Made in China

Mientras nos preparamos para la final de la Copa Davis, en la ciudad no hay más que tres mamógrafos en centros municipales, y además son viejos, chinos e imprecisos. El monto invertido hubiera permitido comprar siete unidades nuevas. ¿Nos quejamos con Del Potro?
La ciudad está revolucionada por uno de los eventos internacionales del año, y ya se habla de medidas de seguridad extremas, de cortes de calles, y de todas las consecuencias que a los vecinos se les quite el ritual acostumbrado.

Nadie ha podido permanecer ajeno, porque desde la fecha misma de la confirmación, comenzaron los arreglos de las calles aledañas al Complejo Parque Municipal de los Deportes Teodoro Bronzini, y la instalación de una carpeta especialísima sobre la cancha central del estadio polideportivo, cuyo valor final ha generado toda una corriente de rumores.

Casi a la vez, y como la ciudad sigue viva más allá del tenis, una oyente casi desesperada se comunicaba con la emisora 99.9 para compartir una experiencia dolorosa. Necesitaba del servicio de salud municipal como única alternativa viable para realizarse una mamografía, y se encontró con que no disponía de la realización de tales estudios. Parecía imposible en una ciudad rica, tan rica como para celebrar un encuentro deportivo de altísimo nivel casi sin problemas, ya que la municipalidad acababa de derivar en un santiamén $750.000 para las obras hasta tanto el Consorcio Final Copa Davis pudiera restituirlos, con anuencia de nuestro secretario de Hacienda, Mariano Pérez Rojas, y de nuestro contador, Roberto Arango.

El intendente Gustavo Pulti había basado su campaña completa en la necesidad de mejorar la atención primaria de la salud de la población, a través de estrategias de prevención que serían un avance significativo en la calidad de vida de los ciudadanos. Había dicho en cada oportunidad posible que los centros de salud barriales eran los que necesitaban un mejoramiento en sus condiciones generales de trabajo para desagotar la altísima demanda que sufren los hospitales provinciales. Pero el dinero se desvía hacia los gastos de la Davis.

La precisión

El subsecretario de Salud de la comuna, Alejandro Cristaldi, fue quien se hizo cargo de dar las explicaciones del caso, pero sólo las que estaban a su alcance. En entrevista exclusiva enn la 99.9 explicó que el caso de la oyente le resultaba perfectamente verosímil: “el sistema de salud municipal está trabajando con aparatología obsoleta, que resulta dificilísimo de mantener”.

Aunque resulte increíble, de los tres mamógrafos que hay a disposición de las mujeres de esta ciudad que no cuenten con una obra social que habilite la realización de estudios de control, o de recursos propios para realizarlos en forma particular, dos son chinos y prácticamente ya no existen repuestos para arreglarlos. “Se reparan como se puede”, dijo Cristaldi.

Existe uno más, que ha sido donado hace dos años, pero no ha podido ser puesto en funcionamiento a causa de la falta de un revelador, es decir un simple insumo.

Mientras padecemos estas condiciones de vergüenza para la salud pública, en el país de origen de Nadal nadie lucha por un mamógrafo, que sería impensable. Se proponen los españoles el cambio de la aparatología analógica por la versión digital, que permitirá no sólo una exposición a los rayos un tercio menor, sino el almacenamiento ordenado de los informes, para que ya no sea la paciente la encargada de cuidar y conservar sus propias placas radiográficas, útiles como elemento de comparación.

En el cáncer de mama, como en muchas otras patologías, la prevención es el factor predominante de la sobrevida. La mayoría de los casos en que la detección se produce de manera precoz, es decir con tumores que no superan el centímetro de longitud, la paciente tiene una recuperación prácticamente normal, que altera muy poco su vida anterior, y no requiere una extirpación de la mama, con las consecuencias psicológicas que esta lesión tiene para la mujer.

