¿Maradona o Clarín?

Por: Diego Schurman.

La pelea de Kirchner con el Grupo contamina la realidad política y se cuela en un video "anónimo", en una ley sobre derechos humanos y hasta en el mismísimo exabrupto del DT de la Selección.

Néstor Kirchner perdió la calma al promediar la reunión:

–Si querés todo lo que me pedís, presentante como candidato a presidente y ganá la elección –le dijo, inclemente, a Héctor Magnetto.

El CEO de Clarín había llegado a la Quinta de Olivos para hablar de "temas sensibles".

El contenido y el tenor del encuentro, ocurrido a principio de año, lo relata por estas horas el propio ex mandatario.

¿Qué creó el clima beligerante? A los ojos oficiales, la exigencia del Grupo de garantizarle el redituable triple play, como se denomina el servicio, por una misma red, de cable, telefonía e internet.

El Gobierno sigue justificando la cruzada con distintos argumentos. Uno recurrente es que Clarín siempre va por más.

Acaso un breve diálogo entre el ex mandatario y Alberto Fernández pueda echar luz sobre el pleito. Ocurrió durante la gestión de Kirchner, en una de esas intempestivas apariciones que hacía en el despacho de su jefe de Gabinete:

–Escuchame, Alberto, ¿hablaste con Rendo? –lo apuró en alusión a Jorge Rendo, jefe de Relaciones Institucionales de Clarín.

–Sí, ya hablé, quedate tranquilo –respondió el entonces funcionario y nexo con el Grupo.

–Está bien, pero que les quede claro: ellos no se meten en la política, nosotros no nos metemos en los negocios.

¿Quién se pasó de la raya? Sería como discutir qué fue primero, si el huevo o la gallina.

¿Fue la cobertura del diario sobre la valija de Antonini Wilson? ¿O la postura editorial en la guerra gaucha? ¿O las cifras del INDEC? ¿Fue el Gobierno yendo y viniendo con la fusión de Cablevisión y Multicanal? ¿O con el temprano anuncio de promover una nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?

SIMPLIFICAR LA REALIDAD. Amén de sus bondades o defectos, la ley de medios quebró definitivamente la relación del kirchnerismo con Clarín. La consecuencia inmediata –no de la aprobación de la norma, que el Gobierno celebrará el próximo miércoles en el Teatro Argentino de La Plata, sino de la pelea– fue una degradación del debate político.

Kirchner profundizó su idea de culpar a la prensa crítica de todos los males de la Argentina y la oposición considera ahora que todas las iniciativas oficiales no tienen otro propósito que poner de rodillas al Grupo.

Esta semana hubo ejemplos de semejantes simplificaciones. Un ladero de Cristina confirmó que la difusión de un video "anónimo" por Canal 7, donde aparecen Carlos Pagni y Fabián Falco, fue un ardid del Gobierno "para matar dos pájaros de un tiro": al diario La Nación, que suele ser implacable con la Presidenta, y a Clarín, que mantiene una guerra sin cuartel con los Kirchner.

Pagni, quien describió la edición de imágenes que lo ensucian como una "pestilente operación de inteligencia", es periodista de La Nación. ¿Pero qué tiene que ver Falco con el multimedio? "Estaba trabajando en secreto para Clarín. Operaba con Rendo sobre los legisladores del Congreso de la Nación para que no saliera la ley de medios", fue la exigua respuesta que ofreció una alta fuente kirchnerista.

Dos portavoces de Clarín, al igual que una decena de diputados y senadores consultados por este diario, negaron enfáticamente que Falco tuviera algún vínculo con al Grupo. ¿Qué dice este ex encargado de las relaciones institucionales de Repsol? Por ahora, decidió mantenerse fiel a su bajo perfil y hacer un culto al silencio.

Del lado de la oposición, la que no escapó a la encerrona de la pelea K versus Clarín fue Elisa Carrió. La titular de la Coalición Cívica acusó al Gobierno de impulsar una ley que habilita el examen compulsivo de ADN únicamente para inquietar a Ernestina Herrera de Noble. Para Lilita, el interés oficial no es saber si personas, como los hijos de la dueña del multimedio, son hijos de desaparecidos sino acorralar al Grupo.

