Mafias ll

La costumbre de estructurar grupos de poder ramificados en la sociedad y obtener poder a como dé lugar es evidente en los tiempos que corren. Poder significa tres cuestiones: figuración, dinero e influencia.
O si se quiere poner estos tres ítems en otro orden, también es posible que cada uno elija cómo deberían ubicarse.

Uno de los actores de poder en Mar del Plata es la archiconocida "Liga de remates". O más simplemente, "la Liga". Dos figurantes archiconocidos de "la Liga" son los abogados José "Pepe" del Cerro y Miguel Nicodemo, por años personajes irremplazables al momento de acordar un remate, una suspensión de remate o la adquisición de una propiedad a precio vil mediante manipulación.

Desde hace unos años, esta estructura de poder se ha visto comprometida por la aparición de otro grupo, cuyo rostro visible es Roberto Larluz. Del Cerro y Nicodemo no han podido digerir esta situación, que implica la existencia de una competencia por los negocios muy rentables que genera la venta a remate de propiedades en la ciudad.

Por décadas, el grupo liderado por Del Cerro y Nicodemo impuso sus términos: qué se vendía a precio vil, qué se elevaba por las nubes para dar lugar a un segundo remate o se dejaba nulo a falta de postores hasta llegar a tercera base, en la que no hay piso de oferta. Así se fijaban los valores.

Este esquema devastaba la razón de ser del remate, que era la de satisfacer la recuperación patrimonial del acreedor. Pero la cosa cambió con la llegada de nuevos jugadores al escenario: el nuevo diagrama ha provocado que los valores de remate se acerquen en mucho a los de mercado. Generalmente se cierra en un 30% por debajo del valor de plaza, lo que es un muy buen precio para el comprador y representa, en la situación injuriosa del rematado, la posibilidad de que la pérdida del bien involucre asimismo la cancelación de su deuda.

Este reciente "modelo" de negocios ha tenido ya manifestaciones violentas. Hay episodios que este medio ha consignado fielmente: exhibición de armas en la puerta misma del Colegio de Martilleros, amenazas y advertencias que involucran a las familias. Nicodemo y Del Cerro no aceptan que un actor sin título universitario, alguien a quien desprecian socialmente y descaracterizan con términos tales como "ese verdulero", los ponga en la coyuntura de tener que ajustarse a reglas de juego que implican competencia por este salvaje negocio.

Por la naturaleza de la situación, los remates comprenden también al Poder Judicial, a un participante imprescindible, el Colegio de Martilleros, y a un conjunto de intervinientes necesarios tales como los rematados y los acreedores. La búsqueda de transparencia debería ser un objetivo inexorable, un actor más de esta tragicomedia. Pero no lo es.

Obra en mi poder una copia de la denuncia que realizaron Fernando Larluz y su amigo José Ignacio Mazza como víctimas de un ataque con arma de fuego y una bomba del tipo "molotov" que afortunadamente no estalló. La agresión, cobarde y criminal, no tiene por ahora autores reconocidos, aunque ambos jóvenes advirtieron la partida rauda de un vehículo del tipo 4x4 de color blanco, sin poder precisar la identidad de sus ocupantes.

No obstante, en la misma denuncia se consigna que tres sujetos con fama de "pesados", Walter Gómez, Roberto Echeveste y Mario Bustamante, han insistido en amenazar una y otra vez a Roberto Larluz cada vez que lo han querido correr de un remate. La denuncia consigna sus DNI. ¿Por qué? Muy sencillo: estos tres -aunque no son los únicos- hacen de "groupies" en los remates coordinados por Luis Puga, otro imprescindible que desde hace años viene reclamando el manejo de esta actividad como cosa propia.

La competencia no les sienta, y se ponen peligrosos. La autoridad debería intervenir en prevención, antes de que por unos pesos más o menos haya sangre derramada.

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