Madrid busca castigar a los rezagados

Un frío viento recibió en el Palacio de la Moncloa a los invitados del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Hasta Madrid llegaron el presidente permanente de la Unión Europea (UE), Herman van Rompuy, y el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso.
Zapatero –cuyo gobierno el 1 de enero asumió la presidencia de turno semestral de los 27–, Van Rompuy y Durão Barroso representan la cúpula política de la UE. Tres presidentes deben hablar en nombre de la UE y también, de alguna manera, la "ministra" de Exteriores.

Conseguir este objetivo no será fácil, como dejó claro Zapatero en una comparecencia previa a la reunión en la que desmintió supuestas disputas en torno a las competencias que otorga el nuevo Tratado de Lisboa. En contra de lo que se pretendía, en lugar de reducir su número de cabezas visibles, la UE tiene ahora más altos cargos que antes. Por si fuera poco, Zapatero ha echado leña al fuego de una antigua disputa política con su propuesta de acordar objetivos para el crecimiento económico hasta 2020 en los 27 países comunitarios y de sancionar su incumplimiento. Si no se apaga la mecha, existe riesgo de explosión durante la cumbre extraordinaria del 11 de febrero.

La propuesta de Zapatero es un viejo objetivo que el presidente español comparte con su homólogo francés, Nicolas Sarkozy. Tras la creación del mercado común, el pacto de estabilidad y la eurozona, a ambos les gustaría que la UE diera un "nuevo salto cualitativo" y asumiera el control de la política económica de los estados comunitarios.

Alemania ha reaccionado con reserva ante esta idea: es una propuesta legítima, pero eso no quiere decir que vaya a convertirse en realidad, aseguró un portavoz del Ministerio de Finanzas germano. Funcionarios comunitarios apuntaron que también otros países tienen reparos ante una "supervigilacia" de la política económica por parte de Bruselas.

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