Mancha venenosa: cada vez son más los bancos que le sueltan la mano a Redrado

Por Julián Guarino

Inteligencia emocional. Pragmatismo bajo crisis. Llámelo como quiera, pero si bien en algún momento la crisis entre el Gobierno y el Banco Central sirvió para evidenciar las diferencias internas que existen entre las distintas entidades financieras, ahora y bajo la presión de una crisis que, de extenderse, podría complicar severamente el negocio de los bancos, el grueso de las entidades le está soltando la mano a Martín Redrado.

Es más: a esta altura de la pulseada, este Redrado modelo 2010 de traje a rayas y pocas palabras, se parece mucho al "frozen" Leonardo DiCaprio que se aferraba con uñas y dientes a la exigua balsa de Kate Winslet mientras el Atlántico se devoraba al Titanic cuyo final, usted sabe, es no-feliz a la Cobos.

Si bien Redrado todavía comparte cartel de "okupa" en la "Liga del Mal" junto a Julio Cobos, Mirtha Legrand, Marcelo Tinelli, el campo y la Iglesia, en cuestión de horas, y para los bancos, ha pasado de ser el paladín de la justicia monetaria, una garantía técnica frente a potenciales excesos por parte del kirchnerismo, a un impensado cheque sin fondos, casi casi, una hipoteca subprime cuyo activo subyacente ya no alcanza para cubrir volatilidades políticas. En castellano, Redrado quema: es mancha venenosa y nadie quiere jugar con él.

Esta es la lectura del grueso de las entidades financieras: cuanto más tiempo decida permanecer Redrado al frente del BCRA, mayor será el daño en el negocio financiero y más alta la probabilidad de que en la carambola abrumadora que será el financiamiento kirchnerista para 2010, alguna fricción vaya a dar con los depósitos o encajes existentes en las entidades, amén del pase de gorra que será la suscripción de Letras del Tesoro y que algunos bancos ya presupuestaron por anticipado.

Como se dijo, por un lado, el conflicto entre el Gobierno y el BCRA sirvió para evidenciar las internas que subyacen en las distintas entidades que agrupan a los bancos: primero fue Jorge Brito, el titular del Banco Macro, en su calidad de presidente los bancos privados de capital argentino, Adeba, el que salió a respaldar el pedido de renuncia a Redrado. En aquel momento se dijo que Brito había tomado la decisión en soledad. Incluso representantes de otras entidades financieras en Adeba se habían mostrado desorientados. La iniciativa de Adeba había recibido, sin embargo, el apoyo de los bancos públicos de Abappra, con la excepción del Ciudad, que también se bajó del comunicado respectivo.

Esto abrió las aguas dentro de Adeba que, antes del Redrado-gate, y en boca de algunos allegados, ya maniobraba con la perentoria consulta sobre la conveniencia de que Jorge Brito continuara a la cabeza de la Institución y de si, por cuestiones de compromiso político, no era mejor adoptar una "solución-Vicens", es decir, poner a alguien con credenciales de analista medular, bajo perfil político y buena llegada al grueso del mercado financiero.

Volviendo a Redrado, en la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), que reúne a las entidades de capital extranjero, la decisión habría sido precisamente la de bajar el perfil y no tomar partido en el conflicto. Desde el comienzo, los bancos extranjeros no habían querido exponerse y además, las cúpulas vernáculas tienen un mandato de gestión y miran a sus casas matrices.

Así, hoy los banqueros se dividen entre los que prefieren retacearle apoyo al titular del BCRA para evitar confrontar con el Gobierno y los que están convencidos de que una rápida salida evitará una crisis. En todos los casos, habrá silencio de ahora en más, pero una fuerte presión con sordina para que Redrado se vaya. El punto no es el alejamiento en sí, sino la resolución del conflicto.

