Magistratura: coinciden la Corte y Alak en reformarlo

El ministro de Justicia visitó a los jueces y les pidió propuestas
La Corte Suprema y el nuevo ministro de Justicia, Julio Alak, coincidieron ayer en que es necesario modificar el funcionamiento del Consejo de la Magistratura, uno de los temas que más preocupan a la oposición.

Durante el encuentro de una hora que Alak mantuvo con el presidente del cuerpo, Ricardo Lorenzetti, y con los ministros Juan Carlos Maqueda y Carmen Argibay, los jueces le señalaron la necesidad de analizar los distintos proyectos de ley presentados en el Congreso y de reconocerle al máximo tribunal la presidencia del Consejo y una mayor injerencia en la administración de la Justicia.

En la reunión, realizada en el máximo tribunal y calificada de cordial por ambas partes, el funcionario los invitó a sugerir cuatro o cinco reformas y, en posteriores declaraciones a LA NACION, dijo que "es preciso optimizar el Consejo dentro del marco de la actual ley", aprobada en 2006 a instancias de la entonces senadora Cristina Kirchner, pero no descartó que se vayan a "evaluar algunos proyectos".

Para la Corte, el Consejo, que está virtualmente paralizado, es el responsable de la demora en la selección de jueces y también de la ineficiente administración del Poder Judicial. Se señaló, en ese sentido, que hay edificios que se derrumban y que el Consejo carece de un proyecto edilicio. El organismo también retrasó injustificadamente la informatización de la Justicia. Y, para peor, no es eficiente a la hora de organizar concursos para cubrir las vacantes que se abren en los tribunales.

Durante la campaña electoral, la reforma del Consejo pasó a ser un tema común de la agenda política de los partidos de la oposición.

Pero Alak, que hace una semana asumió en la cartera de Justicia y que visitó a la Corte para mantener una primera reunión informal, ahora escuchó los planteos de la boca misma de los magistrados. Eso tiene un peso institucional propio.

Además, en la intimidad del tribunal se evalúa hacer el mes próximo una declaración sobre la gravedad de la situación, y algunos jueces hablan de "colapso" del sistema. Eso ocurrirá, probablemente, antes de que Alak mantenga un encuentro protocolar con el máximo tribunal, cuando esté completo todo el cuerpo judicial.

Consenso

La reunión de Alak con los tres ministros de la Corte fue cordial y en momento alguno hubo reproches. Pero Alak, que fue quien pidió la cita y se reunió con la Corte antes de entrar en contacto con cualquier otro sector, lo que abrió fue la puerta al diálogo.

El nuevo ministro dijo que se acercaba para ofrecer colaboración para solucionar los problemas que tuviera la Justicia. La ocasión llegó en bandeja. Y nadie en la Corte quiso esperar hasta agosto para formular sus observaciones, aunque los temas volverán a plantearse. Así, la Corte instaló en la agenda de la cartera el tema del Consejo y de la administración de justicia.

También aprovechó para recordar que, hasta 2006, el presidente de la Corte conducía el organismo y que sería apropiado devolverle al tribunal esa función, para que por vía indirecta también tuviera incidencia en la administración de justicia.

El tribunal, finalmente, renovó el pedido de que la Justicia cuente con autarquía presupuestaria, para no tener que pedirle fondos al jefe de Gabinete cada vez que necesita usar una partida. Estos son dos temas permanentes de la política judicial de la Corte frente a los otros poderes estatales.

Los jueces supremos saben que el debate legislativo sobre una reforma del Consejo puede tornarse engorroso.

En efecto, en el Congreso hay muchos proyectos de ley presentados por partidos de la oposición. Además, no puede descartarse que el diálogo que abrió el Gobierno con la oposición, donde también se entremezclan temas como los superpoderes, los decretos de necesidad y urgencia, la agenda social y las recaudación, termine en malos términos.

Por eso, la Corte trata de no quedar atrapada en esa dinámica política y quiere marcar la urgencia que tiene por buscar soluciones a los problemas, especialmente los generados en el Consejo. Para la Corte Suprema, a la que le toca lidiar a diario con el Consejo de la Magistratura, los problemas reclaman una solución perentoria, y se mide en tiempos breves. "Los jueces se quejan, pero como el Consejo no los escucha, vienen a la Corte. Esto no puede seguir así", dicen en el alto tribunal.

En efecto, el Consejo fue instalado en 1998, pero, en lugar de mejorar la Justicia, ahondó muchos de sus problemas.

Así, por ejemplo, la Cámara del Trabajo tiene tantas vacantes que no puede realizar acuerdos generales; y los jueces en lo penal tributario, que llevan los juicios de los contribuyentes contra la AFIP, habitan un edificio en peligro de derrumbe y debieron ser mudados a otro de la AFIP. Un contrasentido.

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