Macri, Lorenzetti y Carrió, vértices de un triángulo feroz

Macri, Lorenzetti y Carrió, vértices de un triángulo feroz

La líder de la Coalición Cívica apura al jefe de la Corte, que a su vez niega roces con el Gobierno. El Presidente arbitra el conflicto y saca ganancia.

El martes, durante el almuerzo ofrecido a Mariano Rajoy, presidente del gobierno de España, Mauricio Macri hizo llamar a la cabecera de la mesa a Ricardo Lorenzetti. Lo saludó con pompa y circunstancia y se lo presentó al mandatario visitante. El titular de la Corte Suprema ya sabe que esos gestos son casi todo lo que Macri le va a dar en público, aunque en privado se ocupe de evitar que los ataques cíclicos que le lanza Elisa Carrió pasen jamás de la retórica a los hechos. Carrió no estuvo en el almuerzo con Rajoy. Eso le sirvió de consuelo adicional a Lorenzetti.

Un rato antes, cuando le preguntaron por la detención del ex presidente brasileño Lula da Silva por corrupción, Macri elogió la independencia de la Justicia de Brasil y dijo soñar con que a través del progreso de su programa de reformas “tengamos un sistema judicial más sólido y creíble”. También a esos azotes institucionales se resignó Lorenzetti.

El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti.(Reuters)

El juego de poder entre estos tres vértices de fuego parece bastante claro a esta altura, aunque los tres se empeñen cada tanto por enturbiarlo, embozando sus intenciones. Así es la política.

Carrió aprieta a Lorenzetti porque es su obsesión personal. Pero esa presión siempre y de algún modo es funcional a Macri.Cuando el Presidente recién iniciaba su gestión ella dijo que Lorenzetti preparaba un golpe institucional para derrumbar al nuevo gobierno y sentarse en la Casa Rosada. Tan insólito como incomprobable. Ahora lo acusa de proteger a la muy desprestigiada corporación judicial. No le avisa a Macri cuando lo va a sacudir a Lorenzetti. Pero tampoco deja de escuchar los consejos de Macri para que la sangre no termine de llegar al río.

Lorenzetti quisiera que Macri tenga a raya a Carrió. Ilusión imposible. El diálogo institucional con el Presidente y el Gobierno es bueno, pero Carrió funciona por fuera de esa estructura formal. Aparece, pega y sale. Es inasible. Lorenzetti dice que Carrió está cada vez más sola porque el Gobierno no la acompaña en sus ofensivas. No se sabe si está sola. Lo seguro es que no está callada. El objetivo último de Carrió es que Lorenzetti pierda la presidencia de la Corte. Este año completa su cuarto mandato: doce lindos añitos al hilo comandando el Tribunal. Lorenzetti dice que quiere dejar el cargo. Carrió no le cree. ¿Macri? A veces le cree, a veces no.

La diputada Elisa Carrió.

Arbitro final del conflicto, Macri aprendió pronto a sacarle ventaja a esa posición. Las andanadas de Carrió le sirven para tener a Lorenzetti dependiendo de su voluntad política: los pedidos de juicio contra el titular de la Corte sólo van a prosperar el día que Macri le dé luz verde a la tropa que Emilio Monzó dirige en el Congreso. Hasta ahora no sucedió: los misiles de Carrió caen en el agua, la comisión de Juicio Político ni mosquea con los pedidos contra Lorenzetti. Pero tampoco los cierra y manda al archivo, como quisiera el jefe de la Corte, que de algún modo vive sobresaltado. Ese es el juego de Macri.

Carrió aprieta a Lorenzetti porque es su obsesión personal. Pero esa presión siempre y de algún modo es funcional a Macri.

En la Corte aseguran que Carrió tiene problemas con ellos pero que ellos no tienen problemas con el Gobierno. Es una manera curiosa de ver las cosas, seguramente incompleta. Pero lo cierto es que ese mismo martes Lorenzetti recibió la visita de Germán Garavano. El ministro de Justicia es el contacto institucional y trabaja de eso a tiempo completo.