Lo concreto es que este cambio de posición que operó entre bambalinas tiene raigambre financiera y no política. Y los temores de los banqueros se cifran en dos frentes. En el frente externo, piensan que, a pesar de la rústica profecía del ministro Amado Boudou sobre la factibilidad del canje, el daño ya está hecho y que el costo de reencaminar las negociaciones será mucho mayor al que se tenía previsto. A la vez, la expectativa de salir a los mercados internacionales para fondearse al 8% anual quedará para otro momento. Para los bancos, esto encarecerá el crédito interno, ya que las entidades se fondean en mercados del exterior a tasas que se ubican por encima de lo que paga el soberano. Es más: la escalada del riesgo dejaría sin posibilidades los planes para relanzar todos aquellos productos bancarios ligados a la intermediación financiera, negocio natural de los bancos devenidos casas transaccionales a partir de la desconfianza de la gente en el Gobierno.

En esta misma línea, además de los bemoles que ya tiene el prontuario argentino como defaulteador serial, la caída de los bonos le ha puesto un signo negativo a las carteras de títulos que muchas entidades tienen como inversión y esto afectará los balances de los bancos. Sin embargo, donde se juega el partido más relevante es en terreno local. Es que el panorama podría cambiar en breve: desde noviembre, la incipiente reactivación había comenzado a dejar su huella en las cifras de los bancos: crecieron los depósitos, los créditos comerciales y los de descuentos de documentos. Esto había hecho que cayera el costo del financiamiento y la tasa de los plazos fijos. Si bien la preocupación de numerosos directivos de las instituciones de capital extranjero sigue siendo cómo explicarle a sus casas matrices cómo es eso de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) "sin Necesidad ni Urgencia", ahora han debido resignar la apertura de las numerosas sucursales previstas.

Lo que preocupa a los bancos –además de la espeluznante mueca insalvable que implica que el Gobierno se ahorre el cumplimiento de las leyes– es, por un lado, la dolarización que podría operar si el conflicto se extendiera en el tiempo y, por otro, la actitud que podría tomar Néstor Kirchner como represalia o sencillamente como recurso para financiarse el 2010. Desde una de las principales entidades señalan que, por ahora, no hay señales de goteo, mucho menos de algo parecido a una corrida. En rigor, las colocaciones a plazo fijo registraron $ 800 millones de incremento en la primera semana de enero aunque en la segunda en algunas entidades, el crecimiento ya se desaceleró.

La preocupación se cuela también por el lado de las fuentes de financiamiento para el Gobierno en 2010. Saben que de no obtener los u$s 6.500 millones de las reservas, una de las probables acciones de Gobierno sería ir detrás de los encajes bancarios. Los bancos tienen unos u$s 7.300 millones que son encajes que constituyeron los bancos en el Banco Central por los depósitos en dólares que recibieron. Este monto es dinero que el BCRA le debe a los bancos y que los bancos le deben a los depositantes y que por si fuera poco forman parte de los u$s 47.000 millones que se cuentan como reservas. Esta salida bien podría ser fogoneada por el "bono patriótico".

Otra de las "salidas" pondría en juego una parte del Fondo de Garantía de la ANSeS, o sea, plata de los jubilados. Aquí lo que les preocupa a los bancos es que algunas entidades tienen depósitos a plazo fijo del Fondo. El año pasado se depositaron $1.689 millones en el Banco Macro, el 18% del total. Lo siguen el Galicia, con el 13% ($1.218 millones), el Bapro con el 10% ($943 millones) y el Hipotecario con el 9% ($809 millones).

Una tercera salida –menos dañina para los bancos– es la "solución Cavallo", que cambia de etiqueta pero esencialmente persigue un mismo propósito: quedarse con las reservas. El Gobierno podría pedirle prestado a los bancos los mismos montos que los bancos le prestaron al Central para que éste compre reservas ofreciendo a los bancos tenedores de Letras un canje de esos títulos por Letras del Tesoro. En rigor, los bancos tienen en su poder $ 38.300 millones en bonos del Central.

Para los bancos, con o sin Redrado (mejor sin) el 2010 tendrá más de 12 meses. Inteligencia emocional. Pragmatismo bajo crisis. Llámelo como quiera, pero les hará falta esto y mucho más.

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