Las Madres dicen que tienen el aval de Cristina para urbanizar la Villa 31.

Sergio Schoklender, apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo se lo confirmó en exclusiva a PERFIL. El plan para urbanizar la 31, donde construirían cinco mil viviendas y también la 1-11-14, se enmarca en la continuidad de las obras que ya hacen las madres en algunas villas como Los Piletones. Si bien los permisos los debe dar el Gobierno porteño, el ministro de Espacio Público, Juan Piccardo, afirmó que hay voluntad de "discutir y acordar".
Los funcionarios del Gobierno porteño que tienen contacto directo con las villas porteñas están nerviosos. Literalmente. Porque saben que durante la cocina electoral del último sufragio se diseminó dentro de los barrios más pobres de la Ciudad, un considerable ejército de punteros K para repartir planes sociales y profundizar la presencia del Gobierno nacional, allí donde el clientelismo golpea más fuerte.

Ahora, la avanzada kirchnerista comienza a articular un plan para dar el gran golpe de efecto: urbanizar la Villa 31 y la 1.11.14 (la más conflictiva y la más peligrosa de la Ciudad) a través de la Fundación Madres de Plaza de Mayo.

"La urbanización de esas villas se van a hacer con Mauricio o sin él, Cristina ya nos dio el aval para avanzar con las obras", amenaza Sergio Schoklender, apoderado de la Madres, recién llegado de una recorrida por los obradores de las viviendas que construye la Fundación en Santiago del Estero, Chaco y Misiones.

"La Presidenta se junta seguido con nosotros y nos ratificó que no se va a paralizar ninguna obra de la Fundación, no importa en qué jurisdicción se encuentre", disparó como anuncio de una importante jugada política que tejen las Madres: abrir una mesa de negociación con las autoridades porteñas para poder construir miles de viviendas en las dos villas insignia de la Ciudad.

Pero el Gobierno local también tiene un As bajo la manga. Por una cuestión jurisdiccional, los planos de toda construcción que se encare en el ámbito porteño deben ser aprobados por la Dirección General de Fiscalización de Obras y Catastro (DGFOC). En otras palabras: sin la firma y la intención política de Macri, Hebe de Bonafini no puede tocar un ladrillo. Sobre todo porque en las altas esferas del Poder Ejecutivo porteño saben que las Madres cobraron por adelantado millones de pesos por obras en varias villas que casi no avanzan. Para ellos, madres es mala palabra.

Pero en algunos sectores del macrismo parece haber un ánimo un poco más conciliador. El ministro de Espacio Público, Juan Pablo Piccardo –uno de los responsables de armar políticas de urbanización en la Ciudad– no desestimó trabajar en conjunto con Schoklender. "La única solución para resolver el problema de la Villa 31 es armar un acuerdo entre la Nación y la Ciudad porque las tierras son de ellos y los permisos de obra los damos nosotros", sorprendió y confirmó: "Tenemos la intención de hacer un proyecto conjunto a 10 años".

El debate. Para urbanizar una villa como la 31 es necesario tender calles, hacer obras de infraestructura (cloacas, luz, gas) y construir unas 9 mil viviendas. El Gobierno estima que con 1200 millones de pesos es posible reconvertir esas 15 hectáreas, en un barrio integrado a la Ciudad.

"Ellos tuvieron dos años de gestión y no hicieron nada con las villas", se queja el apoderado de las Madres que jura tener un plan técnico para edificar unas cinco mil casas en la 31, incluso, con mejor calidad que las 430 viviendas que construye su Fundación en el barrio de los Piletones, en Villa Soldati.

Además planea hacer unas 700 más en la 1.11.14, una de las villas más peligrosas de la ciudad, donde los narcos son los que mandan. "¿Cómo se le ocurre a las Madres que pueden hacer cinco mil casas si en 4 años no pudieron terminar 300 en Piletones?", se pregunta uno de los funcionarios PRO con más injerencia en las villas. ¿Quien ganará la pulseada?

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