El malo de la película

El sector privado considera que Pablo Clavarino, el director de Rentas, es uno de los mentores del aumento de la presión fiscal en Tucumán. En el Poder Ejecutivo, en tanto, lo consideran el impulsor de la recaudación tributaria.
Amado y odiado, Clavarino dice que sólo trata de ser justo y que está dispuesto a erradicar la evasión. Durante sus seis años de gestión, el funcionario se caracterizó por las férreas fiscalizaciones, la reforma del Código Tributario, las moratorias y las ejecuciones judiciales. "No soy Montoya, ni Elliot Ness, sino una persona que trata de ser justa", le dijo a LA GACETA.

Aunque cultiva un perfil bajo, Pablo Adrián Clavarino suele estar en boca de la mayor parte del empresariado tucumano, del comerciante y hasta del simple contribuyente que lo ve por la calle, en el diario o en la televisión. El director de Rentas de la Provincia es la cara visible de una gestión de gobierno que ha avanzado con la reforma del Código Tributario, en la revaluación de las propiedades, en las fiscalizaciones callejeras y hasta con las moratorias, medidas que -en su conjunto- han posibilitado que el Gobierno provincial haya alcanzado picos de recaudación elevados en los últimos seis años. Muchos consideran que Clavarino es el malo de la película. El lo asume, pero aclara que su perfil técnico contribuye a darle esa imagen de duro. "Las reglas de juego están escritas y el contribuyente debe cumplirlas. Siempre estaré detrás de los pasos del que evade y del moroso que, pudiendo pagar, no lo hace", señala en una entrevista que concedió a LA GACETA. Afirma que, desde que asumió el cargo, en octubre de 2003, cuenta con el apoyo del gobernador José Alperovich.

Clavarino considera que, en el fondo, aquellos referentes del sector privado que lo critican reconocen la tarea que desarrolló Rentas en los últimos años.

Por ahora, la recaudación mensual está sobreviviendo a los efectos de la crisis global. Si bien aclara que se realiza un control mensual de la conducta de los contribuyentes, el director del organismo acota que se pone mayor énfasis en un grupo de 8.000 grandes contribuyentes que aportan cerca del 80% de los ingresos mensuales. Dentro de un mes vencerán las moratorias, nacional y provincial. Algunos tributaristas consideran que se extenderá el beneficio. Otros, en tanto, sostienen que luego del 31 de agosto se profundizarán los controles y las amenazas a los contribuyentes con mecanismos extorsivos y forzando interpretaciones para avanzar sobre el sector privado, y reseñan el lento y progresivo aumento de la presión fiscal durante la gestión Alperovich-Clavarino. Clavarino es considerado sinónimo de presión fiscal. "Algunos, con mucha ligereza, hablan de presión fiscal, pero con algunas medidas buscamos incorporar contribuyentes no inscriptos, lo que los expertos dicen cazar fuera del zoológico. Y eso contribuye a que haya competencia leal en la jurisdicción, algo que los empresarios vienen pidiendo desde siempre", se defiende.

Pese a las explicaciones del funcionario, los empresarios tucumanos se quejan con frecuencia de la gestión de Clavarino. En particular, critican la multiplicidad de impuestos, las elevadas tasas de los gravámenes, la falta de estímulos fiscales y los controles, que en el afán de lograr una mayor recaudación, hacen que las distintas actividades económicas de la provincia pierdan competitividad. La Federación Económica (FET), por caso, ha presentado un documento con 29 pedidos de paliativos fiscales a Alperovich y otros seis al intendente de la capital, Domingo Amaya. Alperovich anunció el viernes que mañana los recibirá en su despacho, aunque no prometió respuestas a los reclamos.

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