Malestar en Europa por una visita cancelada

Obama no viajará a una cumbre en Madrid
PARIS.- La decisión del presidente Barack Obama de no asistir a una cumbre Estados Unidos-Unión Europea (UE), prevista para el 24 y el 25 de mayo en Madrid, representó ayer una bofetada para los 27 países del bloque, que se empeñan en ser considerados como una fuerza coherente e ineludible en el tablero de las relaciones internacionales.

"El presidente no tiene previsto asistir a una cumbre en España", dijo ayer el vocero del Consejo de Seguridad Nacional, Michael Hammer. Poco antes, un vocero del Departamento de Estado, Philip Crowley, había dicho que "no había un proyecto preciso del presidente de viajar a España para la cumbre este año".

La inesperada noticia significó un baldazo de agua fría tanto para las autoridades españolas, que ejercen la presidencia pro témpore de la UE, como para Bruselas. Todos, al parecer, se enteraron a través de la prensa.

El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que llegará mañana a Washington, manifestó su enojo, mientras que funcionarios europeos afirman que en las últimas horas hubo intercambios de mensajes diplomáticos en el más alto nivel. La Casa Blanca justificó la decisión por una cuestión de calendario e insistió en que no se trata de una cancelación. En realidad, el presidente "nunca inscribió en su agenda" ese viaje, explicó el responsable para Europa en el Departamento de Estado, Phillip Gordon, que añadió que Obama sigue "muy interesado en ampliar las relaciones con la UE".

Como prueba, el equipo de Obama señaló que el mandatario viajó a Europa seis veces el año pasado. La última fue a Copenhague, para la cumbre climática de la ONU.

La ausencia de Obama podría incluso provocar la anulación de la cumbre de Madrid. "No está claro todavía. Depende del diálogo con Bruselas, pero estas reuniones son a nivel de jefes de Estado y de gobierno. Tal como está ahora la situación, es muy poco probable que se celebre", señalaron fuentes del gobierno español.

De las dos cumbres bilaterales a las que asistió desde que asumió, Obama habría quedado totalmente decepcionado con la primera, en junio pasado, en Praga. A la segunda, en Washington, asistió apenas una hora y media antes de dejar al mando al vicepresidente, Joe Biden.

Para los europeos, la decisión de Obama, que viajará en la misma época a Indonesia y Australia, es la demostración de la pérdida real de influencia de la UE en beneficio de Asia y, particularmente, de China.

"El gobierno estadounidense ha centrado sus esfuerzos en obtener una relación más estrecha con China y esto provoca en los europeos el temor de que ese nuevo G-2 reduzca aún más la influencia de la UE en el mundo", señaló un informe del Centro para la Reforma Europea (CER).

Obama también decidió concentrar sus energías en la política interna de Estados Unidos, empujado por las consecuencias de la crisis financiera y su pérdida de popularidad.

En todo caso, ésta no es la primera vez que el presidente norteamericano muestra su indiferencia por Europa. En noviembre decidió no participar en las conmemoraciones de la caída del Muro de Berlín. En diciembre, la UE quedó traumatizada con la experiencia de Copenhague, donde Obama prefirió negociar un acuerdo mínimo directamente con China e India. Y sus desaires a líderes europeos ya forman parte de la historia: Sarkozy, Angela Merkel y hasta Gordon Brown fueron víctimas de su indiferencia.

"Su mundo no es Europa. No lo fue nunca", afirma José Ignacio Torreblanca, analista del Consejo Europeo de Relaciones Internacionales.

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