Marcadas diferencias en el resultado de dos encuestas en Provincia.

Una muestra a Kirchner a la cabeza por 13 puntos. Y la otra, un triple empate.
Cuando parecen finalmente tomar cuerpo las primeras candidaturas en el distrito, dos encuestas realizadas esta semana en la provincia de Buenos Aires sobre la base de 1.500 consultas telefónicas arrojan resultados sorprendentes.

Un sondeo de Ibarómetro les otorga una clara ventaja -de trece puntos- a la dupla Néstor Kirchner y Daniel Scioli sobre las de Francisco de Narváez-Felipe Solá y Margarita Stolbizer-Ricardo Alfonsín. Pero contrariamente, para Management & Fit, el escenario actual es el de un triple empate en el que De Narváez-Solá sacan una luz de ventaja sobre Stolbizer-Alfonsín y Kirchner-Scioli, una fórmula relegada al tercer lugar.

¿Cómo se explica semejante difrencia en las mediciones? Clarín consultó a sus responsables.

Para Doris Capurro, de Ibarómetro, su encuesta es la constatación en los números del "efecto Alfonsín" del que todos hablan. "Parece que muchos bonaerenses que simpatizaron en el pasado con la UCR reencontraron la posibilidad de volver a ser radicales y no tener que votar con las nariz tapada a De Narváez, sólo por oponerse a Kirchner", explica. Esta circunstancia y la incorporación de Scioli a la boleta K, según su opinión, ayudaron al oficialismo a despegarse de De Narváez, quien a su vez cedió puntos ante Stolbizer, con la que ahora estaría cabeza a cabeza. "En la foto de hoy, se acabó la polarización entre el oficialismo y el PJ disidente", asegura Capurro.

Con ésto coincide Mariel Fornoni, de Management & Fit. Pero a partir de datos bastante distintos. Según su sondeo, "Kirchner mide igual con Scioli que sin Scioli", resume categórica Fornoni, que explica que el gobernador no le agregó votos en su base del conurbano, y que "si podía sumarle algo en los sectores urbanos y rurales, medios y altos, refractarios a Kirchner, eso no se produjo porque estas candidaturas falsas generan rechazo". Tanto, que su consultora registra una baja de 10 puntos en la popularidad de Scioli a partir de esta jugada.

Ambas consultoras se sorprenden cuando se les comenta de la diferencia en sus resultados. Cada una defiende su metodología y honestidad -que aquí no está en duda- y asegura que se trata de un sondeo propio, no solicitado por ningún candidato.

La aclaración se justifica porque desde hace años, cada vez que se acerca una elección, los números de los encuestadores son mirados con sospecha de favoritismos. Y, muchas veces, las sospechas son certezas. "Honestas o no, todas las encuestas que se difunden ahora son utilizadas como operaciones para favorecer a unos y perjudicar a otros", explica otro de los consultores más respetados, que no quiere enemistarse con sus colegas. "Recién se puede empezar a medir en serio cuando las candidaturas estén confirmadas y la campaña en marcha. Mientras tanto, los datos varían muchísimo, aún de una cuadra a la otra y en las mismas personas, de un día al otro", asegura.

Tanto Capurro como Fornoni reconocen que el escenario político es de tan alta volatilidad que todo puede cambiar, y más de una vez, de aquí al 28 de junio. El propio Eduardo Duhalde solía reconocer que la provincia de Buenos Aires es muy difícil de medir. El había ideado su propio método: mandaba a unos muchachos con libretitas a preguntar a los pasajeros de los trenes que partían de Constitución. Decía que eran infalibles.

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