¿María Irene intendente?

La semana pasada el interrogante era sobre la candidatura del actual Intendente: los hechos confirmaron la movida en siete días voraces que se deglutieron la realidad en horas. Ahora el interrogante es quién queda si se va de campaña.
Lo que Alem no dijo el lunes sobre lo que pasaría si el kirchnerismo empuja al Intendente a una nómina (``preparate porque asumís vos, María Irene (Blanco)´´) y un disenso con José que nunca fue una simulación, y ahora mucho menos. Los problemas para designar al uno de la lista local si José no acepta subirse. Y los problemas si se sube.

Si José Eseverri pide licencia para ser candidato a concejal o a senador en junio, Julio ``Chango´´ Alem también lo hará, para no asumir en su reemplazo. Para apartarse. Para no ser parte de la jugada de Néstor Kirchner de poner al frente de las boletas a los mandatarios locales, en la movida de ``candidaturas testimoniales´´ donde los intendentes se postularán pero no asumirán si ganan las bancas, locales o provinciales.

La noticia importa en sí misma: es entre significativa y políticamente inquietante, por llamarla de alguna manera, e impone consideraciones que dan para largo, como extensa tela para cortar.

Pero la postura, que puede ser definitiva, echa algo más de luz sobre el pasado: allí donde muchos creían ver un juego estratégico, una puesta en escena pensada para ``hacerle creer´´ a todos que José Eseverri y Julio Alem estaban peleados, no hay nada. Y la verdad es que ambos están cada vez más separados y las movidas del concejal no le sirven al Intendente, como quedó en claro en la apertura de sesiones del lunes pasado, ubicada a seis días cronológicos y a un millón de días políticos de distancia.

El título del panorama de la semana pasada, donde se adelantaba la estrategia de Néstor Kirchner para subir a los intendentes a las listas de senadores provinciales y concejales se titulaba ``¿José senador?´´. Con el agregado del problema de Alem haciendo retranca si lo querían llevar a ese terreno.

Visto que quedó en claro que K empuja esas postulaciones, ahora queda por ver qué pasa si el Intendente se sube a una lista. Por eso, comprobada también la retranca, la pregunta apunta a quién gobernará la Ciudad si el mandatario pide licencia para la campaña: ``¿María Irene (Blanco) intendente?´´.

A esa pregunta corresponde apuntarle.

Una ventaja con problemas

Más allá del modo en que los intendentes de la Provincia (y el gobernador Daniel Scioli) hayan planteado la mecánica de subirse a las listas de concejales y legisladores, ir a la elección, obtener escaños y al otro día renunciar y volver al Ejecutivo, llevar a cabo esa operación tendrá en Olavarría consecuencias muy concretas. Del tipo donde puede utilizarse la bisagra de medición del ``un antes y un después´´.

Colocar a los intendentes al frente de listas legislativas, de concejales de distritos o postulantes provinciales o nacionales, tendrá la forma de un plebiscito de gestión (o de modelo) con consecuencias sobre la gobernabilidad que tal vez el kirchnerismo no ha medido del todo.

Los plebiscitos, como los referéndums, son utilizados generalmente para obtener aprobaciones mayoritarias a alternativas globales, fuera de la agenda política convencional: un cambio de régimen, una reforma constitucional, una decisión de Estado, un rumbo de Gobierno.

Pero también generalmente conserva un formato que prevé la validación total de uno de los resultados: es dicotómico, dual, tajante y austero en las alternativas. Se decide por esto o por aquello, por sí o por no, por reforma o por nada de reforma, por negro o por blanco. Es decir, la alternativa que gana supera el 50%, es siempre mayor a la que pierde, no deja lugar a dudas acerca de dónde estuvo la opinión de las mayorías.

El problema del plebiscito de gestiones que propone el Gobierno nacional es que, efectuado en condiciones de elección legislativa, le impone a los intendentes innumerables alternativas de riesgo.

