Esa maldita costilla!!!

No son Nazarena Vélez, Amalia Granata, Cinthia Fernández, Silvia Zuller, Graciela Alfano ni Luciana Salazar, pero viven de escándalo en escándalo. Sus vidas políticas son la demostración más palmaria que el poder es sinónimo de impunidad.
Como un adolescente bobalicón, Eduardo Brizuela del Moral, en política, no elige siempre a la mejor, al contrario; esa permanente reincidencia, obvio, lo hace sufrir, amargarse, pasarla mal…pobre!

Es que las mujeres que Eduardo Brizuela del Moral eligió para que lo acompañen en su momento de gloria política, solo se han destacado por los escándalos que protagonizaron; convierten en cierto aquello de que el poder es impunidad.

Isabel Acuña de Brizuela del Moral (ex Ministra de Educación), Martha Torres de Mansilla (ex Secretaria y Ministra de Desarrollo Social), Stella Sartor de Zurita (Secretaria Privada de la Gobernación), Catalina Krapp (Secretaria de Estado de Turismo), Nora Martínez (Subsecretaria de Ambiente), Lucia Corpacci de Mercado (Vice Gobernadora), Martha Grimaux de Blanco (Senadora provincial), Juan Fernández de Callantes (Secretaria de Deportes), de todas ellas podría decirse que son casi adictas al escándalo.

Los motivos puede que sean diferentes, porque no comprenden que no es normal que los ministros puedan hacerle una interna al gobernador, porque otra se enriquece mientras la pobreza crece y los alimentos aparecen en chiqueros, otra porque les facilita bienes del Estado para el enriquecimiento a su hija y su yerno, otras porque se empecina en llevarse mal con quienes deben trabajar mancomunadamente, ya sean empresarios del turismo o clubes a los que deben ayudar, otra porque no quiere donar 80 pesos para comprar una olla para un humilde comedor, otra porque no comprende que no es nada en la cadena de mando ni en política, o porque elabora informes, y se lo paga así misma, diciendo que el este catamarqueño está habitado por llamas y vicuñas.

La cuestión es que todas ya parecen enviciadas, y la verdad que no encuentran otra manera de relacionarse con los medios sino es a partir de protagonizar un hecho de corrupción, un desastre económico, una bomba política. Cómo, sino, impactaron, impactan?

La semana pasada, ni siquiera la zanahoria que es un suculento subsidio por salir pudo contener a los dirigentes del Club Atlético Policial a cantarle las cuarenta a Juana Fernández de Collantes; pero para desgracia de Eduardo Brizuela del Moral, no es la única que sufre la patología política del escándalo.

Nazarena Vélez, Graciela Alfano, Amalia Granata, Cinthia Fernández, Silvia Zuller o la exuberante Luciana Salazar reinciden en los escándalos porque lucran de mover el avispero televisivo con lo que tienen a mano, peleas, divorcios, videos pornos que se cuelan en YouTube, cualquier cosa.

A las catamarqueñas no les da el lomo para Intrusos de Rial, pero quien puede negarles la compulsión por lo truculento; de ellas no podría decirse que viven para el show, porque aunque en principio les garantiza la protección política de Brizuela del Moral, a la larga, puede perjudicarlas, porque puede eyectarlas del gabinete provincial; por eso no se entiende como la de los escándalos políticos es una adicción que parecen no poder controlar las "elegidas" por el primer mandatario.

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