Es por eso que la provincia de Buenos Aires sostiene un programa específico de prevención de esta enfermedad, el PROGEMA, que se ha encargado de difundir información precisa al respecto, como la altísima incidencia que un amamantamiento prolongado tiene para la prevención de tales tumores. Cada año se diagnostican en el país entre 12.000 y 15.000 casos de cáncer de mama, y los datos del Ministerio de Salud bonaerense señalan que en esta provincia aparecen 5.800 nuevos casos cada año.

Pero considerando que aquí los mamógrafos existentes son exiguos, y suponiendo que la gente aceptara trasladarse hasta uno de los tres centros de salud que sí lo tienen, la cuestión sería determinar cuál es el índice de certeza que puede tener en el diagnóstico un aparato complejo que detecta formaciones pequeñísimas, si está -como dice el subsecretario- “arreglado como se puede”, y es totalmente obsoleto.

Unos pesos

Cristaldi no puede responder, porque no lo quiere ni pensar. Sabe, igual que nosotros, que consultando una página de Internet se consigue un aparato de alta complejidad a un valor que, hoy en día y para un sistema de salud completo, es insignificante: 33.000 dólares, y además puede ser pagado en cuotas mensuales de $21.000.

La cuenta es muy sencilla: si nuestro intendente estuviera cumpliendo la promesa que realizó a los votantes, si estuviera poniendo la salud primaria en el primer lugar, como lo aseguró, estaría destinando los $750.000 que aparecen en el decreto como recursos para comprar siete mamógrafos modernos y certeros, que causarían una marcada incidencia en la prevención del cáncer de mama de la población de la ciudad.

Cristaldi defiende su plan de reinversión de salud, y destaca que el problema viene de un arrastre de años. Sostiene que es urgente incrementar los recursos económicos porque todo está mal, y no solamente los aparatos. Es necesario, dice, generar nuevos recursos.

Por eso planea instalar el SAMO, un recupero de dinero a través de la atención médica de las personas que disponen de una obra social, y recurren a la sala barrial, programa que está hoy en vigencia en los hospitales de la provincia.

La inversión que la comuna realiza en salud es del 5,6% del presupuesto, pero la media necesaria es del 10%. En este estado de cosas, es normal que la actual gestión de salud esté esperando presupuesto para poder pagar el sueldo de los cincuenta nuevos médicos que han concursado ya sus cargos, pero no han podido empezar a trabajar. Cristaldi cree que para enero, pero la verdad es que no está seguro.

Sabe, sí, que necesita personal para asistir a la población en horario vespertino, porque en la actualidad hay un 70% del servicio que se presta durante la mañana, pero a partir del mediodía uno se puede morir en la vereda. Imaginar es fácil: la noche es el horario con menos frecuencia de colectivos, la hora en que los bebés se enferman, y no siempre hay una posibilidad de llegar al Hospital Materno Infantil. Se termina accediendo a una ambulancia de la provincia para resolver una cuestión que podría haber asistido un médico de guardia.

El subsecretario tiene buenas intenciones, y busca la manera de mejorar este factor de accesibilidad de la población a la salud primaria que puede ofrecer la comuna, y busca aumentar los recursos para que sea mejor. Pero también sabe con qué cuenta. Ha salido a la calle con heladeras portátiles para vacunas que pertenecen a la Nación, para llegar a Villa Evita o al predio del basural, porque no cree que los médicos deban quedarse de puertas adentro.

Él seguramente pensó que, según lo que Acción Marplatense prometió durante la campaña, como subsecretario de Salud de la municipalidad los recursos le vendrían en bandeja. No debe de haber creído que se quedaría solo tan rápido, porque el secretario Alejandro Ferro está en este momento en Glasgow, Escocia, donde parece que hay un congreso muy interesante. Él creía que llegaría al 10% del presupuesto que necesitaba para que el mamógrafo no estuviera atado con alambre, pero no pasó. Eso le pasa por no jugar al tenis.

Comentá la nota