Los mails del espía

Mientras el Perú espera la respuesta del gobierno de Chile a su exigencia de que se investigue el caso de espionaje chileno y que ese país sancione a los funcionarios responsables, se ha comenzado a conocer la información secreta que el espía peruano Víctor Ariza, suboficial de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), envió a Santiago durante por lo menos cinco años.
Los correos electrónicos encontrados en la computadora de Ariza revelan que el espía envió a sus contactos chilenos información sobre la situación operativa de los aviones de combate peruanos y su ubicación en las distintas bases aéreas; los planes para adquirir armamento; los programas de entrenamiento de los pilotos de guerra, del personal asignado a la defensa antiaérea y de la Dirección de Operaciones Especiales de la FAP; el plan de la estructura operativa de la FAP; información sobre el funcionamiento de la base aérea de la Joya, la más importante del sur del país, ubicada a unos 400 kilómetros de la frontera con Chile.

Las instrucciones que recibía Ariza de sus contactos chilenos sobre la información militar que debía conseguir eran muy precisas. En un correo firmado por Víctor V. se le pide al espía peruano información sobre el tipo y cantidad de misiles antiaéreos que tiene el Perú. En otro correo le preguntan: "¿Cuántos (aviones) MIG 29 van a ser sometidos a upgrade para alcanzar la condición MIG 29 SMT?". Otra pregunta muy específica que le piden responder es: "¿Cuál es el grado de rechazo que poseen los misiles Matra Magic-2 a las diferentes gamas de frecuencias I.R?".

El espía peruano, que firmaba los correos electrónicos que enviaba como Oscar Díaz Novoa, ha identificado a sus contactos chilenos como Víctor Vergara Rojas y Daniel Márquez Torrealba, quienes, dijo, son miembros de Inteligencia de la fuerza aérea de Chile. El canciller chileno, Mariano Fernández, ha señalado que no existe personal militar de ese país que responda a esos nombres. En su declaración judicial, Ariza aclara que los nombres que él tiene de sus dos contactos chilenos serían falsos. También ha revelado que además de sus comunicaciones a través del correo electrónico, se reunió en varias ocasiones personalmente con ellos, encuentros que ocurrieron en Santiago y Montevideo.

Pero Ariza no era el único militar peruano que espiaba para Chile. Uno de sus cómplices era el técnico de la FAP, Justo Ríos, quien viajó a Costa Rica el 5 de noviembre, días después de la captura de Ariza. Actualmente, se encontraría en Estados Unidos. Otros dos suboficiales de la FAP también están siendo investigados como sospechosos y la red de espías podría involucrar, según fuentes cercanas a la investigación del caso, también a oficiales de la FAP. En sus declaraciones judiciales, Ariza ha señalado que sus contactos chilenos le aseguraron que había otros militares peruanos que también trabajaban para ellos. El espía peruano, quien trabajó para Inteligencia de la FAP, asegura que decidió vender información a Chile no solamente por dinero –recibía tres mil dólares mensuales y pagos extraordinarios según la información que entregaba–, sino también porque señala haber sufrido "maltratos psicológicos" por parte de su institución.

El gobierno peruano envió el pasado miércoles a su similar chileno un legajo de 400 páginas con la información de esta investigación, que, según el canciller peruano José Antonio García Belaunde, confirma la existencia del espionaje y que la información militar secreta sustraída por Ariza fue entregada a Chile, país que ha negado cualquier vinculación con el espía peruano. García Belaunde señaló que espera que al contar con esta información, el gobierno chileno no insista en negar la existencia de este caso de espionaje e inicie una investigación. "No sólo queremos una investigación, sino también sanción a los responsables", aclaró el canciller peruano, quien afirmó que si la respuesta de Chile no es satisfactoria se "revaluarán" las relaciones con ese país, aunque descartó una ruptura de relaciones diplomáticas, como exige el líder del Partido Nacionalista, Ollanta Humala. García Belaunde precisó que la magnitud de este caso de espionaje revela que los responsables chilenos no serían mandos medios militares, aunque se cuidó en aclarar que el gobierno peruano no acusa a la presidenta Bachelet. Su par chileno, Mariano Fernández, respondió que su gobierno examinará la documentación entregada por el Perú y responderá a la nota de protesta de la cancillería peruana que acompañó ese documento. Ha trascendido que la respuesta chilena podría darse antes del 30 de noviembre, cuando los presidentes García y Bachelet coincidan en Estoril, Portugal, durante la Cumbre Iberoamericana. La revelación de este caso de espionaje ha puesto las relaciones entre Perú y Chile, que mantienen una disputa limítrofe marítima que se encuentra en la Corte de La Haya, en su nivel más bajo en los últimos treinta años.

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