"Marcos realmente cumplió con su parte del trato; la otra parte, no"

La viuda de Marcos Alonso habló por primera vez. En entrevista con EL POPULAR habló de los últimos días de su esposo, del cambio en el carácter y de sus temores. Dio detalles precisos del día en que -asegura- acompañó a su marido en auto hasta la casa del juez de Garantías, Antonio Saladino, a quien presuntamente habría entregado un dinero. "El venía sospechando que algo le podía pasar. De hecho, ese 18 (de enero) él me dice "si me pasa algo, apuntá acá...", relató.
Fabiana Márquez pasó de la vida a la muerte en apenas unos pocos instantes. A los 43 años, volvió a ser madre. Ese 7 de enero pujó y pujó, con su marido al lado, hasta que la pequeña Emma salió al mundo y estalló en llanto. Dieciocho días más tarde irrumpió la muerte aberrante en su historia. Era la esposa de Marcos Alonso, el abogado penalista asesinado en lo que pasó a ser el caso policial más resonante de los últimos tiempos. Y que promete ribetes escandalosos para el poder.

Es la primera vez que habla públicamente. No lo hizo, hasta ahora, con ningún medio periodístico. Y si bien quiso preservar muchos detalles de lo que fue su larga declaración testimonial en la causa por el homicidio de su marido, hay otros que dejó en claro. Fabiana Márquez habló a EL POPULAR del presunto pago de dinero al juez investigado y aseguró que ese pago se habría concretado entre las 14 y las 15 del 2 de enero. "Yo le tocaba la bocina desde el auto para que se apurara. Estaba con los chicos y hacía mucho calor", reconstruye en un relato en el que, sin embargo, evitó especificar cifras de dinero que sí dio a la fiscalía.

Mientras tanto, la pequeña Emma dormía plácidamente cuando su mamá contaba a este diario cómo se conoció con Alonso, cómo había mutado en su carácter en el último tiempo y cómo tendrá que esperar largos seis meses para poder lograr que la beba lleve el apellido de su papá. El fue asesinado el día antes de que la inscribieran en el Registro Civil. Ahora, habrá que sustentar con un ADN que confirme a la Justicia esa paternidad.

-¿Cómo fue ese lunes 25 de enero?

-El se habrá ido de casa diez y media u once menos veinte. Yo me fui a sacar sangre, vuelvo, tomo unos mates y lo fui a despertar nueve y media o diez menos cuarto. Estaba durmiendo en la cama grande con la beba. A mí me queda el poder decir que disfrutó a la hija de 20 días hasta el último momento. El decía "me la traje porque lloraba". No... mentira. La nena no lloraba, la nena era todo para él. El entraba a casa y a cualquiera que la tuviera en brazos le decía "dámela". No la cambiaba ni le daba la leche pero la molestaba, la pellizcaba para que hiciera el eructito, todo lo que hacía que lo definía en cómo era... Marcos era el motor de esta casa. Era un cascabel. Era un tipo servicial, cordial, que vivía para su familia, para sus amigos. Era súper laburador, lo llamaban a las dos de la mañana y salía; lo llamaban a las tres de la tarde y salía. El teléfono lo tenía permanentemente prendido. Nunca le falló a nadie y nunca le dijo que no a nadie. A él lo llamaban y siempre estaba.

-¿Ese día llamó a su papá para pedirle dinero?

-Nosotros por seguridad teníamos el dinero en casa de mi padre. En ese momento él lo llama a mi papá y mi papá le pregunta "¿para qué?" y él le dice "es para terminar de pagar la casa". Pero nosotros calculamos que ya estaba apretado. Habrá hablado doce y pico con mi papá y yo hablé con él por última vez a la una y veinte o una y media de la tarde. Le digo "hola, amor" y me dice "estoy todavía en la Brigada". Yo le dije "uy... ¿todavía en la brigada?". El me dijo "hay cosas que cuesta terminar. Ahora termino y voy para casita".

-¿Era un tipo confiado?

-Era superconfiado. El creía en las personas. Y el creer en las personas lo llevó a este final. Más de una vez yo le decía "tené cuidado, Marcos, fijate". Y los amigos también se lo decían. A los verdaderos amigos me refiero. Pero él no creía que alguien lo podía defraudar porque él no defraudaba a nadie. Era de esos tipos que le daban valor a la palabra y que no necesitaba un papel.

