Malestar por las bases militares

Los dos presidentes mimados de la Casa Blanca, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y la chilena Michelle Bachelet, se reunieron ayer en San Pablo. Hablaron de comercio, inversiones, la dictadura hondureña, pero el centro de su atención lo acaparó el nuevo acuerdo militar entre Washington y Bogotá. "A mí no me agrada una base norteamericana más en Colombia", aseguró Lula, ganándose la aprobación de su colega chilena. Los dos mandatarios no quisieron confrontar con Bogotá, pero propusieron convocar al Consejo de Defensa latinoamericano en la próxima cumbre presidencial de la Unasur, el 10 de agosto en Quito.
Unas horas antes del encuentro entre Lula y Bachelet, el mandatario brasileño había llamado por teléfono a su par venezolano, Hugo Chávez, para hablar sobre el congelamiento de las relaciones con Colombia, decisión en parte provocada por la cesión de tres bases colombianas a los militares norteamericanos. Colombia anunció este mes que está negociando un acuerdo con Washington para que 800 militares y 600 civiles de ese país se instalen en tres bases aéreas colombianas. Su misión sería coordinar y ejecutar los operativos antidrogas del Pentágono en la región, una tarea que los estadounidenses antes realizaban en la base militar ecuatoriana de Manta. El contrato con Quito se vence en unos meses y, como el presidente Rafael Correa se negó a renovarlo, los militares norteamericanos deberán dejar el país en septiembre a más tardar.

Lula y Bachelet reconocieron que el acuerdo militar es un tema bilateral entre Estados Unidos y Colombia, pero no por eso un asunto que preocupa y concierne al resto de la región. Con la salida de Manta, las bases colombianas se convertirían en las única presencia estable del Pentágono en Sudamérica. "Podríamos convocar al Consejo de Defensa para hacer una reunión sobre el problema de la soberanía de nuestras fronteras", sugirió Lula. A su lado, Bachelet, presidenta pro témpore de la Unasur, lo secundó. "Hay países que están inquietos por esta situación", aseguró.

Aprovechando que el tema de la presencia militar norteamericana en la región estaba de nuevo sobre la mesa, Lula recordó que su gobierno aún no obtuvo respuesta a una carta sobre la reactivación de la IV Flota, enviada el año pasado al entonces presidente George Bush. La flota que había sido suspendida después de la Guerra Fría volvió a navegar las aguas del Caribe y el Atlántico el año pasado, según el Pentágono, como vehículo para misiones humanitarias.

El tema además preocupa a Lula por la tensión que está provocando entre el gobierno colombiano y el venezolano. Ayer el mandatario llamó a Chávez para ofrecerse como mediador, según deslizó el canciller brasileño Celso Amorim, y mañana viajará a Caracas Marco Aurelio García, el asesor presidencial en temas internacionales. El martes Chávez congeló las relaciones diplomáticas con su vecino y amenazó con suspender también el comercio. Según le dijo por teléfono a Lula, la instalación de las bases estadounidenses representan una amenaza directa a su gobierno.

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