Lo mandó al Táchira.

TACHIRA 0 - BOCA 1: Hacía 13 años que ningún argentino ganaba en Venezuela y Boca lo logró anoche con autoridad. Manejó siempre el partido y lo definió Figueroa al final.
Hay una diferencia sustancial entre Boca y los demás equipos en estos duelos de Copa fuera de casa: cuando Boca quiere ganar, gana. Cuando lo busca, lo consigue. Cuando lo pretende, lo logra. Al resto, por más que lo intente, aunque a veces lo merezca, le cuesta horrores. No es casual, entonces, que el equipo de Ischia sea por el momento el único del país que se llevó un triunfo de visitante en esta Libertadores. Tampoco resulta sorpresivo que haya mostrado esa chapa copera en una tierra donde hacía 13 años que los argentinos no festejaban. Y mucho menos, que haya tirado al tacho el entusiasmo y la racha de cinco victorias seguidas del local, que soñaba con una hazaña. O bien podría decirse, un milagro.

Boca lo ganó, fundamentalmente, por todo eso. Porque acá o allá no lo conforma otra cosa que el triunfo. Porque apretó el acelerador luego de un primer tiempo en el que tuvo mucho la pelota, pero careció de profundidad. Porque aprovechó con decisión el excesivo respeto que los rivales suelen tenerle en la Copa. Porque Táchira lo esperó y lo esperó, buscando sorprenderlo en alguna contra, pero entregándole terreno, balón y poder. Porque encontró, desde el arranque del segundo tiempo, la manera de llegar, de arrimar y de lastimar.

Con Gaitán más despierto que en la primera mitad y Riquelme más recostado sobre la izquierda (incluso intercambiando funciones), Boca tuvo más dinámica en el frente de ataque. Y logró mover a la defensa local. Tranquilo atrás a partir de la seguridad de Cáceres y Forlin, bien plantado en el medio con un Battaglia casi en tres cuartos de cancha, los de Ischia se dieron cuenta enseguida de que el partido estaba en la mano. Noir lo tuvo dos veces y falló. Y Viatri, en su mejor intervención, metió un cabezazo en el palo. Así, en definitiva, puso a su rival contra las cuerdas.

Para el último golpe, Ischia mandó a Mouche y a Figueroa, centro y gol, dicho y hecho. En fin, tuvo mérito el DT en ese cambio de dupla de ataque, más allá de que Riquelme se haya inspirado en esa jugada que involucró a los tres y que terminó en el cabezazo de Lucho a la red.

¿Sólo jerarquía? ¿Jerarquía y mentalidad? ¿Todo eso más oficio? Como sea, en la Copa, Boca te manda al Táchira...

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