-¿Cómo se conocieron ustedes?

-Marcos fue mi primer novio, a los 13 años. Ibamos juntos a primer año en la Escuela de Comercio. Ibamos a las americanas juntos, bailábamos juntos. Después se fue de Olavarría y 24 años más tarde, con las vidas hechas y deshechas, como quien dice, nos volvimos a encontrar. Ahora se iban a cumplir cuatro años de eso. Y decidimos juntos tener un hijo que era como cerrar ese círculo que habíamos empezado hace 30 años atrás y nos duró... nada. Estábamos felices con esta hija. Era una bendición de Dios esta bebé. El quería tener una hija mujer. El día en que le dije que era nena estaba feliz y a partir de ahí me empezó a acompañar a todas las ecografías porque él la quería ver. El 7 de enero, cuando nació Emma, estuvo en el parto y cuando salió de la sala de partos, iba orgulloso diciendo que se corrieran, que él era el dueño de la gallina. Tenía una felicidad tan inmensa. Marcos tiene otros dos hijos pero esta bebé había llegado en otro momento de su vida. Y para nosotros esta bebé significaba cerrar ese círculo que empezamos 30 años atrás.

-Volvamos a ese día. ¿Cómo fue la despedida esa mañana y cuándo empezó a sentir preocupación?

-Cuando salió en la puerta le pregunto "¿qué querés comer?" y me dice "voy y vuelvo. Cuando vuelvo, vemos, amor". Prendió un cigarrillo, me dijo chau y estoy esperando que vuelva. Cuando hablamos a la una y pico... pienso que hasta eso maquinaron, le permitieron despedirse de mí, tengo esa sensación. Me dijo "lo que pasa es que hay cosas que tardan en terminar" o algo así. Como a mí me resultaba muy extraño que él no me llamara y que cada vez que yo lo llamaba, saltara el contestador automático, empecé a llamar a los amigos a ver si Marcos se había comunicado con alguien. Averiguamos en las clínicas, en el hospital, hasta que a las nueve y media de la noche fui a la Comisaría Primera a hacer la averiguación del paradero. Hasta ese momento, yo entraba y salía de casa todo el tiempo y no podía creer que cada vez que lo llamaba me saltara el contestador. La última llamada que yo le hice, la tengo acá registrada todavía, fue a las once y veinticinco de la noche. A las dos de la mañana, lo encontraron y vino la fiscal a casa a decirme... Después...después todo fue un calvario, tuve duelo el lunes, el martes, el miércoles. Hicieron la autopsia en Azul y lo entregaron como a las nueve y media de la noche para empezar el velatorio. Fue empezar con los trámites y los amigos me evitaron el dolor de tener que reconocerlo y de hacer un montón de cosas.

-¿Era un tipo de muchos amigos?

-Ahí se vieron los verdaderos amigos de Marcos. Hoy por hoy los puedo contar con una mano cuando en otro momento, acá, en casa, llegaron a haber treinta personas comiendo. Pero hoy sólo con los dedos de una mano te puedo decir quiénes fueron los amigos de Marcos. En otros momentos yo he visto pasar gente acá a montones.

-¿Cree en la Justicia?

-Ahora está todo en manos de la Justicia. Yo quiero tener fe en la Justicia. Porque si no, Marcos está muerto por nada. Quiero tener fe en la Justicia y quiero creer que la Justicia va a hacer las cosas como corresponde. En mi declaración está todo lo que yo vi. Yo lo que te puedo decir es que no hablé de 23.000 pesos. Ni tampoco de que había entregado 15.000 pesos. Yo no hablé de esa cantidad. Disculpá pero no quiero dar precisiones sobre el dinero. Yo soy consciente de que vamos a necesitar de los medios que van a ser, junto con la justicia, los que van a hacer que esto no quede impune. No es la primera vez que pasa algo en Olavarría. Los medios van a ser los que insistiendo, insistiendo, no olvidándose, se llegue a la verdad. Esto que pasó es muy grosso. No se puede olvidar.

-Entiendo que no quiera decir cuánto dinero había de por medio. Y también que me diga esto para subsanar un error informativo. Pero ¿fue también un error decir que usted declaró que acompañó a su marido en auto hasta la casa del juez de Garantías, Antonio Saladino, para que hiciera una entrega de dinero?

