U maish grandchi du mundu

Por A. Palacios

"O mais grande do mundo" es una de las frases que más he escuchado en Buenos Aires cuando digo que vengo de Brasil.

"O mais grande do mundo" es una de las frases que más he escuchado en Buenos Aires cuando digo que vengo de Brasil. Lástima que los brasileños nunca dijimos esa frase, además de estar gramaticalmente equivocada. Y enseguida aparecen los comentarios apologéticos sobre Lula, los pozos de petróleo, el mundial de 2014, las olimpíadas de 2016… ¡Sólo falta que me digan que el sucesor de Benedito XVI será un brasileño! Lula tiene 80% de aprobación popular, pero nunca antes el entorno de un presidente brasileño estuvo tan zambullido en escándalos de corrupción. Lula se ha abrazado a jurásicos caudillos conservadores del norte del país. Sin embargo, el país crece y se moderniza como nunca. Los empresários argentinos me hablan con sana envidia de la FIESP. Y aman a Lula, como un paladín de la libre empresa. Paradójico: los sindicalistas argentinos ven al mismo hombre, pero interpretan otra cosa: ellos endiosan a Lula como si todavía fuera un hombre de izquierdas. Frecuentemente me dicen: "¡Cómo debés extrañar vivir sobre la playa!". Y respondo indignado: "¡Pero si la mayoría de los brasileños no vivimos sobre la playa!". No me escuchan: "Ah, son todos felices, ‘prafrentchi’, bailan siempre". Yo insisto: "Pero hay mucho por hacer, pues tenemos narcotráfico, pobreza todavía alta y déficit fiscal brutal". Se enojan: "¡Pero che! Tantos años acá y ya sos un amargado como los porteños". No hay caso. Siempre contesto resignado: "Tudo bem, tudo legal".

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