COBOS JUNTO A SOLÁ. Con o sin razón, Carrió no es dubitativa y en muchos casos peca de soberbia, como por ejemplo a la hora de enunciar sus verdades relativas. No especula con el costo político y eso lo demostró cuando planteó reparos sobre Julio Cobos, el político mejor ubicado en las encuestas de imagen e intención de voto.

Al jefe del radicalismo, Gerardo Morales, tampoco le cae en gracia el vicepresidente y no es casualidad que éste haya estado ausente en el recinto en el preciso momento en que aquél se relamía hablando de "tránsfugas" en pleno debate de la ley de medios.

Cobos es cuestionado desde la UCR por atenazarse a un cargo que le da vidriera pero que lo pone en la contradicción de presentarse como el principal referente de la oposición ante un gobierno del que es parte.

Al vicepresidente poco le importan las formas y mucho menos las estructuras partidarias, de lo contrario no hubiese mantenido en las últimas horas un encuentro reservado con Felipe Solá, el alfil del PJ disidente que azuzan como su compañero de fórmula y, por qué no, candidato a gobernador bonaerense.

¿En esas reuniones Solá es emisario de Eduardo Duhalde? La pregunta viene a cuenta por una reunión posterior que Felipe mantuvo con el cacique de Lomas de Zamora.

Cleto no reniega de una pata peronista para su proyecto presidencial y por eso cada vez que puede también le abre las puertas a Francisco de Narváez, eterno aspirante a gobernador –aunque, por qué no, también a vicepresidente– y a Gerónimo "El Momo" Venegas, el duhaldista titular del sindicato de trabajadores rurales.

MÁQUINA DE PERSEGUIR. A propósito de De Narváez, esta semana, el empresario festejó la suspensión del juez Federico Faggionatto Márquez, y mucho más la tensión que ésta produjo entre Carlos Kunkel y Diana Conti, dos de los referentes del oficialismo en el Consejo de la Magistratura.

Faggionatto es el juez que en plena campaña electoral involucró al diputado de Unión PRO en la causa de la efedrina. ¿Cuánto tuvo que ver la SIDE con esa decisión? Nadie lo sabe con exactitud, aunque cada vez pesan más sospechas sobre los servicios de inteligencia.

De Narváez ya fue víctima del espionaje cuando el contenido de una conversación que mantuvo por correo electrónico con Pagni aterrizó –¡oh casualidad! mediante un "anónimo"– en el despacho de Faggionatto.

Increíblemente, es la propia Casa Rosada la que a veces se desentiende de la SIDE, o se refiere a ella como un adolescente emancipado, como si eso le permitiese justificar las "irregularidades" del organismo, por decirlo con un término diplomático.

¿Cómo se explica el hackeo a la casilla de correo electrónico de Duhalde? ¿O la persecución de los díscolos ex jefes de Gabinete Sergio Massa y Alberto Fernández? ¿Y los micrófonos ocultos en el despacho de la jueza María Romilda Servini de Cubría? ¿O las amenazas a quienes empujan la investigación de la mafia de los medicamentos? ¿O las agresiones de los movimientos sociales K a Morales?

Acaso la mejor síntesis de estos actos de espionaje, seguimiento y vigilancia del oficialismo la haya encontrado el periodista Alfredo Leuco en el título de su columna de los sábados en el diario Perfil: "Máquina de perseguir".

¿Habrá que encuadrar en esa frase el megaoperativo de la AFIP a Clarín? Más allá de lo que cada actor se hace cargo en esta contienda, hay una realidad contaminada por la confrontación entre el kirchnerismo y el multimedio. A tal punto que Luis D’Elía, en su particular concepción binaria del mundo, donde se es amigo o enemigo, introdujo a Diego Maradona en la pulseada.

No es que el DT sea políticamente inocente, porque participó de la foto con Cristina cuando se anunció la transmisión abierta del fútbol y respaldó con una carta ciertos aspectos de la ley de medios, pero promover la antinomia Maradona-Clarín como hizo el piquetero ultra K para justificar el exabrupto del seleccionador parece demasiado, aun si detrás de la críticas de la prensa a Diego se esconde el interés de dañar al Gobierno.

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