El macrismo recurre a un ex montonero para mantener controladas las villas

Se llama Miguel Angel Rodríguez y le dicen el Comandante. Trabajó como jefe de Tránsito en la era Grosso y estuvo preso por vender licencias truchas de Taxis. Forma parte de una estructura a la que el gobierno de Mauricio Macri debió recurrir para poder entrar en esos barrios y así tratar de llevar a la práctica algunas obras. Sin embargo, los antecedentes de los punteros del PRO no difieren en nada de los del PJ del conurbano.
"A mi me puede temblar la mano, pero este dedo no me tiembla", sentenció. Y gesticuló con su mano, simulando gatillar un arma.

El que habla es el ex montonero Miguel Angel Rodríguez (62), alias "El Comandante", el hombre con el que cuenta el macrismo para neutralizar los conflictos en las villas. Rodríguez recibió a PERFIL en la habitación que alquila en la Villa 1-11-14, en Bajo Flores, ocasión en la que reveló su trabajo de "nexo" entre el gobierno porteño y los delegados villeros.

Rodríguez fue director de Tránsito durante la gestión de Carlos Grosso y en 1991 fue preso por vender licencias truchas de taxis. Pese a ello, fue contratado por el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC), hasta que el legislador del ARI Facundo Di Filippo lo denunció, a fines del año pasado, y Rodríguez dimitió.

"Di Filippo quiso arrebatarme la voluntad", expresó Rodríguez. Quienes lo quieren bien, aseguran que Rodríguez es "un tipo de fierro", que los asesora al momento de negociar con los funcionarios. Quienes no lo quieren bien, afirman que Rodríguez es un matón.

Sobre su militancia en Montoneros, Rodríguez contó que estuvo exiliado, que aún hoy está en contacto con Roberto Perdía (que fue el tercer jefe guerrillero), y que no descarta escribir algún artículo en Repensar –revista de reciente aparición donde escriben ex montoneros–.

—¿Cómo explica su relación con Macri, habiendo sido guerrillero?

—Si Macri me da para los pobres, me da la luz, el asfalto, bienvenido. Perón nos decía ‘muchachos, agarren el sandwich de chorizo, coman bien, y agarren una alpargata, y despúes adentro de su local, cuando van a votar, saben lo que tienen que hacer’. El Yuppie éste (Macri) fue una vez a la Unidad de Gestión de Infraestructura Social (UGIS), cuando yo trabajaba en el gobierno, y no saludó a nadie. Vos cuando entrás a una casa tenés que saludar. Entonces yo agarré y le dije ‘buenos días señor’, porque así tiene que ser; no podés estar distante.

—¿Por qué cree que las villas están tranquilas?

—Porque hubo gente de este Gobierno (no Macri) que entendió que si no comenzaban a hacer obras iban a tener problemas. ¡Tienen que poner la platita! Nuestra paciencia tiene fecha y hora.

—¿Cómo se llega a tener autoridad adentro de una villa?

—Primero, teniendo códigos de honor; segundo, cuando hay que gritar; y tercero, cuando tenés que dar un coscorrón, hay que dar un coscorrón. Pero esto no se diferencia en nada de lo que ocurre en Alvear y Quintana (en Recoleta); ahí se manejan los mismos códigos.

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