La mafia en versión estatal

Por: Ricardo Roa

Parece una película de la mafia. El problema es que los hechos son reales, ocurrieron aquí y dejan involucrada nada menos que a la Presidenta. El personaje central es Guillermo Moreno. Pero el verdadero Don Corleone está en otro lado.

¿Cuáles son los hechos? Moreno convocó a su despacho a los representantes estatales en Papel Prensa. Por si no se sabe, el secretario de Comercio tiene mucho poder delegado por Kirchner pero ninguna atribución sobre esa empresa donde el Estado es accionista minoritario y sus principales dueños son Clarín y La Nación.

Fue una reunión insólita. Pero más grave fue todo lo demás. Moreno anunció un plan de acción oficial para apropiarse de la compañía. A su manera, brutal e improvisado. Explicó: hay en marcha un decreto presidencial de necesidad y urgencia para intervenirla. Y después, dos opciones: bajar el precio de las acciones para que el Gobierno las compre baratas o, directamente, expropiar la empresa.

Para esto todas las armas son válidas. Planteó movilizar a los gremios y en especial "a los más agresivos" para que presionaran con huelgas y manifestaciones "así tenga que obligarlos a hacerlo". Y que "por expresas instrucciones de la señora Presidenta" desde ese momento la nueva jefa de ellos era Beatriz Paglieri.

Paglieri ha hecho carrera con Moreno, si es que así puede llamarse pasar de un cargo de segundo orden en el ministerio de Economía a interventora del índice de precios. Fue el brazo ejecutor de muchos de los peores desquicios que se cometieron en el INDEC. Está designada como directora en Papel Prensa, aunque todavía no asumió: falta la aprobación de la asamblea de accionistas.

Pero en esa reunión no sólo hubo amenazas de aprietes contra los privados de Papel Prensa.

Moreno les dijo a los representantes del Estado que si contaban algo "afuera están mis muchachos, expertos en partirle la columna y hacer saltar los ojos a quien hable".

El problema de Moreno es que esta vez alguien contó y lo denunció. Muchos habían ventilado sus extorsiones. El revólver sobre la mesa en los encuentros con empresarios. O la reiterada -y tan fina- alusión al "yo la tengo más larga que todos ustedes", algo que cualquier sicólogo interpretaría por la inversa. Pero todo el mundo coincide en que lo que importa es quien está detrás suyo: Kirchner.

Unos de los consejeros, Carlos Collasso, entendió que su obligación como funcionario público y controlador de la empresa era denunciar lo que había visto y escuchado. Lo hizo ante un escribano y después en el Consejo de Vigilancia. Su testimonio está ahora en manos de la Justicia.

Otra razón que impulsó a Collasso fue que Juan Manuel Prada, subsecretario de Servicios Financieros del ministerio de Economía, y de quien depende, estuvo en la reunión de Moreno y avaló todo con su silencio. Los otros dos directores por el Estado, Carlos Mauricio Mazzón y Juan Druker renunciaron. Así de grande fue el escándalo.

La ley es lo de menos, hay que imponer la voluntad del jefe y hacerlo bajo la presión de la fuerza y de un pacto de silencio. Pura lógica mafiosa. Búsqueda de poder a cualquier precio, presentada acá por los K como una gesta democratizadora.

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