Marquesado tiene miedo

Las rejas y alarmas ya no son suficientes. Por Avenida Libertador, en Marquesado, Rivadavia, ya no queda casa, finca ni negocio al que no hayan entrado a robar o simplemente a hacer daño, dicen los lugareños.
"La culpa es de la droga", asegura una señora y los demás vecinos reunidos coinciden en que ese es el motivo que hace que convivan a diario con la delincuencia. Allí todos se conocen, saben dónde trabajan y cuáles son los horarios de cada uno. Y eso es lo que más temen. "No podés decir nada porque si no, después hay represalias", afirma uno de ellos.

"Mi hija a las ocho de la mañana estaba abriendo la ventana y se encontró con un chico que le estaba sacando la tela mosquitera", dice Beatriz. A ella le robaron todos los chanchos y caballos que tenía en el corral de su campo. Y el último caballo que compró le duró un solo día. Por eso decidió no tener más animales.

La lista de víctimas de la delincuencia es larga. En la finca de Alberto, estaban podando y habían dejado herramientas y vestimenta a unos metros. En cuestión de minutos todo desapareció y no vieron a nadie. A Silvia le desvalijaron la casa y, para que los perros no hicieran bulla, les dieron comida que sacaron de su propia heladera. Teresa ya perdió la cuenta de la cantidad de veces que robaron su negocio. Los alambrados y palos de los finqueros desaparecen o son cortados todas las semanas.

Para caminar por los fondos de las propiedades, explican los vecinos, los delincuentes se abren paso por una especie de callejón comunero que está al costado de una de las casas. Esa calle va desde Libertador hasta el Estero de Zonda y no hay alambrado ni cerco que resista más de un par de días. "Los rompen y pasan con armas como si nada", dice Beatriz.

Y en el peor de los casos, sólo se trata de vandalismo. Eso pasó la semana pasada en la biblioteca popular de la localidad. La estaban arreglando y una noche la apedrearon dejando vidrios rotos por todos lados. Pero lo más dañino, lamentan los vecinos, fue el incendio por puro vandalismo del puesto de salud. Algo que pasó hace un par de meses y por lo que aún siguen sin atención médica.

"Acá no sólo está el problema de los chicos que se drogan, también necesitamos que alguien controle más las juntadas en la plaza y a los que van a los boliches y al dique", reclama otro vecino.

Hace más de un año varios lugareños se reunieron con las autoridades municipales. La propuesta del municipio, dicen los vecinos, fue usar una casa vacía de OSSE (ubicada en la Curva de los Tontos) para transformarla en puesto policial. También propusieron usar la oficina de información turística con el mismo fin. Pero al poco tiempo esa sede fue demolida. Luego pidieron que se volviera a instalar el antiguo puesto que la Policía tenía a unos metros de la plaza y que cerró hace unos 15 años. Pero todo quedó en planteos.

Ahora, después de varias reuniones, un centenar de vecinos ofreció la carrocería de un colectivo viejo para transformarla en una especie de trailer policial. Incluso, sostienen que la Dirección de la escuela Roque Sáenz Peña (también víctima de repetidos actos de vandalismo y robos) está dispuesta a ceder parte del frente del edificio para instalar el colectivo.

Mientras esperan alguna respuesta, los únicos efectivos policiales que pueden acudir a sus emergencias son los de la guardia de la Comisaría 13ra, que cuenta con sólo tres uniformados; los del puesto policial del Lote Hogar 34, que también son tres; otros tres de la base que está en La Bebida; o los de la patrulla motorizada. Eso teniendo en cuenta que esos pocos efectivos tienen que hacer recorridos de varios kilómetros y les resulta difícil poder cubrir todas las zonas, ya que la rutina diaria les exige ir desde la comisaría (ubicada por Libertador) hacia el Sur hasta Costa Canal y Calle 7, de ahí volver al Oeste hasta el Camping de Rivadavia para terminar en el paredón de Ullum.

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