Esta vez la visita tuvo una coincidencia llamativa. Ese día circuló por los despachos de los cinco supremos el texto de la acordada que limitó los alcances del bloqueo al traslado de jueces ordinarios a la justicia federal que la misma Corte había decidido, sorpresivamente y en voto dividido (tres a dos), hace casi un mes.

El Gobierno lo sintió como un golpe al corazón de su plan de disolver en parte el poder de los federales de Comodoro Py. Macri le hizo saber enseguida su enojo a Lorenzetti. Después apareció, como de casualidad, el enojo renovado de Carrió. Terminó Garavano negociando este salvataje al plan judicial del Gobierno, como en su momento anticipó Clarín.

Ricardo Lorenzetti, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, y el ministro Germán Garavano. (Foto: Néstor García)

La decisión se conoció ayer: la Corte no le da carácter retroactivo a la prohibición de pasar jueces de un fuero al otro. Lo que ya está, así queda. De aquí en adelante el cambio de fuero requerirá un acuerdo extra del Senado. Así tienen juego Miguel Pichetto y los suyos, de excelente relación con Comodoro Py. De eso habían hablado Macri y Pichetto hace dos semanas.

El arreglo se hizo a gusto del Gobierno y todo el mundo contento. Es una expresión de ese juego salvaje entre Lorenzetti y Carrió en el que Macri arbitra y donde se queda con la ganancia política, o al menos achica las pérdidas.

El senador peronista Miguel Pichetto.

Pero no hay circunstancia que haga encoger el optimismo de Lorenzetti. Al volver de la ceremonia diplomática con Macri y Rajoy, contó en su oficina que la ministra Patricia Bullrich lo había felicitado por el funcionamiento de la oficina de escuchas.

Es la dependencia que Macri colocó bajo jurisdicción de la Corte Suprema para sacarla del control que Cristina Kirchner le había dado a la ex procuradora Alejandra Gils Carbó, para que la use como herramienta política.

La oficina de escuchas es denunciada por Carrió como unacentral de inteligencia paralela puesta al servicio de Lorenzetti. Pero al mismo tiempo está recibiendo una inyección de fondos bastante superior a los 10 millones de dólares este año. La provisión de recursos corre por cuenta de la Agencia Federal de Inteligencia que dirige el amigo presidencial Gustavo Arribas, otro que está en el ojo de varias tormentas.

La Corte recibió la oficina de escuchas como un regalo indeseado y molesto. Nunca la quiso. Y en los hechos no la tiene.

El motivo de la generosidad presupuestaria tiene que ver con los requerimientos de seguridad derivados de las múltiples reuniones del G-20, que culminará hacia fines de año con una inédita cumbre presidencial en el país. Sería de extrema gravedad que en este contexto se compruebe que desde esa oficina se hacen picardías o se cometen ilegalidades. Por ahora hay sólo denuncias en los medios.

La Corte recibió la oficina de escuchas como un regalo indeseado y molesto. Nunca la quiso. Y en los hechos no la tiene. Derivaron su control en dos camaristas de prestigio: el porteño Martín Irurzun, el más elogiado por Carrió por su integridad, y el comodorense Javier Leal de Ibarra, un cuadro histórico de la familia judicial. Los dos fueron puestos en esta función por un decreto de necesidad y urgencia de Macri. De alguna manera, todo el mundo tiene los dedos pegados.

Pasada esta oleada de fricciones, la educada tensión entre la Justicia y el Gobierno se mantiene intacta. Sin embargo, en oficinas de la Corte Suprema se niega que tales tensiones existan más allá de las efusiones mediáticas.

En el Gobierno aseguran que los jueces de Comodoro Py están bajo el paraguas protector de Lorenzetti, pero en la Corte retrucan que el Gobierno habla con más jueces que ellos si se suma la legión de enviados, cotilleros y amigotes que van y vienen con mensajes y gestiones. Y dicen que se cacarea mucho con la renovación judicial pero hasta ahora son muy pocos los jueces desplazados.

Es la nueva escena de una vieja obra: quizá con mejores propósitos, y seguro que con armas menos sucias y personajes menos patibularios que en tiempos kirchneristas, se replica el juego de presiones cruzadas para marcar qué camino debe seguir la Justicia.

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