Macri ya no oculta que quiere ser presidente en 2011, pero tiene un futuro cuesta arriba

El jefe de Gobierno cree que en la próxima parada electoral para elegir presidente anida su gran oportunidad. No obstante, debe afrontar serias resistencias: los gremios docentes porteños, la falta de apoyo del matrimonio presidencial, una Legislatura cada vez más esquiva y la casi inexistente estructura del PRO figuran entre las principales batallas que deberá ganar si quiere llegar con posibilidades. Por qué inició un raid mediático por los diarios porteños.

Perfiles. Macri, la figura del General y la reproducción del PowerPoint con el que describe su gestión ante los medios.

Mauricio Macri ya no tiene dudas: cree que sería el mejor candidato a presidente para el postkirchnerismo. Sólo evalúa los tiempos de ese lanzamiento, dominados por el estallido de la actual crisis económica y el imprevisible desenlace de la Gestión Cristina. Sabe, de todos modos, que sea como sea deberá sortear tres años más como Jefe de Gobierno porteño tan complicados como el que está a punto de finalizar, el primero de su mandato. A cada movimiento que realizó en la gobernación le siguió una corriente de oposición que juzga exagerada. Registra que la gestión lo desgastó, pero, encuestas en mano, lee que la caída de la imagen del matrimonio presidencial le brinda una oportunidad formidable para diseñar su propio tiempo en la Casa Rosada.

Sus planes y la urgente necesidad de exhibir logros fueron, acaso, las principales razones que lo impulsaron a organizar un raid mediático ante las conducciones de los principales diarios de la Capital Federal. Con un power point de unos cuarenta minutos que explica paso a paso y área por área, Macri invirtió unas diez horas de la semana que termina en la recorrida.

Descarta percheros, arroja su saco sobre la alfombra, se muestra en mangas de camisa, novedosamente locuaz, y acepta que si los tiempos políticos nacionales se aceleraran, hoy sólo tendría para mostrar los éxitos pasados como presidente de Boca Juniors. Se lo ve ubicado, para nada vehemente y entusiasmado apenas por haber “revertido la tendencia” negativa que imprimió el arranque de su gestión, confusa y errática por culpa de la inexperiencia política de la mayoría de su staff. Su problema es el mientras tanto. El deterioro acumulado por Buenos Aires durante años le exige una verdadera epopeya, mientras la Nación le retacea recursos y herramientas para facilitarle cualquier acto que lo muestre ejecutivo, alimentando las condiciones objetivas de la escasa gobernabilidad que ofrece la Ciudad. Está parado en una enorme vidriera, que podría mostrarlo desnudo.

Macri se concentró en el cemento para demostrar vocación ejecutiva y capacidad de construcción política. Intuye que con eso tampoco alcanza, sin embargo. Entonces, levanta la vista e imagina una escalera de alianzas con el peronismo clásico y anti K: Ramón Puerta, los hermanos Rodríguez Saá y el salteño Romero le sirven de imaginarios peldaños. Pero aún no sabe con quién construir en la provincia de Buenos Aires. Duda si su buena relación con Eduardo Duhalde no podría convertirse en una mochila de “vieja política” demasiado pesada. Tal vez Francisco De Narváez le permita incorporar alguna cuota de heterodoxia en un territorio clave, donde el PRO es poco menos que una intención difusa. Su otro y más cercano desvelo son las elecciones de 2009. Parece casi un hecho que jugará a Gabriela Michetti para intentar una mayoría más cómoda en la Legislatura, que ni siquiera debió reunirse para bochar su proyecto de impuesto a los gastos con tarjeta de crédito. La experiencia de un año como Jefe de Gobierno le enseñó que un órgano legislativo tan impredecible puede ser un abismo. Sin mayoría propia no tendrá los resultados que busca y sin ellos, el sillón de Rivadavia puede ser un sueño sólo realizable merced a un monumental descalabro de la economía nacional.

El ex dirigente de Boca, acusa en carne propia la grave puñalada asestada por la crisis a su “Va a estar bueno Buenos Aires”. El endeudamiento porteño para llevar a cabo esa romántica promesa fue, por ahora, una jugada perenne. El resto fue obra de Néstor y Cristina Kirchner, quienes no eluden ninguna oportunidad de cortarle savia a cualquier financiamiento. Macri destila bilis cuando piensa en el matrimonio presidencial. Pecado de juventud a los 50, el jefe de Gobierno no creía que eso sucediera, un síntoma que lo muestra en dos dimensiones: como un crédulo asombroso y como alguien que todavía desconoce las costumbres de la política argentina. Tal vez en este último defecto termine anidando su principal virtud. Si, como creen algunos analistas, la crisis política que explotó en 2001 aún continúa deglutiendo popularidades, es necesario aparecer como un outsider. Los dos jugadores que apostaron a esa condición son los que mejor miden en las encuestas: Julio Cobos y luego, Mauricio Macri. El vicepresidente de la Nación surge como líder natural de una socialdemocracia sui géneris. Macri, volcado hacia una especie de democracia cristiana, confía en ser el hombre del peronismo no K. Si los datos que arrojan las encuestas fueran ciertos y continuaran demostrando los mismos resultados en los próximos años, en alguno de esos dos personajes podría estar tomando forma el próximo presidente. Es difícil imaginar cómo sería el país conducido por alguno de ellos. Algo sí está claro: ambos encajarían en ese “país normal” que hoy sólo existe en una mínima porción del inconsciente colectivo.

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Rodríguez Larreta pierde poder

La mayoría de los ministros macristas se le plantaron tres veces en los últimos veinte días al jefe de Gabinete de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta. Están molestos por la “falta de criterio” del funcionario a la hora de planificar recortes presupuestarios para 2009.

El clima está tan caliente que, hace diez días, Macri organizó uno de los habituales “retiros espirituales” de su equipo de gobierno, aunque esta vez en secreto y con la única razón de escuchar los planteos de la mayoría de sus ministros a Rodríguez Larreta, a quien acusaron de “hacer recortes como si fuera un almacenero, sin criterio de gestión y acaso haciendo los deberes del Grupo Sophia, cosa que puede estar muy bien en la teoría pero en la práctica es perjudicial para el gobierno y los vecinos”, según confirmaron a PERFIL tres de esos ministros.

“Larreta le está vendiendo a Mauricio números que no son”, confió uno de ellos, quien intérpreto la actitud del Jefe de Gobierno “como un gesto de ponerse al frente del problema y escuchándolos a todos”. Los más efusivos en sus desplantes fueron Chaín, Lemus, Narodovsky, Lombardi y Montenegro.

La interna en el gabinete podría tener repercusiones, incluso, en el armado electoral del año que viene. Rodríguez Larreta ha perdido posiciones en el staff y cuenta con una mínima inserción territorial, cuestiones que acercan cada día más la nominación de Gabriela Michetti –su principal adversaria puertas adentro del macrismo– para encabezar la lista en 2009.

“Horacio labura mucho, es cierto. Pero trabajar 24 horas no es sinónimo de laburar bien”, contó otro de los asistentes a aquel retiro.

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