Supongamos que José Eseverri es candidato a concejal en primer lugar, como cabeza de lista testimonial: ¿qué hará el lunes 29 de junio si el domingo 28 pierde? Arriesgar la situación política de Olavarría de tal manera puede responder a una ingeniería nacional, pero nunca a una conveniencia local. Supongamos que el candidato a senador provincial: ¿qué pasa si esa nómina no gana en la Ciudad?

Las proyecciones especulativas anteriores ni siquiera contemplan el problema adicional de la credibilidad de la lista: todos los electores, desde el arranque, saben que los candidatos a los que están votando no son candidatos sino apenas apellidos en una boleta, y que jamás asumirán los cargos para los cuales le piden apoyo. Ese desvalor es por ahora indescifrable, porque de última no es oculto sino explítico y claro, pero tampoco debe despreciarse.

Ahora bien: allí no se acaban los riesgos. La altísima exposición que asumirán los intendentes tiene otros problemas a futuro, que tienen que ver con los problemas ya mencionados de fusionar dos instancias de votación totalmente distintas (elección de candidatos y referéndum de opinión de mayorías), solamente porque en ambas la gente pone papeles en una urna.

Si la elección legislativa no se deformara, el 28 de junio los ciudadanos votarían (siguiendo el ejemplo local) concejales. El Ejecutivo participa de modo indirecto en la elección: el resultado es visto en términos de aprobación parcial, y en tanto la lista oficial salga primera, el resultado favorece a la gobernabilidad.

Pero el 28 de junio será levemente diferente. Ya vimos que una derrota pondría severos interrogantes en la continuidad. Pero si al frente de una lista está un Intendente y se marcha a la elección con anuncios de plebiscito: ¿qué pasa si la lista oficial gana pero no lo hace de modo categórico, con porcentajes cercanos al 50%? Ubiquemos el siguiente escenario, que en caso de que no jugara el Intendente sería muy bueno para José, pero si juega no lo es tanto: la lista oficial saca el 34% de los votos, las dos listas opositoras que le siguen sacan el 30% y el 24% (o un abanico de colectoras se lleva no ese 24% del segundo lugar sino que suman un 31% entre todas): ¿el plebiscito se gana con el 34% que aprobó al Intendente o la mayoría real es la que optó por el 54% o el 61%, que no lo votaron?

Pero la jugada tiene otros problemas. Y están cerca (o dentro de la gestión): como ya adelantó en parte esta columna la semana pasada, el primero en la línea sucesoria del intendente José Eseverri (y quien debe reemplazarlo para que el mandatario local pueda llevar a cabo la jugada que le pide Néstor Kirchner) no participará de la táctica.

``Preparate vos, María Irene´´

Luego de que este panorama anunciara la movida del ex presidente para que José Eseverri y varios intendentes más se suban a las listas legislativas, Alem se dedicó desde la noche del domingo a la tarde del lunes a repasar mentalmente lo que iba a decir en la noche de apertura de sesiones. De hecho no consultó nada con el Intendente, y el evento fue un choque de criterios sobre rumbos de Gobierno, en vivo y ante la principal audiencia política local, que fue.

Pero Alem, a último momento, no pronunció una frase que sus íntimos sabían que iba a decir. Por pudor o porque los rostros del auditorio se iban contracturando a medida que hablaba, ``Chango´´ se mordió a lengua justo antes de pronunciar la frase que era una declaración de confrontación total con el kirchnerismo, desde la Rosada al Palacio San Martín: ``Y ahora que se está hablando de la posible candidatura de José (Eseverri) para legislador, yo te digo María Irene (Blanco, siguiente en la línea de sucesión): ponete linda, y preparate tu mejor peinado que vas a ser Intendente interina, porque yo en ésta no me prendo´´, era más o menos la oración que hubiera incendiado el recinto, y que calló a tiempo.

