Macri, De Narváez y Solá se mostraron juntos, pero apenas por veinte minutos

Macri, De Narváez y Solá se mostraron juntos, pero apenas por veinte minutos
Intentaron dar una imagen de unidad, tras los tironeos internos por el armado de las listas.
Macri, De Narváez y Solá ya habían caminado por los negocios de la 9 de Julio, no por la avenida más ancha del mundo sino por la calle más comercial de Lanús. Una camioneta, con la puerta abierta, los esperaba en una esquina para el regreso. Los tres saludaban con la mano. "¡Vamos que el 28 ganamos!", les gritaban. "¡Vamos que ganamos!", se entusiasmaba de Narváez. "Ganamos, ¿no?", apuraba Macri a un vecino, con gesto cómplice. "Sí, vamos a salir campeones". ¿Campeones?. "Sí, ¿te olvidaste que Lanús está primero? Vamos a dar la vuelta olímpica de nuevo".

El fútbol como excusa para hacer campaña. La escena, el espíritu de esa escena, ya había impregnado las caminatas de Macri en su derrotero hacia la Jefatura de Gobierno porteño. Ahora, aunque no es candidato, el líder de PRO utiliza esa especie de imán para tratar de seducir votantes en favor de sus socios bonaerenses.

En el equipo de campaña de De Narváez quedó la sensación de que el paso de los candidatos por Lanús fue una muestra de lo que vendrá. "Caminar, caminar, caminar", decían. Les faltó agregar: por el conurbano, de la mano de Macri, y con su pasado en Boca siempre dispuesto a ser recordado.

"Mauricio tiene el 67 por ciento de imagen positiva en el conurbano y eso es Boca. Todo Boca", confió uno de los asesores del primer candidato a diputado, tan feliz con su jefe con la excursión por Lanús. Alguien recordó una vieja frase de Eduardo Duhalde, que parece estar siempre a la sombra de los movimientos del frente anti-K: "Macri entra a los barrios pobre firmando autógrafos".

Fútbol, política y unión. Los tres asuntos se conjugaron en la caminata. Pero sólo los dos primeros puede decirse que se cumplieron a la perfección. El concepto de unión sigue pareciendo transitorio, por más empeño que pongan los protagonistas. Las heridas por los cierres de listas, las peleas por el cartel y el permanente cruce de opiniones por la estrategia de campaña no hacen más que ubicar a de Narváez de un lado y a Solá de otro. La foto de ayer no alcanzó a despejar dudas.

Por caso, si bien se observan gestos, no abundan los momentos de confraternidad ni siquiera cuando salen juntos a la calle. En Lanús, caminaban por la misma vereda, pero a varios metros de distancia (Solá a veces tomaba de la mano a su pareja, María Helena Cháves), y con estilos políticos que tampoco se parecen a la hora de relacionarse con la gente. "Felipe es capaz de discutir una hora con cualquiera que le plantee una discusión política", dicen a su lado. La caminata duró apenas 20 minutos.

"Nunca ha habido más unión que ahora", afirmó De Narváez, con el propósito de alejar fantasmas. "Han querido instalar la idea de que no hay unión entre nosotros, pero no es así. No venimos acá a dar testimonio de que estamos unidos porque no hace falta", insistió.

Solá prefirió eludir el tema, pero vaticinó un triunfo de Unión-PRO en las urnas. "Acuérdense de lo que les digo hoy, que faltan pocos días. Hay una enorme cantidad de indecisos y los indecisos no van a votar por Kirchner".

"¿Las encuestas dicen que están segundos?", preguntó un periodista. Macri contestó con una ironía dirigida a la Casa Rosada: "Las matemáticas de Kirchner son muy malas. No sé cómo suma. Los indicadores que manejan son siempre truchos, como los de la inflación". De Narváez y Solá acompañaron la frase con su mejor sonrisa.

Comentá la nota