La marcha y la bronca

Cuatro días antes de la marcha el Ejecutivo entendió que no podía parar la movilización. Pero las dudas con las que procedió ocultan otro dato: el Palacio San Martín está tratando de digerir un duro golpe en las encuestas.
La dura conclusión de la reunión donde se trató de disuadir a los fomentistas. Pero la clave está en el peso de los números y las mediciones del ánimo social. El dato infoeme.com: esta noche a las 22:00 (después del partido de Ferro) infoeme.com publicará una encuesta propia realizada por una consultora local, que muestra el grado en que los olavarrienses ponen a la inseguridad por encima de todos los otros problemas de la Ciudad.

Supongamos que una semana tan compleja como la que pasó puede sintetizarse en el resultado que impone sobre el lunes siguiente. Supongamos más: que la semana y su resultado puede analizarse en cuatro variables, cinco a lo sumo. Intentaremos esa vía.

Es un hecho que la movilización por la seguridad demarca un fenómeno interesante para analizar, y que habrá que mirar con ojo atento: como manifestación, la marcha reúne componentes externos (la inseguridad como fenómeno provincial) y locales (el planteo al poder político, policial y judicial) que articulan entre sí para crear una tarde imprevisible.

Y en esa amalgama, el cambio de criterio del intendente José Eseverri, que pasó de tratar de desarmar la marcha a convocar a ir, es el gran proceso que debe explicarse por sus variables internas.

No todas, claro: apenas las que pudo olfatear o chequear este cronista. Y que son las siguientes:

Hay una encuesta desfavorable. Una como mínimo, y no pinta bien en el rubro de la imagen del Intendente. Es oficial, lo cual en el Palacio San Martín preocupa más todavía: que a La Plata lleguen números de baja apreciación de la gestión local implica una caída del grupo político oficial en las cotizaciones de la Bolsa política donde más han invertido energías desde que están en gestión: en la de Daniel Scioli. El Ejecutivo se enteró esta misma semana o a lo sumo la anterior, y sintió el impacto. Eso explica la errática táctica posterior, que empezó por descalificar a la Multisectorial, luego tratar de desactivar a los fomentistas y, al constatar el error, publicar una carta a los vecinos y luego invitar a la movilización. Más que obra de un Gobierno perverso, el extravío corresponde a hombres confundidos, o golpeados por la realidad de las mediciones de opinión pública. Con dos agravantes. 1) Esos números le dan bien a Julio Alem. 2) Como se explica a continuación, Alem decidió desde el primer momento estar en la marcha.

En bandeja para “Chango”. José Eseverri sabe desde el primer momento que constató que la marcha iba a ser fuerte que Julio “Chango” Alem iba a estar allí, bien visible. Lo sabe desde la asamblea ruralista donde Alem arremetió duramente contra los Kirchner y a pesar de seguir en el Gobierno local en la visibilidad pública ya está en otro espacio. Si José –y el peronismo eseverrista, que salió a convocar entre el sábado a la noche y el domingo- no iba a la plaza le dejaba por primera vez un amplio espacio social que confronta con su Gobierno y que sin saberlo busca liderazgos que lo representen, siquiera a modo de síntesis pública. Si son hábiles y eluden el aspaviento, los referentes de la Multisectorial se posicionarán favorablemente. Pero Eseverri le teme a Alem (a quien ya le atribuye un severo estado de inseguridad pública por su breve gestión, cuando habla de “un muerto en un tiroteo a 50 metros de nuestro local de campaña”). No sólo eso: para el jefe de Gabinete, Héctor Vitale, lo mejor que puede hacer el Intendente es considerar a Alem un adversario.

La calle marcaba que la marcha era imparable. Aún hoy es una duda cuánta gente irá. Puede ser más o menos, pero los políticos olfatean con precisión cuando “una ola”, una tendencia, es imparable. La que lleva a la marcha lo es, vayan más o vayan menos. El estado de hartazgo del común de la gente con los actores encargados de dar seguridad pública es tan evidente porque surge de la constatación cara a cara de la desidia: ¿qué otra cosa que hartos pueden estar ciudadanos que lejos de ser nazis en realidad trajinan pasillos judiciales sin respuesta, son desalentados por la propia Policía a hacer las denuncias “porque no va a pasar nada”, ven que no se esclarece un solo caso hasta que hay amenaza de marcha, cuando quieren ver al Intendente les ponen la reunión antes del cierre de sus comercios para que vayan menos, miran cómo se mueren mentalmente y antes de tiempo jóvenes que consiguen drogas destructivas sin que nadie atrape al vendedor jamás? La convicción de los que quieren ir a la marcha no surge de un engaño mediático sino del chequeo de que muchos funcionarios públicos, de varios niveles, no hacen nada no porque amen la protección de los derechos individuales sino porque aborrecen trabajar en serio. A las 22:00, después del partido de Ferro, infoeme.com publicará una encuesta propia que muestra hasta qué punto la situación de inseguridad es el problema principal, por lejos, según la mirada de los profesionales de la Ciudad.

