Marcos Juárez: la moneda corriente es la desconfianza

En la zona sigue existiendo un alto poder adquisitivo, pero la desconfianza por la falta de solución al conflicto del campo paralizó la economía.
Hay que ser claros: no es que Marcos Juárez se haya empobrecido de un día para el otro, ni tampoco que ejércitos de desocupados vayan por sus calles buscando algo para hacer. Nada que ver. Pero sí es una verdad palpable, respirable en todos los rincones de este poderoso polo agrícola e industrial, que la desconfianza emergente por el conflicto del campo ha comenzado a resquebrajar su economía y a sembrar de nubarrones el horizonte. Y es también un dato fácilmente de inferir que si a esta ciudad le va mal es porque a otra enorme cantidad de pueblos del interior que reverdecieron con el boom de la soja, les está sucediendo al menos algo parecido, en su escala y con sus propias características.

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Son las 4 de la tarde del caluroso jueves. Algunos negocios comienzan a abrir sus puertas, pero las calles están por ahora despobladas. La gente permanece unos minutos más en sus casas, pasando la sagrada siesta del interior, matizada por los encendidos discursos que los integrantes de la Mesa de Enlace lanzan en el acto que se realiza en Córdoba y que llega a través de la televisión.

"¿Quiere un mate? No veo la hora de que se acabe este conflicto. En la fábrica nos cortaron las horas extras, así que para pasar la tarde y no pensar más pavadas vengo a ayudar a la ferretería", comenta un muchacho alto, fornido, empleado de una metalúrgica, según dice.

Él está convencido de que solucionado el conflicto, la actividad se recuperará. Es que en esta ciudad-pueblo de 27 mil habitantes los datos circulan rápido. Todos saben, por caso, que Metalfor (500 dependientes, una de las principales fábricas de la región) bonificó la mitad del valor de las retenciones para la compra de máquinas y, con eso, consiguió vender 26 pulverizadoras en febrero contra siete de enero.

"Esto es una prueba concreta de que si las retenciones bajaran a la mitad, la rueda funcionaría", analiza Rafael Tosco, gerente de Ventas de la fábrica. En el caso de un productor con soja, el descuento es de 17,5 por ciento y si tiene maíz, de 12,5. "Esta oferta termina a fin de mes: las empresas no podemos sustituir al Estado porque nos quedamos sin margen", apunta.

Pero como el nivel de retenciones sigue firme y el conflicto recrudeció, la desconfianza es la moneda que más circula: los 600 productores con distinto tamaño de explotación que, según estimaciones del municipio tiene la zona, escondieron las chequeras y al instante se enfrió el consumo.

La soja prohijó barrios con casas de gran tamaño y una decena de nuevos edificios de departamentos, inversiones que se enfriaron. "La construcción cayó a la mitad comparada con marzo del año pasado, en un proceso que comenzó en diciembre. Los edificios siguen a un ritmo mucho más lento y la cadena de pagos está cortada, con cheques devueltos o demoras en la cobranza", describe Eduardo Di Benedetto, proveedor de tuberías y sanitarios.

Ese freno ya impacta en la oferta de mano de obra y en los precios. "En noviembre no conseguía gente para trabajar, ahora vienen dos o tres por día a ofrecerse", recalca Víctor Peralta, un contratista. "Además, en obras que necesitan 15 personas se están ocupando siete u ocho", añade. Un metro cuadrado de revoque grueso, que a fin del año pasado se llegó a pagar hasta 50 pesos, descendió a su nivel normal, 17.

La ciudad contabiliza 300 firmas agro-industriales y unos 1.500 comercios, pero hasta ahora la caída no acusó cesanteados. "Al municipio vino un solo despedido porque para empleados de empresas en crisis tenemos en marcha un programa de bonificación del ciento por ciento de la tasa inmobiliaria. Eso demuestra la responsabilidad con la que se han movido los empresarios", recalca Claudio Venturi, secretario de Producción.

Los más dañados son los pequeños talleres proveedores de partes o servicios a las fábricas de maquinaria agrícola, establecimientos en los cuales trabajan los propios dueños. Ahí, es más difícil medir el impacto de la crisis, apunta el funcionario que integra el gabinete del intendente Eduardo Avalle.

"Aquí la desocupación era de dos por ciento y la indigencia se reducía a casos puntuales, creo que con obra pública podemos seguir así un año más", manifiesta, esperanzado, Avalle, mientras espera que la sequía de recursos –mucho más fuerte que la del agua– pase lo más pronto posible.

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