Marchas por la seguridad con críticas al Gobierno

Diez mil personas manifestaron en Plaza de Mayo
Con un fuerte tono opositor al Gobierno, unas 10.000 personas respondieron a una convocatoria para protestar en la Plaza de Mayo por la inseguridad, la preocupación principal de los argentinos según todas las encuestas conocidas. En un acto del cual no participaron estructuras partidarias, sus organizadores aprovecharon para marcar diferencias con la política oficial y exigir medidas para controlar el delito. Paralelamente, en otras ciudades del interior del país hubo concentraciones con reclamos similares.

Desde un precario palco pegado a la Pirámide de Mayo, el orador central, el rabino Sergio Bergman, puso énfasis durante su discurso en las críticas al Poder Ejecutivo. Con frases como "No hay que confundir el legado de Perón con las locuras de Nerón. Hay una Argentina que puede ser República después de Néstor", fue marcando el perfil que iba a tener su intervención.

Temprano comenzaron a llegar los familiares de las víctimas, con carteles y fotos de las personas asesinadas. Se mezclaban parientes que denunciaban casos de gatillo fácil con otros que recordaban crímenes en episodios de inseguridad. Cerca del nutrido grupo que rodeaba la Pirámide de Mayo repartían unos carteles de plástico con los colores de la bandera argentina en los que se leía: "Basta de inseguridad". Entre los carteles de los familiares se destacaban los de Diego Peralta, secuestrado y asesinado en 2002, y de Diego Miguelis, a quien lo mataron de tres tiros por la espalda en marzo de 2008. También había famosos como la modelo Carolina Baldini, la conductora Karina Mazzocco y el cómico Nito Artaza.

Desde los micrófonos repetían el carácter independiente del acto. El locutor insistía que sólo iban a hablar tres religiosos y ningún político. "El acto es apolítico porque con el dolor no se juega", se escuchó por los altavoces.

"Si entran a mi casa los voy a matar. El que mata tiene que morir", le dijo María de Lanús a Clarín, citando la frase de Susana Giménez. La mujer sostenía una cartulina blanca con la frase: "Pena de muerte a los delincuentes". "Quiero que la seguridad de mis hijos sea la misma que los de Cristina (Kirchner). No creo en la pena de muerte, porque soy católica y creo que el único que puede terminar con la vida de una persona es Dios. Pero igual pienso que el que mata no debe salir nunca más de la cárcel", opinó Norma, de Ramos Mejía, quien fue sola hasta la Plaza.

Cuando la luz del día empezó a irse, el locutor anunció que comenzaban a hablar los oradores. Primero, tras unas breves palabras de un sacerdote musulmán, continuó Bergman. Solicitó que bajaran las pancartas para que desde el fondo lo pudieran ver y llamó a un minuto de silencio. Recién entonces comenzó con su discurso. "Como puede ser que el mal trabaje tan bien y que el bien lo haga tan mal", fue la primera frase que arrancó aplausos. Y enseguida apuntó sus críticas al Gobierno: "Tenemos que tomar eso que aprendimos de los hermanos del campo. Hay que organizarse para defendernos. La inseguridad se resuelve con decisión política. Hay que reconstruir las instituciones y restaurar la República". Por último, dijo: "Hay que llenar las mesas para que no nos roben los votos. No entreguen ningún voto ni la dignidad".

A su turno, el sacerdote Guillermo Marcó habló de no caer en el ojo por ojo, diente por diente. Pero cuando un manifestante pidió la pena de muerte, el cura sorprendió diciendo: "La pena de muerte tienen que instrumentarla los jueces. No dejes que el odio te llene el corazón".

La presencia política fue muy discreta. En el acto estuvieron Alfonso Prat Gay, uno de los referentes de la Coalición Cívica en la Capital Federal, y el asesor de Seguridad de Francisco De Narváez, Eugenio Burzaco.

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