Mantenimiento urbano Las comparaciones son odiosas cuando entramos a una ciudad

Mantenimiento urbano Las comparaciones son odiosas cuando entramos a una ciudad
Desde las puertas de ingreso a cualquier localidad, se muestra la “cara” de la misma. En Zárate tenemos los elementos disponibles para presentarnos al mundo adecuadamente, sin embargo no los aprovechamos.
Si hay miseria que no se note” decían las abuelas, cuando en plena crisis zurcían un mantel, minuciosamente, para tapar el agujero que le había hecho un clavo que sobresalía de la mesa.

“El hábito hace al monje”, decía el abuelo cuando mandaba a su hijo a la peluquería para asearse.

Quizás algunos sostengan que lo que “importa es lo de adentro”, y seguramente no se equivocan, pero teniendo muchas veces los medios para presentarse de modo “impecable”… porque hacerlo como si se ahondara en la miseria.

Por la rotonda de ingreso a la ciudad (ruta 12) circulan innume-rables vehículos no sólo de todo el país, sino además de todo el Mercosur, sin embargo esta “cara” zarateña está en estado calamitoso.

Todo ello a pesar de contar con una infraestructura dotada para presentar nuestras “credenciales” de la mejor manera.

Un solar que cuenta con distintos desniveles, el monumento al Gral. San Martín y numerosos mástiles, dan muestras claras , quien lo imaginó, nunca esperó semejante final.

Hoy la estatua y su base están plenas de “pintadas” vandálicas, el pasto está descuidado (no hay yuyales, pero se hizo un trabajo desprolijo), los mástiles lucen vacíos (sólo ondea en alguno de ellos una bolsa de plástico que, melancólica y con la ayuda del viento, quiso acompañarlo), además están descascarados, oxidados e inútiles.

Mostrar abandonada nuestra “cara visible” no sólo habla mal de los encargados del mantenimiento, sino también de cada uno de nosotros, sus habitantes, que nos guste o no, somos identificados en el ingreso a la ciudad.

Como comparación odiosa, recordamos el ingreso a la ciudad de Tigre, con una cuidada parquización del boulevard central y los mástiles (pintados) donde flamean distintas banderas.

Seguramente no cuesta mucho, invertir del erario municipal en un par de latas de antióxido y pintura, arreglar las correderas de los mástiles. Limpiar adecuadamente la estatua. Quizás no quiebre financieramente el municipio, si además le agregamos algunas horas extras de un par de emplea-dos de mantenimiento y compramos algunos cajones de plantines para darle más color y vida al entorno, sin olvidarse de hermosear a las plantas arbustivas ya existentes y poner banderas.

Se trata de hacer, con poco, algo que vale mucho. Por otra parte, desde Zárate hoy se trabaja y pugna por entrar al circuito turístico, en Tigre ya lo lograron hace tiempo. Algunas diferencias (diríamos detalles) están a la vista de todo el mundo.

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