La reunión con los fomentistas no fue buena. El encuentro del miércoles, cuando el Ejecutivo trató de drenarle dirigentes a la Federación de Sociedades de Fomento no fue lo que el oficialismo esperaba. Hubo dirigentes que le plantearon a los funcionarios que encabezaba Vitale, en directo, que el nuevo pavimento sobre Fortabat no les sirve de nada si no pueden estar tranquilo o si no les sacan un basural que les genera contaminación desde hace años. Otros creyeron que eran convocados por el tema seguridad, y se encontraron con que les hablaban de obras públicas, un tema que ya conocen. Otros plantearon claramente que necesitan presencia del Municipio para contener a los jóvenes que se salieron de cauce “y no por eso en el barrio sentimos que somos de derecha, ni nada por el estilo”. Hubo algunos fomentistas que se apartaron de José Quintero y Julián Abad, pero Vitale y su gente entendieron perfectamente que estaban ante la representación de vecinos hastiados, y que en varios casos los mismos que tenían enfrente iban a marchar este lunes a la plaza.

Los otros forcejeos. A pesar de que el Ejecutivo lo desmiente –como no puede ser de otra manera- el episodio de la clausura de Cereseto muestra que el enfrentamiento entre el oficialismo y la Multisectorial es por lo menos a primera sangre. Los jóvenes propietarios del emprendimiento (parientes directos de Julián Abad) habían avanzado en los trámites de habilitación definitiva del ya famoso nivel superior, el del “piso que se mueve”, y la clausura a las 21:00 del viernes, cuando ya no tenían chances de hacer ningún trámite, parece un paso más del forcejeo. Otro dato ayuda a pensarlo en esos términos bélicos: el abogado y funcionario que estuvo supervisando que el proceso de habilitación marchara paso a paso y que el boliche no funcionara en condiciones “truchas” fue Julio Alem. Hay al menos dos testigos que aseguran que el viernes por la noche, cuando se clausuró el lugar, hubo una comunicación entre Alem y un funcionario de Control Municipal, donde el letrado –cada vez más enfrentado con José Eseverri- le dijo al jefe de los inspectores algo muy parecido a “lo que están haciendo es una locura”.

Evitar el plebiscito, 8 meses antes. Como ya planteó esta columna hace 15 días –y este lunes quedará en total evidencia- cuando centenares de vecinos se organizan para protestar por la falta de intervención del Municipio en el tema seguridad, no están pidiendo que se compren más patrulleros ni que el Jefe de Gabinete se convierta en el comisario del pueblo: cuando salen a la calle están poniendo en cuestión la autoridad política del Intendente. Ese objetivo es más claro para la dirigencia (la oficial y la que convoca) y un tanto más difuso para el tipo de a pie, que va a la marcha. Pero el mensaje es el mismo. La marcha, sin el Intendente, quedaba planteada como un plebiscito automático: ir implicaba el “NO” de las boletas de papel con las que se rubrica el desacuerdo con una gestión. Ir, para José, importa un riesgo pero implica desactivar la imagen de la plaza como una gran urna de votación.

¿Es bueno o es malo que vaya? Que el intendente José Eseverri esté en la plaza es mucho mejor que su ausencia, por lejos. Si él asume los riesgos y los costos de estar en un lugar donde tiene el derecho y la obligación de estar, una serie de cosas vuelven a ponerse en su lugar. Tal vez no para él y su equipo –que han sido erosionados por el tema, de un modo difícil de revertir-, sino simplemente para la Ciudad. La enorme cantidad de allanamientos y esclarecimientos de los últimos días, y la posibilidad de que el propio mandatario se sume al reclamo, muestran que la movilización logró buena parte de sus cometidos (hacer trabajar a los funcionarios de la seguridad y ser escuchada por un Palacio que no quería oír planteos). Bueno sería que la mayor parte de los que vayan lo entiendan así, y no se abra un episodio feo y burdo. No serviría de nada. El Intendente tenía la obligación de ponerse en tema. Lo ha hecho, con tropiezos y desvíos. Ahora, caídos los velos defensivos ante la opinión pública, tiene el derecho a ir.

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