Macri en el horno, apretado por la falta de fondos y los conflictos

Por: Julio Blanck

Hay un daño colateral, derivado del proyecto para eliminar la jubilación privada, que ni siquiera el mejor estratega del kirchnerismo pudo soñar: la mitad del financiamiento que necesita Mauricio Macri para las obras públicas de 2009 en la Capital iba a llegar desde las AFJP.

Eran alrededor de 700 millones de pesos, parte del bono con que la Ciudad proyectaba endeudarse para aumentar la inversión. Macri en persona había adelantado conversaciones con las administradoras ahora en vías de extinción. El drástico cambio en el sistema jubilatorio impulsado por el Gobierno lo deja a él también sin financiación, como a una gruesa porción del sector privado. Y lo obliga a replantear su plan de gestión para el año próximo. Esto supone también una necesaria reformulación del plan político de Macri, que en la intimidad ya venía hablando abiertamente de su candidatura presidencial para 2011.

La aspiración presidencial de Macri no bajará de escena. Pero la base sobre la que debía ser construida se modifica: está claro a esta altura que el macrismo no podrá "dar vuelta la Ciudad como un guante", según el sueño proclamado desde la campaña que lo llevó al Gobierno municipal.

"Todas las obras lanzadas y empezadas tienen financiamiento asegurado", dijo a Clarín una pieza clave del Gobierno porteño. Pero reconoció que "el problema está con lo nuevo que queríamos hacer".

Dicho de otro modo, el arreglo de baches y veredas se terminaría sin problemas, pero obras estructurales como la ampliación del subte "hoy parecen de ciencia ficción", según la admisión macrista.

Obras públicas demoradas o directamente postergadas sin fecha, van a sumarse así a otras penurias cotidianas del macrismo. Sobre todo el conflicto con los docentes, que la semana próxima llegará a los 12 días de huelga en menos de cuatro meses, con la consecuente irritación y molestia para los más de 300.000 alumnos de escuelas porteñas y sus familias.

Macri y sus funcionarios dicen que no tienen plata aunque han reconocido la legitimidad del reclamo de los maestros. Pero también denunciaron una y otra vez la intencionalidad política que empuja esas protestas. Las dos cosas son ciertas.

El piso salarial de los docentes porteños es hoy 15% inferior a los de sus colegas de la provincia de Buenos Aires. Y un maestro que trabaje a doble turno podrá arañar algo así como un salario promedio de todos los trabajadores en blanco. Es fácil entender el reclamo sindical.

Pero es también innegable que alrededor del conflicto docente está montada una operación de presión y desgaste sobre Macri y su gobierno, con el kirchnerismo y sus aliados como motores principales. Son las reglas de juego de la política, podrá decirse, y Macri tendrá que acostumbrarse a ellas si pretende disputar en serio el poder.

El jefe de Gobierno porteño ya experimentó, en estos meses, la dificultad de enfrentarse con gremios como los de municipales y colectiveros. En cada caso, Macri avanzó, confrontó, negoció y terminó cediendo en parte, aunque cree que cada pulseada lo dejó más adelante de donde había arrancado.

Con los maestros las cosas se le ponen más difíciles de lo esperado. El ministro del área, Mariano Narodowski, intentó sin éxito, en las últimas horas, abrir una negociación con los gremios para levantar el paro de dos días de la semana próxima. Una propuesta posible es acordar una suma fija ahora y negociar el aumento salarial para el año próximo. Pero hay demasiado abismo político para que los números, que no están lejos, alcancen a suturar el conflicto.

El paradójico proyecto opositor aprobado ayer en la Legislatura (ver página 32), que le dio a Macri el superpoder de reasignar dinero del Presupuesto para pagarles a los docentes, suena irreal para las autoridades porteñas. "'A quién le sacamos plata? 'Suspendemos el bacheo? Los vecinos nos matan si hacemos eso", se lamentaban ayer..

El clima de incertidumbre y las dificultades enormes para obtener financiamiento externo, derivadas de la crisis financiera global, también pegan en el corazón del proyecto macrista. A eso hay que sumar las consecuencias de la eliminación de las AFJP.

Adictos a las encuestas, los macristas muestran un trabajo recién procesado, en el cual el 45% de los consultados atribuye al gobierno de Cristina Kirchner las dificultades que enfrenta la gestión de Macri.

Pero hay encuestas independientes que no favorecen demasiado al jefe de Gobierno porteño. Una, conocida esta semana, muestra un 48,5% de desaprobación a su gestión, contra un 39,3% de aceptación. Aunque un 45,8% dice que esta gestión es mejor que las anteriores en la Ciudad. Y si hoy hubiese elecciones otra vez en el distrito, el sondeo revela que Macri volvería a ganar fácil.

"En estos días hay un cambio de clima muy fuerte, desfavorable al Gobierno. Parece que la gente les va a echar la culpa de todo lo malo que pueda pasar", dijo uno de los hombres que primero recibió los resultados del sondeo propio.

Otras visiones en la cúpula del macrismo, son menos optimistas. "Estamos en el horno. Llegamos creyendo que nos llevábamos el mundo por delante y ahora tenemos que gobernar en medio de una crisis. Hay que hacer el duelo y repensar todo", dijo una de las cuatro personas con las que Macri toma sus decisiones.

Para volver a pensar, Macri hará un "retiro espiritual" con su equipo íntimo. Tan cambiante es el escenario que esa reunión, prevista para hoy, se demoró hasta el lunes. "Vamos a ver si se despeja un poco el panorama", se ilusionó uno de los convocados.

Pero en política, de ilusiones no se vive.

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