como debutar un martes 13. Pero a él no le importa. Y mientras posa con la camiseta, pide que le tengan el llavero con la imagen de San Expedito, el patrono de las causas urgentes. Como su River.

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