MARCELO BETTINI Un día negro

En una elección pálida y sin entusiasmo, Raúl “el negro” Escudero volvió a sorprender al aparato partidario y ganó el control del Partido Justicialista de Tandil, venciendo a la lista “oficial”, apadrinada por las huestes K, el senador Néstor Auza (debutó como afiliado peronista subiéndose a un tren que descarrilaba) y el rector electo de la Universidad Nacional del Centro, Roberto Tassara.
Ganó Escudero y con él, quienes se animaron a disentir con el kirchnerismo, una entelequia que se sostiene con los morlacos de la caja y el látigo de siete colas para los que piensan diferente, aún dentro de su propio espacio.

Ganó Levigna, ganó Cifuentes, ganaron los militantes que no toleran a los paracaidistas recién aterrizados que llegaron para dar cátedra de cómo ganar una elección y todavía no se saben la letra para acompañar la grabación de Hugo del Carril. Está visto que cuando no cuelgan de una boleta ganadora no pueden empujar ni una carretilla.

Y de rebote ganó Mansilla, o no perdió, que ya es bastante. Porque tenía un puesto asegurado en la lista oficial, pero una mano negra, adicta al azote, lo borró de la lista para subir al abogado y concejal Facundo Llano.

Fue un mensaje hacia adentro para el kirchnerismo, que con sus imprudentes formas y sus modales de patrón de estancias, se llevó por delante a hombres y mujeres del PJ que se atrevieron a pensar distinto, los ninguneó, les sugirió que se metieran la marcha en vergonzosas oquedades, los rotuló de traidores y finalmente los domesticó con una apelación a la víscera más sensible.

Algunos resistieron, se atrevieron a plantar bandera y predicar en el desierto; otros pasaron a cuarteles de invierno. Hoy en Tandil, emergieron del pozo de zorro y dejaron grabado su mensaje con la fuerza de los votos.

Escudero fue kirchnerista, o algo así, cuando de la mano de Dante Dovena fundó en este suelo el Frente Social para la Victoria. Se fue alejando y habrá que ver si el lunes la enorme K pintada por ex duhaldistas persiste, o la borran, porque los partidos son mucho más que sus corrientes internas.

Pasado el éxtasis de la victoria y la penuria de la derrota, el saldo del domingo deja abierto un interrogante de cara al futuro y tiene que ver con la pérdida de la mística y el entusiasmo. Ambos candidatos debieron acarrear a la gente en remises y, aún así, no alcanzaron a juntar 1800 votos.

En el otro extremo de la ciudad, el pediatra que gobierna inauguraba la renovada Quinta La Florida con la presencia de varias veces ese número de personas.

Para peor, es probable que ahora ocurra lo de siempre, el que gana conduce y el que pierde, boicotea. Lo recomienda el manual ilustrado del alumno justicialista tandilense.

De hecho, el tono agresivo con que se trataron los candidatos antes de la contienda no se vio siquiera en las elecciones generales.

La convivencia será difícil y a la postre, la ecuación podría ser una resta.

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