-No, no, en eso no hay error. Yo lo que no sé es si fueron 23.000 y si fue en papeles chicos o grandes. Si eran chicos, grandes o cómo eran, yo no lo sé. En mi declaración yo dije lo que vi en mi casa. Y lo que yo dije es la verdad de lo que vi en mi casa. Y yo creía firmemente en la palabra de Marcos, más allá de lo que vi. Yo creía en la palabra de mi marido. Yo me acuesto y lo poco que yo duermo, lo duermo en paz porque dije toda la verdad. Y Marcos me está guiando. Yo no oculté nada, no necesitaba mentir ni por nada ni por nadie.

-¿Qué día declaró que habían ido hasta la casa del juez?

-Fue el 2 de enero. El a este señor (N. de la R: se refiere a Walter Gallastegui) lo entrega el 6 de enero aunque en ese momento para mí la fecha era confusa porque mi hija nació el 7 de enero.

-¿A qué hora fueron ese 2 de enero?

-A la tarde. A las dos o tres de la tarde. Hacía un calor bárbaro, yo estaba embarazada, andábamos con tres nenes en el auto. Y Marcos nos dejó como 20 minutos afuera. Yo tocaba bocina para que volviera, hacía un calor bárbaro, los chicos querían ir a la quinta, pero él tenía que cumplir con su palabra.

-¿Le dijo que estaba haciendo?

-Marcos a mí me contaba el 90 por ciento de las cosas. El sabía que yo no lo iba a defraudar, que yo no lo iba a traicionar, que yo no iba a hablar. Marcos a mí me contaba muchas cosas. Y me había contado eso también. Por ahí no me contaba una causa con datos precisos pero sí lo que hacía o no hacía. Era mi marido y él me contaba sus cosas. Como por ahí no me contaría otras. Había otras que yo ignoraría completamente. Pero las cosas importantes me las contaba. Por eso, yo sé lo que sé. Vi lo que vi. Me dijo esto es para esto, esto es para lo otro. No es que yo lo supuse, ni me lo creí. Como también me dijo "si a mí me pasa algo hay que apuntar acá".

-¿Cuándo le hizo esa advertencia?

- Fue el 18, creo, en que hizo la apelación.

-El otro día, cuando hablamos por teléfono para concertar esta entrevista me dijo que a Marcos le soltaron la mano. ¿Lo siente así?

-Y sí... Yo siento que fue causa-efecto. Porque hicieron que él quedara como un mentiroso cuando él no había mentido. Y esto que dicen como que confundió la amistad con lo laboral, no, no... El no confundió nada. El no le mintió a su defendido. No es que él le dijo yo tengo todo arreglado y no tenía nada arreglado. El a su defendido fue y le planteó eso con lo que con él se habían comprometido. Y él cumplió con su palabra. El cumplió con su parte. La otra parte, no. Pero bueno... es la conciencia de quien corresponda. Quien se quiera hacer cargo que se haga cargo de lo que no cumplió. Hicieron que él quedase como un mentiroso ante su defendido, como que era un trucho, cuando no era así. El realmente cumplió con la parte del trato. Yo leía que esa persona dijo que Marcos estaba tranquilo, no... Esa amenaza que recibe Marcos, que no sé las palabras exactas que tenía, le había cambiado el carácter. Estaba pensativo.

-¿El era un tipo de quedarse callado?

-No, para nada. En los últimos días era como que se tildaba. No dormía. Normalmente, cuando yo me iba a acostar, al ratito estaba. Y a partir de la amenaza que recibe, era como que estaba triste, preocupado más que nada.

-¿Cuándo fue?

-El venía sospechando que algo le podía pasar. De hecho, ese 18 (de enero) él me dice "si me pasa algo, apuntá acá...".

-¿Pero todavía no había recibido la amenaza?

-Yo no sé si era una amenaza formal. Pero capaz que él lo intuía y por eso tal vez me dice lo que me dice. Estaba muy preocupado.

-Desde adentro ¿cree realmente en la Justicia?

-Yo creo... no sé si es lo que creo pero es lo que me hace mantenerme en pie... Sé que actúo como una estúpida. Quiero creer que se va a hacer Justicia. Yo todos los días me levanto y digo "hay que seguir adelante. Sólo por hoy". Y mañana me levantaré, lo lloraré un rato sola con unos mates y me diré "sólo por hoy". Yo no puedo caerme.

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