Una maniobra arriesgada

Por Martín Dinatale

No se trata del mismo Daniel Scioli de hace 15 días, aquel que estaba dispuesto a inmolarse en nombre de los Kirchner en Buenos Aires. Tampoco se trata del mismo escenario político. Muchas cosas ocurrieron desde entonces: la muerte de Raúl Alfonsín, la unificación del PJ disidente y las encuestas que muestran a un peronismo cada vez más complicado.

En este contexto, el gobernador bonaerense parecería haber tomado la iniciativa para marcar una "agenda propia" y diferenciarse del matrimonio presidencial. Pero ¿podrá hacerlo con una dependencia económica extrema de la Casa Rosada?

Hay tímidos indicios de que Scioli quiere despegarse de a poco de los Kirchner, aunque algunos asesores le aconsejan esperar hasta después de los comicios. ¿No será demasiado tarde para ese entonces?

Cualquiera que fuere el objetivo final hay también en Scioli muestras claras de desesperación por el déficit público y los vencimientos de la deuda provincial que llegan a los 12.000 millones de pesos.

En las últimas horas el gobernador bonaerense se habría negado a poner a su hermano José Scioli en la lista de candidatos a diputados que encabezaría Néstor Kirchner. A la vez, exigió al Gobierno que le gire más fondos para controlar el conflicto docente, entabló un abierto diálogo con los dirigentes del campo, liderados por Carbap, y jubiló anticipadamente a 10.000 empleados. Piensa cubrir vacantes con personal de seguridad, aunque sus críticos dicen que la medida responde a un ajuste encubierto.

La resolución de problemas sobre la base de una "agenda propia" no será tarea sencilla para Scioli.

En primer lugar, está claro que con la reforma del esquema de recaudación provincial a Scioli no le fue tan bien como para frenar el malestar de los empleados públicos y docentes. Seguirá dependiendo de los giros de la Nación. Ayer mismo se abrazó al fondo de coparticipación de la soja que ideó la Casa Rosada.

Si es cierto, como especulan los kirchneristas, que la muerte de Alfonsín polarizará los comicios entre el PJ y la alianza de la UCR-Coalición Cívica para relegar al peronismo disidente, a Scioli no le será nada fácil eludir la campaña electoral y evitar un apoyo mayor hacia Néstor Kirchner.

Además, será difícil sostener una campaña, por más que se haya acotado cuatro meses, con los graves problemas de inseguridad que explotan en Buenos Aires. La ciudadanía exige resultados concretos al plan de seguridad que selló el bonaerense con la Presidenta. Y por ahora no hay resultados positivos a la vista.

Scioli no es el cordobés Juan Schiaretti, quien desde hace un tiempo se distanció de los Kirchner y en el conflicto con el campo marcó su propio juego. El resultado de esto ayer se vio reflejado en el armado de listas del PJ de Córdoba.

La confección de una agenda propia en medio de la tormenta no resulta sencillo para nadie. Menos aún para quienes siempre dependieron de la agenda y de los fondos de otros.

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