Una máquina de ganar

Por: Daniel Avellaneda

Jamás es mínima la diferencia cuando la cosecha es de tres puntos. Y Boca podrá vencer apenas por un grito y a veces en el último suspiro, es cierto. Sin embargo, la ganancia tiene el mismo valor que una goleada. Los últimos cinco partidos forman parte de esta evidencia que apenas tiene un antecedente de color esperanza: el Nacional de 1976.

Aquel año, el equipo que comandaba el inolvidable Toto Lorenzo capturó cinco éxitos en cadena. El sexto fue ante River, en el Cilindro de Avellaneda. Sí, 1 a 0 como ayer. Sí, con un gol de tiro libre como ayer, pero del Chapa Suñé, el que le dejó servida la vuelta olímpica. ¿Cómo no va a soñar, entonces, esa multitud azul y oro que tapizó dos tribunas en el Viaducto de Sarandí? ¿Cómo no va a decir Carlos Ischia, igual que Reinaldo Merlo en Racing durante el Apertura 2001, que su equipo será el campeón de este campeonato? "Nunca hay que dar muerto a Boca", suele escucharse en los pasillos de la Bombonera cada vez que aflora una crisis. Y no es una frase antojadiza. Hace exactamente un mes, sólo se hablaba del cabaret del vestuario, del fuego dialéctico entre Juan Román Riquelme y Julio César Cáceres. Y se comentaba, además, el bajón futbolístico que encontraba a uno de los candidatos al título ocho puntos debajo de San Lorenzo, con seis sumados sobre dieciocho disputados y dos derrotas consecutivas en su casa, donde perdió un invicto de un año y medio, nada menos. Tigre, el sorprendente protagonista de la pelea por el torneo, y Estudiantes se impusieron en el estadio que no tiembla, late. Si hasta se le estaba buscando reemplazante a Ischia, que parecía tener las horas contadas en el banco. No obstante, a partir de ese instante, todo cambió en la vertiginosa vida azul y oro. A partir del quiebre que hubo en la relación de los jugadores y el blanqueo de las diferencias que se hizo a puertas cerradas, fluyeron las victorias. Y se produjo el impacto en el Monumental, con aquel cabezazo de Lucas Viatri tras un tiro libre mágico de Riquelme. Y se venció a Rosario Central, otra vez con Viatri y Nicolás Gaitán en el epílogo, a pesar del susto que provocó Emilio Zelaya. Y se logró un triunfo vital en el Sur, con Pablo Mouche ese 7 bravo que tanto hace recordar a Guillermo Barros Schelotto. Y se ganó el clásico ante San Lorenzo, el rival directo, el que le permitió probarse de nuevo el traje de puntero, ese que había lucido hasta la quinta fecha, con otro tiro libre de Román, el día de su tributo al fallecido Pedro Pompilio. Como ayer, con otra pelota parada del "10", ante el siempre difícil Arsenal. Cuatro 1 a 0 y un 2 a 1. La ecuación cierra perfectamente en la matemática xeneize, con quince puntos logrados sobre igual cantidad en juego. Tan productivos son los números que la fresca eliminación de la Copa Sudamericana, el jueves ante Inter de Porto Alegre, es sólo un mal recuerdo. SDLqNos quedan cinco finales muy complicadas, en las que debemos estar muy concentrados", afirmó el entrenador. Cinco, justamente, son los triunfos de Boca. Cinco son, precisamente, los partidos que debe ganar. Se vienen el irregular Vélez, de local, un viaje desgastante a Tucumán para jugar con San Martín, el renovado Racing en la Bombonera, una excursión al Bosque de La Plata para enfrentar a Gimnasia y Colón en el cierre, también en su hogar. Si hace treinta y dos años pudo el Boca de Lorenzo, ¿por qué no creer que se puede más que este San Lorenzo? La rima tiene sentido y el grito de los hinchas, también. "Que vamos a salir campeones", se escuchó en la popular azul y oro. Con la frescura de los pibes y la experiencia de los referentes, Boca está en carrera. Y de este equipo sólo depende que el final del recorrido sea como el del 76.

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