¿María Irene Presidente?

Al vecino, que pasa del temor por la inseguridad al asombro por el grado de violencia que se instala en la Ciudad, el tema le resbala. Pero la definición del presidente del Concejo marcará el rumbo político. Ya se habla de la alianza local extendida del Gobierno local. Sólo eso: se habla.
¿Qué significa para la mayor parte de la vida concreta de los habitantes de una Ciudad el presidente del Concejo Deliberante? Poco y nada. O nada, directamente. Un presidente de Concejo (incluso un concejal, sobre todo uno solo, suelto y por la calle) no resuelve ni la carga de combustible para la semana, ni el remedio que hay que comprar de modo impostergable, ni la cuota, ni el conflicto con el socio o el vecino, por no decir que genera más ruido, muchas veces con declaraciones lejanas o aumentando una tasa que no tiene mejora de contraprestación alguna.

Un concejal, en síntesis, para el común de la gente, es alguien en quien hay que ponerse a pensar detenidamente (y muchos no tienen ganas) para saber qué hace, a quién le sirve, o para qué. Un presidente de Concejo, tal vez, es alguien que conviene saludar a la pasada, como a todo político en carrera, porque uno no sabe cuándo puede necesitarlo.

Un concejal, un político, a veces creen que ese saludo social, a veces amigable, es aceptación, o incluso apoyo. No lo es. Si los concejales supieran de verdad el lugar relegado y lejano que ocupan en las prioridades de vida de la gente se quedarían helados.

Para los políticos, en cambio, la presidencia del Concejo Deliberante es un cargo importante. Pesa. Define. Luce, pero también sirve. Cotiza y paga. En el universo de la política, la presidencia del HCD es una vidriera. Y una vidriera permite ganar exposición pública sin poner plata. Mucha exposición y difusión sin poner un peso. O mejor: cobrando bien y sin dejar el trabajo particular. Eso, en política, vale oro. O más.

De ahí que a días del ingreso de los concejales electos el 28 de junio, el gran tema a resolver es quién será el presidente del Concejo Deliberante. Una duda que no existía en los tiempos en que el intendente José Eseverri y el presidente del Concejo Julio Alem no solamente se llevaban bien sino que lo unía ese hilo de confianza mutua que ata a las personas hasta que se corta. Y que luego de roto de puede atar con nudos, pero no volver a hilar.

En aquellos tiempos, que vienen del eseverrismo de Don Helios, Alem era número puesto para presidente del HCD. Ahora no. Bajo la puja por pertenecer o no al kirchnerismo creció entre ambos un forcejeo que era tolerable mientras pudieron manejarlo, pero la confrontación tuvo excesos, cosas dichas, sobreactuaciones.

Hoy existe entre la tropa de José Eseverri, sobre todo su "mesa chica", y Alem un clima de desconfianza. Entre los concejales de la bancada oficial y el actual presidente del HCD, sucede otro tanto. No hay onda. Hay distancia. El trato ya no fluye.

Esa situación pone al eseverrismo en el dilema de tener que elegir a quién poner al frente del HCD. Ahora bien: si Alem es funcional a las votaciones claves del Gobierno local, como en cierta forma lo fue al salirle al cruce del pedido de prórroga de la cláusula transitoria de las tasas urbanas, este jueves ¿por qué el oficialismo le busca reemplazo?

Porque en la votación del Presidente del cuerpo, el eseverrismo ya no define ese cargo de modo vertical como sucedía en las épocas de Helios Eseverri. El estilo de José, ni pero ni mejor sino distinto en este punto, lo hace optar por una decisión un tanto más grupal, donde algunos (no todos) los concejales y referentes de su estamento cercano, opinan sobre quién los representa mejor. Y en esa opinión entran varios que ya se sienten cómodos con Alem.

Ahora bien ¿por qué María Irene Blanco tiene puestas tantas fichas para presidir el Concejo, si hace un mes no estaba en los cálculos de nadie? Pues porque algunas cosas cambiaron desde entonces, y varios candidatos alternativos salieron de carrera.

Alem tal vez salió del todo el día que la increpó duramente por las vacilaciones del Ejecutivo a la hora de poner y sacar el proyecto de las cámaras de seguridad sobre la esa de las comisiones. Exasperado ante la dubitación, Alem se le plantó ante testigos de otras fuerzas opositoras (Liliana Schwindt, por ejemplo) y ante peronistas que se sumaron hace poco al eseverrismo (Eva Cura, digamos) y la hizo quedar en ridículo. Desde ese momento, su renovación al frente del HCD se complicó.

El otro postulante posible por destreza, el curista Ignacio "Nacho" Aramburu también pierde posición a medida que corren las horas hacia la votación. Las voces que José Eseverri consulta en estos casos han empezado a mostrar que en su bancada quieren a un miembro de ese grupo en la Presidencia, y no a un aliado, por cercano que sea: "nunca se sabe cuándo pueden salir con otra cosa", murmuran los más desconfiados.

El otro dato que saca lentamente a Aramburu de las postulaciones es la tracción de votos opositores indefinidos. El curista sumaría en la postulación a Silly Cura pero ¿a quién más? Un eseverrista, en cambio, puede convocar tras de sí no sólo a los dos curistas sino también a otras fuerzas, tal vez Carola Patané, tal vez a Miguel Santellán.

Pero hay más: el único candidato a la Presidencia que está fuera del Concejo y podría ser promovido en lugar de Blanco ya está en otra ruta. A José "Pepe" Valenza, con licencia hasta noviembre como concejal y director de Ioma ya le salió la designación por decreto en el cargo rubricada por el gobernador Daniel Scioli. De eso hace cerca de un mes.

Sin embargo, un rumor que ni la bancada oficialista ni las autoridades del Concejo no desmienten marca que es muy probable que Valenza ya haya enviado su pedido de extensión de licencia en el cuerpo. Si ese papel es tan real como marcan las versiones que corrían este viernes por la tarde, María Irene Blanco está cada vez más cerca del sillón elevado del Concejo desde el cual se controlan las sesiones pero no se puede hablar.

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