Con mano de hierro

Alperovich controla férreamente el peronismo que optó por el aparato estatal. Las disidencias que hubo dentro de su gobierno no coincidieron con las turbulencias electorales. El avance inexorable de los plazos. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción
"En el peronismo se terminó un ciclo... Lo deseable es que se avance hacia un sistema en el que haya eventualmente dos o tres fuerzas, pero en donde queden demarcadas la derecha y la izquierda" (Néstor Kirchner, Clarín del 7 de julio de 2005). Eran los tiempos en que todo se justificaba por el concepto de la reconstrucción de la autoridad presidencial y prosperaba la tesis de la transversalidad. Es decir, el descuartizamiento de los partidos, que alcanzó su perfeccionamiento con los radicales K. Se vivía la edad de oro de los Kirchner.

¿Qué quedó de esa profecía optimista de entonces? Muy poco o nada. La idea original se deshilachó a partir del desgaste de la experiencia kirchnerista, con Cristina presidenta. Así las cosas, el sostén del proyecto del matrimonio K recayó en el aparato de intendentes pejotistas del conurbano bonaerense, al que difícilmente pueda catalogarse de izquierdista, dada su militancia activa con el menemismo y luego con el duhaldismo. Llegó, inclusive, a aceptar al carapintada Aldo Rico y a su hija diputada. Votos siempre hacen falta. Si el ex militar golpista fue bienvenido, ¿por qué podría afectar a la Casa Rosada la hipotética vuelta de los republicanos Ricardo Bussi al Senado o el ingreso de Delia Pinchetti de Sierra Morales a Diputados, si le ayudan a restar sufragios a los adversarios reales en el Congreso? Estos no pueden ser otros que los proyectos nacionales de poder alternativos a la Rosada.

La ruptura de la transversalidad distanció al partido Libres del Sur en el ámbito nacional -por el predominio del PJ bonaerense- y en Tucumán se fueron Federico Masso y Héctor "Indio" Romano del gabinete y de la Legislatura, en ese orden. Libres del Sur empezó a buscar su lugar en el paisaje político tucumano, conforme con las líneas directrices impartidas por los referentes Humberto Tumini y Jorge Ceballos.

Pero el gobernador José Alperovich retuvo dentro de sus filas a Participación Cívica, que renegó del vicepresidente Julio Cobos, y mantiene la fachada de la convergencia transversal K. El intendente concepcionense, Osvaldo Morelli, está satisfecho porque no se expone a la intemperie y goza de los favores del oficialismo. No participa del mismo criterio político su homólogo de Simoca, Luis González, que no ha renegado de su anclaje en el radicalismo ortodoxo, aunque no deje de sufrir los avatares de la pelea interna del partido al que pertenece. El Frente Grande, al que adscribe José Vitar -secretario de Relaciones Internacionales-, es otro socio inamovible de la coalición liderada por Cristina y por Alperovich.

Sin los problemas de Scioli

El gobernador ha disciplinado férreamente al peronismo que decidió jugarse por su proyecto y subsistir con el oxígeno kirchnerista. Por esa razón, dentro de su equipo de colaboradores, no se suscitó una crisis como la que conmovió al gobierno de Daniel Scioli. A Santiago Montoya, jefe de la Agencia de Recaudación Bonaerense (ARBA), se le ocurrió decir que no a su postulación como concejal por San Isidro. Kirchner no toleró la desobediencia y lo echó Scioli, por orden superior. La disidencia no se perdonó. Las candidaturas "testimoniales" son una pauta obligatoria.

En verdad, fueron pocas las deserciones que hubo en las filas alperovichistas, y obedecieron a disensos con el rumbo político del gobierno. Antonio Jalil, Roberto Martínez Zavalía, José Manuel Paz y José Manuel Avellaneda figuran en esa lista. Estas renuncias no coincidieron, por lo demás, con las turbulencias electorales. Si Osvaldo Jaldo llegara a dimitir a la diputación nacional que pudiera obtener el 28 de junio, para volver al Ministerio del Interior, habría configurado una candidatura testimonial.

Las oscilaciones

El tablero oficialista está firme, pero el esquema de la oposición sigue sin armarse. Sin embargo, algunas circunstancias están claras. Ni Fernando Juri ni José Cano contienen del todo al peronismo disidente y a los radicales. El ex vicegobernador se siente alentado por mediciones que lo ubicarían en mejor posición que la que se presumía, pero Alperovich estaría en la cima de las preferencias, por una diferencia que no deja dudas.

Sin embargo, no pierden la esperanza de quitarle una banca de diputado al alperovichismo. Los oficialistas más cautos admiten que esto puede ocurrir. Si bien una franja de gremios sellaría un pacto con Juri, existe otra vertiente peronista que no está dispuesta a seguir ese camino. Julio Díaz Lozano, Florencio Aceñolaza y otros son los referentes de esa posición crítica, que no descarta una abstención para los comicios del 28 de junio. El debate en el radicalismo es más arduo todavía. La eventual alianza con Juri no satisface a más de un dirigente experimentado: los menos pragmáticos no ven con buenos ojos que un peronista pueda capturar una banca en el Senado, cuando restan dos años y medio de administración cristinista Tienen presente la historia de que el peronismo, de una manera o de otra, recompone sus cargas. Los radicales, en cambio, viven desacomodándolas.

La palabra de Mar del Plata

La tesis que propicia un acuerdo de los prosélitos de Alfonsín con el socialismo, la democracia cristiana y los autoconvocados del campo no se corporizó aún. La idea de un entendimiento basado en dirigentes de esos partidos choca con resistencias de culturas políticas diferentes y desconfianzas de diversa naturaleza. El mensaje que se trasmita en Tucumán respecto de lo que haya resuelto la convención nacional celebrada en Mar del Plata terminará de disipar las dudas. Aparentemente no hay instrucciones de llevar adelante a rajatabla una política pactista a muerte. El actor que se incorporó a ese tablero es el cobismo, que quiere poner sus propias fichas. Es harto complejo ese cuadro de situación. De todos modos, hasta el 28 habrá plazos para que se definan las sociedades multipartidarias. De la composición de estas dependerán los nombres que entren en la escena.

Mientras los políticos controvierten sobre posicionamientos electorales, en la superficie afloran otros problemas. Las cuestiones socioeconómicas ganan terreno. En las filas empresarias crece la inquietud por la incertidumbre que crece día por día. El escenario del 29 de junio está entre las preocupaciones de los hombres de negocio y de los ciudadanos en general. La inseguridad, la inflación, las suspensiones de personal y el menor ritmo de actividad conforman un cóctel explosivo. La cotización que tendrá el dólar y su incidencia en las actividades que están valorizadas con esa moneda son parte de una discusión muy abierta.

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