Malvinas, el dolor de la ausencia

Por: Ricardo Kirschbaum

Los familiares de los caídos en Malvinas llegarán finalmente a las islas. Ha sido una extensa y dolorosa vigilia. La larga hilera de cruces blancas del Cementerio de Darwin, donde descansan los restos de los argentinos muertos en la guerra de 1982, estará por un momento menos sola.

El dolor de la ausencia no cesa, está encallecido pero vivo.Estas visitas de los familiares eran una reparación mínima que debía haberse producido mucho antes. Hay veces, como ésta, que la política es impiadosa y cruel. La cuestión humanitaria no debe ceder -ni hacer ceder- ante otras consideraciones de conveniencia, estrategia política o tácticas de relaciones exteriores.

La llegada de los familiares a las islas y al cementerio de Darwin, la inauguración del monumento, es un acto de humanidad. Ese es el marco y el contenido de la ceremonia. Argentinos y británicos se enfrentaron hasta la muerte en 1982.

Desde entonces, los esfuerzos para enderezar de nuevo las negociaciones por la soberanía del archipiélago han sido vanos. El dominio británico se ha asentado y cualquier táctica ensayada -incluida la de seducción que intentó Guido Di Tella- no han conseguido siquiera mellar la posición británica. La distinción entre británicos y kelpers, como lo ha dicho Rodolfo Terragno, es ociosa porque los habitantes de las islas han recibido la ciudadanía de la metrópoli, luego de la guerra.

Hay una brecha enorme entre el reclamo argentino sin éxito, con una retórica que se repite una y otra vez en la ONU, y la realidad concreta. Los pasos hacia la autodeterminación han comenzado el día de la rendición. Los caídos en las islas son el testimonio dramático de ese tiempo.

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