Los manotazos igual dejan ver la debilidad

Por Fernando Gonzalez

El país adolescente, que siempre anda en círculos, dio ayer otra de sus volteretas hacia el conflicto que nos conduce a la nada.

Las imágenes de la dirigencia agropecuaria, lanzando desafíos desde una tribuna política en Córdoba, y de la Presidenta, criticándolos desde la Quinta de Olivos, preanunciaron lo que anoche comenzó a convertirse en certidumbre: la voz de mando de Néstor Kirchner convocando a sus fieles para una nueva confrontación con el campo como la que dividió a la Argentina hace apenas un año.

¿Qué cambió desde la semana pasada, cuando Cristina llegó toda sonrisas a la reunión de sus ministros con la Mesa de Enlace, a la crispación que ayer volvió a ganar a unos y a otros? Entre esos dos momentos diferentes estuvo la elección de Catamarca, en la que los Kirchner arriesgaron innecesariamente un capital político que se les escurre cada día más rápido.

Por eso es que el campo ahora les pide más y se anima a convocar a la oposición para que impulse con sus votos una rebaja de las retenciones a la soja en el Parlamento. Por eso es que la CGT los desafía y los amenaza con armarles una plaza hostil el 1º de mayo si notan que el Gobierno les concede más espacios a los sectores gremiales adversarios, como la CTA. Por eso, Felipe Solá se anima a llamar “caradura” al ex presidente, con el que compartió trinchera hasta hace poco tiempo. Todos advierten esa debilidad y presionan con fuerza renovada.

Ante el desafío, Kirchner responde como más le gusta hacerlo. Con agresividad. A los manotazos contra el campo, contra la oposición y contra la prensa. Manotazos que no ocultan la debilidad y que empujan al país hacia una dinámica que solo nos anticipa nuevos tiempos de zozobra.

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