La malquerida

Ya es una realidad incontrastable: la final de la Copa Davis se jugará en Mar del Plata. Y llega con debate: ¿a qué costo, con qué recursos? Se dijo, en un primer momento, que no habría aportes comunales. Se dijo también que el evento le daría a la ciudad proyección internacional.
El intendente Gustavo Pulti, mirándose la pelusa en el ombligo, apuró: “la Davis ya tiene más repercusión que la Cumbre de presidentes americanos”. Léase: “a mí me miran más que a Katz (Daniel)”, y de ahí en más todo vale. Cabe recordar aquí que el actual lord mayor fue un severo crítico de los gastos para esa reunión presidencial, y que en su oportunidad lanzó diatribas suspicaces sobre el costo de las obras que se realizaron para la misma.

Se repite el mismo modelo que quedara en valor político desde que Mario Roberto Russak -quien fuera jefe político de GAP- se embarcara en la construcción de los balnearios de Mogotes, la fuente de la peatonal y la peatonal misma. El mismo modelo que llevó a la construcción del estadio José María Minella, los escenarios panamericanos (incluido el Polideportivo) y que ha tenido de mascarón de proa el sonsonete de la imagen de Mar del Plata hacia el mundo.

En la idea de “hagamos eventos globales para atraer un público global”, administración tras administración se juega a generar momentos espectaculares a un costo las más de las veces no sólo discutible, sino digno de ser puesto bajo la lupa.

La realización de la final de la Davis pega fuerte en el imaginario. Cientos, ¿miles?, de marplatenses se han interesado en participar como espectadores en ese evento. El primer golpe que recibieron fue el valor de las entradas: mínimo, doscientos cincuenta dólares. Segundo golpe: no se consiguen, están bloqueadas. ¿Por qué? Muy simple: es un negocio privado envuelto en la bandera de las naciones.

En una comunidad que no tiene servicio de ambulancias, que no atiende al control de los privados que prestan o debieran prestar el servicio, cuyas salas de barrio están siempre faltas de insumos y personal, nos enteramos de que por decreto 15439-0-2008 se transfiere al sector privado un millón de pesos para gastos de puesta en valor del Polideportivo. Este aporte se compone de unos doscientos mil pesos de la “Ayuda a personas”, partida presupuestaria que pertenece al área de Calidad de Vida, y que debe estar disponible para atender cuestiones tales como sepelios, traslados de enfermos graves, patologías que no puedan ser atendidas en Mar del Plata, pasajes para aquellos que han quedado varados en esta ciudad y desean volver a su terruño, etc.

En este escenario, el ingeniero responsable de las reformas al estadio Islas Malvinas, Juan Pablo Linares, reveló que la carpeta sobre la que se jugará la Davis será removida una vez que finalice el encuentro, y que el material compuesto de varias capas de goma y polímeros especiales será arrojado a la basura por no ser un material reciclable. ¿Valor de la misma? Misterio.

El intendente GAP no asegura la continuidad de los servicios escolares en 2009; su secretario de Educación anuncia el cierre de las bibliotecas populares creadas por el ex intendente Lombardo en la década del ‘60 por falta de presupuesto, según se ha hecho saber. Pero eso sí, para el acontecimiento deportivo que ya genera más repercusión que una cumbre de presidentes hay hasta ahora dos millones de dólares en juego y no se duda en despojar de recursos a Calidad de Vida para pagar esta loca, estúpida carrera por la figuración política.

Los escribas de FAI hablan del amor a la ciudad. Debe ser la clase de amor que ofrece un marido golpeador. Lo que ocurre es que ya sabemos que esa clase de amor siempre lleva a la muerte, y a ningún otro lugar.

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