Ese paso al costado, junto a las definiciones que dio esa noche, indican que no hay ya táctica alguna en la pelea entre el Intendente y su primer reemplazo legal. Por varias cuetiones.

Utilidad. La separación de Alem , y su crítica al kirchnerismo, ya no son electoralmente redituables. La distancia entre ambos dirigentes no le aportará un solo voto al Intendente y sí, al contrario, puede quitarle apoyos si encabeza la lista, porque lo afecta en imagen.

Intereses. Como bien lo mostró el rostros del jefe de Gabinete, Héctor Vitale, durante el discurso de apertura, en el Palacio San Martín saben que los tiempos de Alem no son los del eseverrismo, y que esta es la última elección donde pueden asegurar que el concejal no disputará cargos. En la próxima no se subordinará tan fácilmente al designio de José.

Jerarquías. Entender que Eseverri y Alem están confrontando de la manera que lo hacen por un acuerdo entre ambos sería aceptar que el segundo convalida muy contento un descenso permanente de su figura en la escala de jerarquías políticas de la Ciudad, en una escalera ya sin fondo. Alem fue intendente interino y primera figura en reemplazar en Olavarría, con cierto éxito, a Helios Eseverri. Bajó de ese pedestal al número dos solamente porque el grupo sucesor entendió que José debía ser Intendente. Luego del Triunvirato, Héctor Vitale pasó a ser jefe de Gabinete y lo eclipsó: cayó a número tres. Luego fue postergado de nuevo: José, Vitale, Luis Mosquera y Eduardo Rodríguez formaron la ``mesa chica´´ donde el Intendente consulta sus decisiones. Alem: al cuarto puesto. El lunes, José Eseverri lo bajó un escalón más: le dijo que apoyaba el proyecto de Gustavo Alvarez sobre afectación de fondos del Impuesto a la Piedra, minutos después de que Alem criticara la iniciativa. Alvarez es su referente ideológico en el HCD, y no Alem, que pasó ese día a número cinco. ¿Es lógico que el concejal apruebe alegremente ese descenso de primero a quinto en la escala política oficial?

En parte por eso, y en parte porque sabe que el oficialismo tampoco tiene figuras que lo superen en predicamento, el concejal no se sumará a la campaña (y menos como interino por tiempo determinado).

Hasta que se conoció la idea de Kirchner, el oficialismo no sabía muy bien cómo armar su lista. Pensaron, primero, en Héctor Vitale, pero las mediciones de imagen le dan mal.

Vitale no levanta en consideración en las mediciones de Luis Mosquera, y en el oficialismo optan por patear la pelota afuera: admiten que el jefe de Gabinete mide flojo, pero lo atribuyen a una supuesta confusión del olavarriense medio, que no sabe discernir entre "Vitale? y así le atribuyen a Héctor lo que en realidad sería de Mingo. Es una tesis, para nada probada.

A Margarita Arregui le da mejor, pero una misteriosa razón la mantiene lejos de la candidatura a concejal. La opción apunta a otros incondicionales: la secretaria de Legales, Carolina Szelagowski, y el secretario de Cultura, Eduardo Rodríguez.

Con ambos hay inconvenientes en la construcción de una postulación: Szelagowski debe tener un grado de desconocimiento alto, porque ni siquiera es de Olavarría, y en la gestión tiene pocos reemplazos a la vista. Rodríguez tiene un problema de apellido: es tan pero tan común que la gente en las mediciones no lo vincula ni siquiera con la gestión en Cultura, que rinde muy bien y en los sondeos cotiza por las nubes.

Si Vitale no luce, Szelagowski y Rodríguez no movilizan, y Arregui no quiere: ¿qué apellido pondrá el oficialismo en letra más grande y negrita en el primer lugar de la lista de concejales? De nuevo, el de Eseverri (o el de Alicia Tabarés, que conserva imagen alta) son que más cotizan.

Eso sí, quedarían sin apellido ilustre en el Palacio San Martín: María Irene, a secas, Intendente interina.

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