La maldición de la tercera legislativa

Por H. Brienza

Se cumplió, una vez más, la maldición que se registra desde 1983 para el partido gobernante de la provincia de Buenos Aires.

Hay una metáfora que les gusta usar a los operadores políticos del justicialismo para alardear del pragmatismo y del maquiavelismo que los caracteriza: "Los peronistas somos como los dogos, en cuanto olemos sangre nos tiramos al cuello del herido". En las elecciones de ayer al kirchnerismo le ha ido mal, además de los distritos en los que le iba a ir mal (Capital, Córdoba, Santa Fe), en la provincia de Buenos Aires, un bastión clave del andamiaje de poder del oficialismo nacional. Ayer se cumplió, una vez más, la maldición de la tercera elección legislativa que se registra desde 1983 a la fecha para el partido gobernante.

En 1987, la Unión Cívica Radical, liderada por Raúl Alfonsín, perdió la gobernación de la provincia a manos del peronista renovador Antonio Cafiero. La elección del ejecutivo provincial barrió también con las legislativas de ese distrito, el cafierismo obtuvo alrededor del 45 por ciento contra el 37 por ciento de la lista oficialista. Poco más de un año después, los sueños alfonsinistas de convertirse en el Tercer Movimiento Histórico se escurrían entre saqueos, el asalto a la Tablada y la hiperinflación. En las elecciones de 1989, el menemismo arrolló a la UCR que postulaba a Eduardo Angeloz.

Diez años después, cuando el propio menemismo parecía invencible –era una topadora ideológica y un tanque electoral difícil de vencer– Graciela Fernández Meijide se comió a la dama fuerte de la provincia de Buenos Aires, Hilda "Chiche" González. Los resultados arrojaron un 48 por ciento para la coalición opositora frente al 41 del peronismo. Como se sabe, en 1999, la Alianza, con De la Rúa a la cabeza, le cerró el paso a la presidencia a Eduardo Duhalde.

Tan solo dos años en el gobierno bastaron para que las legislativas de 2001 –con votos Clemente, salame, en blanco, con candidatos testimoniales que se veían premiados con el descontento popular– dejaran groggy al gobierno de la Alianza. Unos meses después, corralito, estado de sitio y muertos en la calle mediante, De la Rúa abandonaba el gobierno. El resultado de la provincia había sido 37% del justicialismo frente al 15 de la Alianza.

Las elecciones de ayer son realmente importantes en vistas a 2011. Es posible que una derrota categórica del gobierno nacional en la provincia de Buenos Aires selle su suerte. Desde anoche y en los próximos dos años, el poderoso aparato bonaerense comenzará a resquebrajarse, a hacer ruido, a moverse como un Leviatán esquizofrénico. Ahora que la sangre parece haber llegado de nuevo al río, los peronistas tienen una nueva oportunidad para demostrar si son o no como los dogos.

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